Emotivo encuentro

Emotivo encuentro
Sonia Tercero / Justo Rodríguez

Miles de ciudadanos participaron con emoción en dos de los actos más conmovedores y populares de la Semana Santa de la capital riojana

María José González
MARÍA JOSÉ GONZÁLEZLogroño

Los logroñeses volvieron ayer a cumplir ayer con una de sus tradiciones más queridas en Semana Santa: la limpieza del Cristo del Santo Sepulcro. El silencio era absoluto a las doce horas en la capilla de los Ángeles de la concatedral de La Redonda, cuando se procedió a la apertura de la urna, bajo la atenta mirada de la Virgen de los Dolores. Una a una fueron retiradas las alcayatas de la cubierta de cristal y la imagen fue extraída de su ataúd por varios cofrades, tres de los cuales la trasladaron hasta un catafalco dispuesto ante el altar, desde el que el obispo Carlos Escribano exhortó a los congregados a «acompañar estos días al Dios que ama sin excluir a nadie» y a ser «hombres y mujeres nuevos en su resurrección».

A continuación, cuatro camareras –entre ellas Teresa, quien por primera vez participaba «muy emocionada»–, procedieron a la limpieza del yacente y una quinta cubrió sus pies con un tul. Al fondo, retirados en un segundo plano, dos cofrades se fundían en un intenso abrazo. A partir de ahí comenzó la veneración de la talla, donada en 1694 por Gabriel de Unsáin, «la única oportunidad que hay para hacerlo a lo largo del año», recordaba el hermano mayor de la cofradía del Santo Sepulcro, Gerardo León. Al término del acto, la imagen volvió a ser colocada en su sepulcro para procesionar mañana, Viernes Santo.

Alejandro y Blanca, hermanos y jóvenes miembros de la cofradía del Santo Sepulcro, observaron todo con los ojos abiertos como platos. Era la primera vez que presenciaban este acto, «aunque ya les habíamos pasado a ellos y a mi otro hijo de bebés por el Cristo», explicaba su madre María José. Como ayer fueron ofrecidas las gemelas Noa y Elsa por su padre Julio, también cofrade, para quien la limpieza del Santo Sepulcro es «un acto único porque te da la oportunidad de estar muy cerca de Cristo». Igual de estremecido se encontraba Carlos, quien participa en esta solemne ceremonia «desde que tenía seis o siete años». «Entonces no era un acto público, sólo veníamos los cofrades, pero poco a poco la gente empezó a acudir y así es como comenzó esta tradición que, para mí –confesaba–, es más importante que el propio Viernes Santo, porque hoy lo toco, lo tengo en mis manos, lo beso».

Ya por la noche, y a pesar del fuerte viento que sopló durante toda la jornada, tuvo lugar otra conmovedora escena de la Semana Santa logroñesa: el Encuentro entre el Nazareno y La Dolorosa. Una procesión multitudinaria como las que también tuvieron lugar en Calahorra, Haro y Arnedo.

Alta tensión en la procesión

Durante la procesión del Encuentro, un cofrade ha tenido que subirse al paso para retirar un cable de alta tensión que alcanzaba al Nazareno. Con la ayuda de uno de los bastones, se ha podido retirar y la procesión ha podido continuar la marcha sin problemas.

La Semana Santa en Logroño, día a día