DESLUMBRANTE REPRESENTACIÓN

Feliz regreso de este popular título pucciniano que es, de lejos, la ópera más representada en nuestros escenarios

EDUARDO AÍSA

Feliz regreso de este popular título pucciniano que es, de lejos, la ópera más representada en nuestros escenarios desde que tengo memoria. Creo que es la octava o novena Butterfly que nos visita y, si en el pasado hemos disfrutado generalmente de un buen nivel vocal aunque irregular, es en esta ocasión cuando podemos hablar de verdadera excelencia en las prestaciones de esta aguerrida compañía lírica Opera 2001, resultando una representación redonda y modélica.

La soprano japonesa Hiroko Morita ya nos visitó hace unos años en este fascinante rol y de nuevo volvió a maravillarnos con una sólida interpretación de esta conmovedora heroína que va evolucionando desde el sencillo candor casi infantil del primer encuentro amoroso del acto inicial, a la inquebrantable fidelidad y fe que muestra impertérrita en el bellísimo segundo acto con esa inmortal aria 'Un bel dì vedremo', hasta el tremendo trance final que siempre nos encoge el corazón. Vocalmente supo también transformar su canto de forma magistral desde el sedoso lirismo del primer acto hasta ir alcanzando los acentos heroicos y dramáticos de la segunda parte con plenitud vocal y absoluta presencia escénica. Aprecié algunas imprecisiones de emisión en su salida en frío, pero enseguida se disiparon y terminó redondeando una Butterfly de muchos quilates.

Madama Butterfly

Solistas,
Coros de Hirosaki y Orquesta Sinfónica Ópera 2001
Dirección musical:
Martin Mázik
Dirección escénica:
Roberta Matelli
Dirección artística:
Luis Miguel Lainz
Lugar y fecha:
Teatro Bretón, domingo 24 de febrero de 2019

No le fue a la zaga el Pinkerton del tenor murciano Eduardo Sandoval, algo encorsetado en su parte teatral pero esplendoroso en su canto brillante y entregado. Así como hemos visto muy buenas Cio-Cio-San en Logroño, raramente habíamos disfrutado de buenos Pinkerton, así que fue un disfrute total ese maravilloso dúo de amor que cierra el primer acto con dos voces tan hermosas. Sorprendió la mezzosoprano china Jiujie Jin en la fiel Suzuki con una voz sonora y oscura pero cálida en la parte central y bella en los agudos, además de buena cantante. Estuvo excelsa en el famoso dúo de las flores con Butterfly y en el terceto que presagia el terrible final. También el barítono valenciano Manuel Mas dejó constancia de su buen hacer lírico, con voz bien timbrada y adecuada presencia escénica. No es un papel complicado pero tiene bastante presencia a lo largo de la ópera, así que resulta imprescindible para conseguir una función redonda como fue esta.

Muy bien cubiertos los papeles comprimarios: un correcto casamentero Goro a cargo del tenor Georgi Devedjiev bien cantado y sin cargar las tintas grotescas del personaje, un sonoro Tio Bonzo en la voz del bajo Carlos London de iracunda presencia, un fino rico Yamadori en la bella voz del barítono Nikolay Bachev y bella también la soprano Stanimira Manolova en el pequeño papel de Kate. Mención especial a la aportación logroñesa a esta espléndida función: la niña Helen Maria Hadorn que, disfrazada del pequeño hijo de Butterfly y sin ensayos prácticamente, supo moverse con naturalidad en las dramáticas escenas que requerían su presencia. ¡Una hermosa experiencia para ella!