Las rarezas de la DANA del norte que inundó el sureste de España

Riada causada por las precipitaciones de la DANA, el pasado jueves en la localidad valenciana de Ontinyent./EFE
Riada causada por las precipitaciones de la DANA, el pasado jueves en la localidad valenciana de Ontinyent. / EFE

La última gota fría, que no es la primera originada en el entorno de las islas Británicas, tuvo un desplazamiento «poco» habitual afectando el fin de semana a las regiones del interior

J. Luis Alvarez
J. LUIS ALVAREZMadrid

La última DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) que ha causado importantes inundaciones en el sureste de España se formó en el entorno de las islas Británicas, cruzó la Península dejando fuertes lluvias en la cornisa Cantábrica y encontró su «combustible» para potenciarse en el aire muy húmedo al Mediterráneo. Esta no es la primera gota fría formada en el Atlántico. En 1983 otra DANA similar fue la culpable de las precipitaciones de más 600 litros por metro cuadrado que inundaron el País Vasco y Cantabria. No es la mayor: los registros de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) recogen Danas mayores como las ocurridas en los años 1957, 1982 –causante de la tragedia de Tous- o 1987, fenómenos que llegaron acumular entre 700 y 800 litros por metro cuadrado.

Según explica Rubén del Campo, portavoz de la Aemet, una DANA se produce cuando la corriente que forman los vientos de las capas altas de la atmósfera -que hacen de frontera entre las masas de aire más frías al norte o polares y las más cálidas o tropicales del sur- sufre una ondulación en la que «queda aislada una bolsa bastante grande de aire frío, lo que no deja de ser una borrasca en altura, que inestabiliza el tiempo, tanto por ese aire frío que contiene como por las circulación que genera a su alrededor».

En el caso de esta última DANA, Del Campo detalla que tuvo una trayectoria «un poco curiosa, lo que no significa que sea extraordinaria, pero que no es lo más habitual». El embolsamiento de aire frío «se formó en el entorno de las islas Británicas y desde ahí bajó de latitud hacia el sureste, situándose entre Argelia y las islas Baleares». De esta manera, en su viaje ya comenzó a causar problemas. «Afectó a las comunidades del Cantábrico y dejó precipitaciones importantes el martes, día 10, con desbordamientos de ríos. Después, al llegar al Mediterráneo estuvo varios días provocando la formación de tormentas intensas y de lluvias torrenciales».

Y fue allí, el Mediterráneo, donde la DANA encontró su «combustible» al encontrarse con el flujo de aire muy húmedo procedente de la evaporación del agua mar, cuyas temperaturas son en esta época altas. Sin embargo, aquí también ocurrió algo «que no es habitual y es que estuvo dos o tres días en el mismo sitio», detalla el portavoz del organismo oficial.

Por lo general, estas bolsas de aire frío son readsorbidas por la circulación de la atmósfera hacia el este del Mediterráneo. «En este caso, tuvo un movimiento retrógrado –en contradirección, hacia el oeste-. Se desplazó hacia el Estrecho y comenzó a subir por la Península hacia el noroeste. La tarde del sábado tenía situado su centro en el norte de Extremadura y con ello afectó a las regiones de las dos mesetas con intensas lluvias durante el fin de semana», añade Del Campo.

Ya no solo ocurren en otoño

El portavoz de la Aemet también detalla que una DANA no siempre es un sinónimo de lluvias torrenciales. «A veces no deja precipitación o solo algunas tormentas pasajeras. En este último caso influyó para que dejara tanta lluvia tanto su lento movimiento, como el flujo de viento intenso y muy húmedo procedente del Mediterráneo». Pero es que este experto añade que estas depresiones «más generar las lluvias, propician un ambiente favorable a que éstas se produzcan». De esta manera, según Del Campo, si una DANA se situase cerca de las islas Azores, al oeste de Portugal sobre el Atlántico, en lugar de fuertes precipitaciones «ayudaría a que llegue viento del sur a la península, lo que generaría temperaturas altas».

Rubén del Campo detalla que los episodios de gota fría, habituales hasta ahora a principios o mediados del otoño, «se están desestacionalizando». Aquí recuerda las Danas más recientes, como la del pasado mes de agosto que, también causó inundaciones en la localidad madrileña de Arganda del Rey, o la ocurrida durante la pasada Semana Santa que dejó abundantes precipitaciones en las regiones del Mediterráneo, «lo que fue extraordinario dado que las cantidades de lluvia que cayeron en fueron similares a las una gota fría del otoño».

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