Semana de exámenes en el transporte escolar

Los agentes de la Guardia Civil de Tráfico inician el control del transporte escolar a la llegada de los autobuses al instituto Tomás y Valiente en Fuenmayor. / Sonia Tercero

Tráfico lleva a cabo una campaña de control de los autobuses que dan servicio a los centros educativos | En el último lustro, en La Rioja se inspeccionaron un total de 421 vehículos, de los que 74 infringieron la normativa por lo que se impusieron 151 denuncias

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

A las puertas del IES Tomás y Valiente de Fuenmayor, el despliegue de patrullas de la Guardia Civil de Tráfico sorprendía este jueves a algún docente despistado. «¿Se puede pasar?», preguntó antes de cruzar la verja. Profesores y alumnos pudieron continuar con la rutina de una jornada más, sin embargo a los chóferes de los cinco autobuses que acercaron a los estudiantes al instituto y a sus vehículos les tocó pasar examen.

La Jefatura Provincial de Tráfico en La Rioja está desarrollando durante esta semana una campaña de control del transporte escolar a la entrada de los centros educativos de la región. Tráfico suele llevar a cabo cada ejercicio una o dos campañas de este tipo para vigilar que los autocares que prestan el servicio de transporte escolar cumplen con los requisitos exigidos. El foco se pone en estos autobuses y en sus conductores, por cuanto trasladan a unos pasajeros especialmente vulnerables (niños y jóvenes) y porque estos vehículos acostumbran a circular por carreteras convencionales, las que registran mayores índices de siniestralidad.

A la Guardia Civil de Tráfico y a las Policías Locales les compete esta tarea. Su labor inspectora se centra en revisar las autorizaciones administrativas para transporte escolar y en comprobar las condiciones técnicas y los elementos de seguridad de los autocares. «Además realizamos controles rutinarios de alcohol a los conductores y, en algunos casos, también de drogas», puntualizaba ayer uno de los agentes del Instituto Armado desplegado en Fuenmayor.

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En los últimos cinco años (entre el 2014 y el 2018), la Jefatura Provincial de Tráfico ha controlado a través de esta campaña un total de 421 vehículos. De ellos, 74 incurrieron en alguna infracción, lo que dio lugar a 151 denuncias.

El ejercicio que se saldó con más denuncias fue el del 2016; ya que de 122 vehículos inspeccionados 32 presentaron irregularidades, lo que originó 54 denuncias. En el 2018 se supervisaron 62 vehículos, 11 no cumplían con lo estipulado y acabaron con 20 denuncias.

¿Cómo es la inspección?

Los agentes se suben a los autobuses escolares y se fijan en que el espacio del conductor vaya separado de los asientos de los pasajeros mediante una pantalla; que el suelo no resulte resbaladizo; haya martillos rompecristales, extintores en regla y botiquín o que esté señalizada la salida de emergencia.

También le piden al chófer los papeles del vehículo. Esto es, el seguro específico de viajeros, la autorización para transporte escolar y la tarjeta ITV conforme a esta actividad. «En La Rioja no solemos registrar infracciones graves», aseguraron los miembros de la Guardia Civil al término del control en el instituto de Fuenmayor.

Sonia Tercero

¿A qué se deben las denuncia?

Normalmente, las denuncias se corresponden con la falta de la autorización especial para el transporte escolar (se ha registrado 29 veces en el periodo 2014-2018), del seguro de responsabilidad civil ilimitada (20 infracciones en el mismo intervalo) y la ausencia de señalización en las puertas de servicio y emergencias (15).

En el último lustro, Tráfico abrió una denuncia por alcoholemia, cinco por incumplimientos relacionados con el permiso de conducción y otras cinco por un exceso de tiempo al volante. No se han advertido casos positivos de drogas o de velocidad excesiva.

Impecables

«El chófer y el vehículo tienen que ir impecables», asume Francisco José Huerta, conductor de transporte escolar desde hace tres décadas. En su caso, el autobús de Riojacar que maneja dice que incorpora «la última tecnología» para hacer más seguro el viaje de los alumnos: un alcoholímetro que obliga a soplar antes de reanudar la marcha tras más de 10 minutos parado y un tacógrafo. En Fuenmayor todos pasaron el examen y se llevaron el justificante de que habían superado esta prueba.