¿A quién votan las mujeres el año del 8M, el #MeToo y 'La Manada'?

Manifestación en Madrid el 8M. /
Manifestación en Madrid el 8M.

El PSOE se sigue nutriendo del voto de las electoras, mayor que el de sus votantes masculinos; Podemos es la opción de las más jóvenes, con estudios universitarios y de clase alta

Rosario González
ROSARIO GONZÁLEZMadrid

El año 2018 está marcado por la presencia de la mujer en la vida pública. La movilización feminista del pasado 8 de marzo lanzó un rotundo mensaje y llevó la desigualdad entre hombres y mujeres al primer plano de la agenda social y política. La multitudinaria protesta del 8M logró, sobre todo, el consenso ciudadano para legitimar la reivindicación, favoreciendo que en los últimos meses se hayan sucedido movilizaciones, discursos e iniciativas en las que la mujer ocupa más que nunca el espacio público, que sirve de escaparate y altavoz para la denuncia y la reivindicación.

Los partidos políticos han tomado nota, elaborando estrategias en clave electoral para atraer, aumentar o afianzar el voto femenino, que se perfila como un factor clave de la contienda política. No es una cuestión baladí, aunque solo sea por pura matemática: casi 18 millones de electores son mujeres, un millón más que de hombres, según los datos del INE.

El primero en evidenciar su importancia estratégica ha sido Pedro Sánchez, al presentar el pasado 6 de junio el Gobierno con más mujeres de la democracia: once mujeres frente a seis hombres. No solo les otorgó mayor presencia numérica, sino que situó a las ministras en carteras clave como Economía, Hacienda o Justicia; y también como su número dos, con Carmen Calvo como vicrepresidenta única y al frente del Ministerio de Igualdad. Tras los nombramientos, Sánchez hizo referencia expresa al 8M, asegurando que «España cambió el 8 de marzo» y que su gabinete era «un fiel reflejo de ese movimiento».

Rentabilizaba así el apoyo manifiesto de su partido a las movilizaciones feministas del 8M, alimentando la ventaja con la que ya de por sí parte el PSOE entre el electorado femenino, esfera en la que se sitúa como primera fuerza política con un 16,8%, según refleja el barómetro del CIS de abril de este año. Por franja de edad, el perfil de las votantes del PSOE se sitúa entre los 45 y los 65 años. Son también la primera fuerza entre las votantes con un nivel de estudios de primaria o secundaria, las residentes en municipios de entre 2.000 y 50.000 habitantes, las de clase obrera y las mujeres en situación de desempleo o empleadas domésticas.

Foto de familia del Gobierno de Pedro Sánchez.
Foto de familia del Gobierno de Pedro Sánchez. / Chema Moya (Efe)

Podemos, léxico y orgánico

El otro partido que apoyó sin fisuras el movimiento del 8M fue Unidos Podemos. Según los datos del CIS, la formación liderada por Pablo Iglesias es la cuarta opción del electorado femenino, superada en intención de voto y simpatía por PP, Ciudadanos y PSOE, que encabeza el ranking. Eso en cuanto a datos generales, pero el barómetro del CIS permite también esbozar un perfil de sus votantes: Podemos lidera la intención de voto femenino entre las más jóvenes (hasta los 35 años); las mujeres con formación universitaria; las residentes en ciudades de entre 400.000 y un millón de habitantes; las profesionales en puestos técnicos y cuadros medios; y las mujeres de clase alta. Aunque quizá la clave electoral es su liderazgo indiscutible entre las mujeres que se autodefinen como feministas: son la primera opción para el 41,1%, seguidos a muy larga distancia por PP y PSOE (8,9%) y más lejos aún por Ciudadanos (6,7%).

Precisamente, la estrategia de la formación morada pasa por otorgar una mayor visibilidad a sus diputadas, una demanda que no solo se escucha en la calle, sino también entre las propias mujeres del partido, que después de las elecciones generales de 2016 pidieron hacer autocrítica, «feminizar» el partido y apostar por una mayor presencia femenina en los puestos más relevantes y las portavocías. La formación recogió la demanda y, ya en 2018, se congratulaba de tener la dirección de partido con mayor número de mujeres, en concreto 8 de sus 15 miembros (53%); y también a una portavoz en el Congreso, Irene Montero.

Diferente acogida tuvo el guiño feminista de Pablo Iglesias para la marca electoral con la que concurrirán de forma conjunta Podemos, Izquierda Unida Y Equo en 2019. Según el acuerdo alcanzado, la denominación de la coalición será 'Unidas Podemos-Izquierda Unida-Equo', mientras que a las europeas acudirán como 'Unidas Podemos cambiar Europa'.

