«El único consuelo que encuentro en este infierno es saber que Dios es testigo de mi inocencia»

Martínez Sanz (derecha) durante los días del juicio/EL CORREO
Martínez Sanz (derecha) durante los días del juicio / EL CORREO

El exprofesor logroñés condenado por abusos sexuales en un colegio vizcaíno sigue defendiendo su inocencia | «Comprendo que resulte difícil creerme después de una resolución judicial condenatoria, pero la pura verdad es que jamás he abusado sexualmente de nadie»

LA RIOJALogroño

José María Martínez Sanz, el exprofesor riojano del colegio vizcaíno Gaztelueta, de la obra corporativa del Opus Dei, condenado por la Audiencia de Bizkaia a 11 años de prisión como autor de un delito continuado de abuso sexual a uno de sus alumnos, ha reiterado que es «completamente inocente» y que la acusación del menor es falsa.

En una carta, recogida por Efe, el exprofesor afirma que ha callado hasta ahora por consejo de su abogado y porque confiaba en la celebración del juicio para esclarecer lo sucedido.

«Comprendo que resulte difícil creerme después de una resolución judicial condenatoria, pero la pura verdad es que jamás he abusado sexualmente de nadie», señala antes de recordar que en sus 15 años ejerciendo de monitor y de profesor no tuvo «nunca una queja».

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El condenado por la Audiencia vizcaína asegura que los seis años pasados desde que fue denunciado ha vivido «angustiado» por temer que unas «acusaciones falsas» hicieran dudar a sus seres cercanos sobre su inocencia.

«He sufrido lo inimaginable por todas las falsedades publicadas en los medios y en el juicio escuché a muchas personas a las que no conocía dando por cierta mi culpabilidad, sin presentar ninguna prueba, más allá de la credibilidad que daban al testimonio del chico», relata.

El exprofesor del Opus Dei lamenta que ha sido «juzgado decenas de veces desde hace más de seis años en la opinión pública y sin ningún tipo de garantías. Han roto mi vida profesional y personal y mi familia ha sufrido muchísimo, me aterra lo que a alguno (de los miembros de su familia) le puede llegar a afectar. No solo sufre el que sale gritando en los medios».

«El único consuelo que encuentro en este infierno -ha añadido- es saber que Dios es testigo de mi inocencia».

«No puedo pedir perdón por algo que no ha tenido lugar, pero sí soy capaz de perdonar a quienes con tanta saña y crueldad han destrozado mi vida y la de mi familia», concluye el exprofesor de Gaztelueta.

 

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