El president defenderá las libertades hasta las «últimas consecuencias»

Quim Torra interviene en el acto de la candidatura de JxCat a la alcaldía de Barcelona celebrado este jueves en la capital catalana. /Quique García (Efe)
Quim Torra interviene en el acto de la candidatura de JxCat a la alcaldía de Barcelona celebrado este jueves en la capital catalana. / Quique García (Efe)

«Desde el 1-O no hay marcha atrás» en el camino hacia la independencia, afirma Torra tras la resolución de la Junta Electoral

CRISTIAN REINOBarcelona

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, advirtió este jueves, pocas horas después de conocer la resolución de la Junta Electoral Central, de que defenderá la libertad de expresión, el derecho de manifestación y el de autodeterminación hasta las «últimas consecuencias». Torra reivindicó la determinación con la que el secesionismo actuó a su juicio durante el referéndum del 1-O y aseguró que desde entonces «no hay marcha atrás» en el camino hacia la República catalana.

De esta forma respondió al órgano de arbitraje electoral, que decidió este jueves llevarle a la Fiscalía y pidió la intervención de los Mossos para retirar la simbología soberanista de las fachadas de la Generalitat. Lo hizo en un acto de campaña de JxCat, donde se exhibió el lazo blanco, con la franja roja que cuelga de la fachada del Palau de la Generalitat, casi como el nuevo símbolo de la lucha secesionista contra el Estado español. Torra no solo no retiró la pancarta con el lazo amarillo como le pidió la Junta Electoral.

En un nuevo quiebro, que algunos en el secesionismo vieron como astuto, colocó por encima una nueva pancarta con el mismo lema y un lazo blanco cruzado por una franja roja. También colocó un cartel en defensa de la libertad de expresión. A su juicio, colgar pancartas reivindicativas en periodo electoral en edificios públicos es libertad de expresión. Ayer, habló de que vivimos una «ignominia». No se refirió en ningún momento de manera directa a la decisión de la Junta Electoral, pero se daba por entendido. Y al hablar en términos de defender la libertad de expresión hasta sus últimas consecuencias, ya estaba avisando de que no cederá en la polémica de los lazos. Bien distinta será la posición de los Mossos en cuanto reciban la orden de retirar carteles y lazos.

A falta de una hoja de ruta creíble para hacer efectiva la república -el objetivo que fijó para la legislatura-, Quim Torra insiste en la política de gestos, a pesar de que por primera vez corra el riesgo de ser imputado por la vía penal con la posible consecuencia de una inhabilitación por desobediencia que le descabalgaría del cargo. Desde su toma de posesión, con la retórica republicana ha tratado de amagar la realidad autonómica.

Pero Torra ha quedado retratado con la polémica de los lazos. Se puso en manos del Síndic de Greuges -el defensor del pueblo en Cataluña- y cuando el Defensor del Pueblo catalán reveló que el president ya conocía desde la semana pasada su opinión, que le instaba a retirar los lazos amarillos, ha intentado maniobrar con una huida hacia adelante para no ser acusado de esconderse tras el síndic.

Calentar las elecciones

Para el secesionismo, la polémica de los lazos va más allá de la política de gestos. Lo entiende como una batalla por la soberanía. Torra ha tratado de esconder la inacción de su ejecutivo, que sigue al ralentí a la espera de la sentencia del juicio. El presidente de la Generalitat ha recalentado la polémica, para volver a explotar la baza del victimismo y situar a JxCat, que no sale bien parada en las encuestas, en el centro del debate un mes antes de las elecciones.

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