La iniciativa fue aplaudida, pero también criticada por quienes creen que, más allá de una concesión léxica, el gran gesto consistiría en apostar por una mujer para liderar el partido y como candidata a la Presidencia del Gobierno. Es la misma crítica que recibieron Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Ramón Espinar cuando, apenas dos semanas antes, los tres hombres escenificaban su reconciliación posando ante un cartel que rezaba 'Nosotras', lema de una candidatura sin ninguna mujer encabezándola.

Íñigo Errejón, Pablo Iglesias y Ramón Espinar, tras el pacto para las primarias en Madrid.
Íñigo Errejón, Pablo Iglesias y Ramón Espinar, tras el pacto para las primarias en Madrid. / Nicolás Rodríguez (Efe)

Dos mujeres por la dirección del PP

También han entendido el mensaje en el Partido Popular, donde por primera vez dos mujeres encabezan -junto a Pablo Casado- la campaña para elegir al sucesor de Rajoy. En la presentación de sus candidaturas, tanto María Dolores de Cospedal como Soraya Sáenz de Santamaría destacaron el hecho de que son mujeres y que, por tanto, de ganar esta contienda podrían convertirse en las primeras aspirantes a presidir un Gobierno de España.

El PP, como Ciudadanos, se desentendió de la manifestación del 8M, pero la estrategia 'popular' pasa por enmendar ese error de cálculo. El primer paso fue impulsar las políticas de igualdad, incluyendo en los Presupuestos de 2018 (diseñados por el PP y aprobados luego por el PSOE tras asumir el Gobierno gracias a la moción de censura) partidas para favorecer la conciliación y la corresponsabilidad, como la ampliación del permiso de paternidad.

Con los últimos datos en la mano, el Partido Popular es la tercera fuerza en intención de voto y simpatía para las mujeres, sobre todo entre las mayores de 65 años, su electorado más fiel. Los populares son también la opción preferida para las mujeres sin estudios reglados; las residentes en núcleos rurales de menos de 2.000 habitantes; las que cuyo estatus socioeconómico se corresponde con las viejas clases medias y las jubiladas.

Soarya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, el pasado mes de mayo.
Soarya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, el pasado mes de mayo. / Chema Moya (Efe)

Ciudadanos: empresarias y urbanitas

Ciudadanos ha logrado consolidarse como la segunda formación en intención de voto y simpatía para las mujeres. El perfil de sus electoras dibuja una mujer de entre 35 y 45 años, con formación en secundaria de segundo grado o Formación Profesional, que vive en las grandes urbes (más de un millón de habitantes), pequeña empresaria o estudiante y perteneciente a la nueva clase media. De los cuatro grandes partidos, son la formación menos apoyada por quienes se autodefinen como feministas.

Los datos del CIS contrastan con la encuesta de Metroscopia para El País del pasado 30 de abril, que indicaba una «masculinización» de la intención de voto para la formación naranja y un acusado descenso entre las votantes justo después de la manifestación del 8M, que Ciudadanos no apoyó como partido, aunque sí acudieron de forma particular miembros como la responsable de Mujer, Patricia Reyes, o la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís, esta última después de lamentar que «una gran mayoría de mujeres no se sintiera representada» en el manifiesto de los colectivos feministas. Inés Arrimadas, la mujer con más poder en el partido naranja, secundó las críticas de Albert Rivera, que rechazaba apoyar una huelga que consideraban fundamentalmente «anticapitalista».

El apoyo multitudinario del 8M tuvo el efecto de disipar las reticencias del líder de Ciudadanos, que definió después la huelga como «un éxito de toda la sociedad española» y destacó que, aunque él no, su partido sí había acudido a la marcha.

Tras el mensaje de la calle, Rivera ha fiado su estrategia, según sus propias palabras, a escuchar las «reivindicaciones legítimas» de las mujeres y traducirlas en «políticas reales», proponiendo medidas de conciliación como el aumento de la baja por paternidad que incluían los Presupuestos pactados con el PP; o las ayudas fiscales a las familias con bajos ingresos para que ocupen una plaza de escuela infantil de cero a tres años.

Es sin embargo su propuesta estrella, la ley sobre la gestación subrogada, la que se ha convertido en su talón de Aquiles con los colectivos feministas, que se han mostrado en contra de legalizar en España los «vientres de alquiler».

Inés Arrimadas y Albert Rivera.
Inés Arrimadas y Albert Rivera. / Quique González (Efe)

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