«Mi marido cambió y adoctrinaba a nuestro hijo de 9 años con vídeos de decapitaciones»

La escritora narra su infierno personal cuando, tras veinte años de feliz matrimonio con Nabil Benazzou, éste se radicalizó hasta ser encarcelado

R. G. L.LOGROÑO

En la jornada del jueves del IV Curso de Verano de la Universidad de La Rioja sobre Inteligencia y Seguridad intervino Raquel Alonso, autora del libro 'Casada con su enemigo', para narrar su infierno personal cuando, tras veinte años de feliz matrimonio con Nabil Benazzou, éste se radicalizó hasta ser encarcelado, en junio del 2014 como miembro de la autodenominada Brigada Al Andalus, desarticulada en el marco dela 'Operación Gala'.

Su testimonio, demoledor, puso un nudo en la garganta al auditorio que llenaba el aula magna del Edificio Quintiliano.

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Ésta es una parte de su relato de ayer: «Después de 20 años de matrimonio y dos hijos, mi marido, una persona normal de origen marroquí a la que conocí en un lugar de copas, con el que iba a la playa y bebía cerveza, tras el fallecimiento de su padre, fue captado por una célula yihadista. Empezó a cambiar y a llevar a casa un adoctrinamiento religioso impresionante, retiró todas las fotos e imágenes y cambió todos los hábitos del hogar: no podíamos ver la tele ni escuchar música. Se dejó barba y empezó a usar chilaba, pero pese a todo eso, lo que más me preocupó fue que de la radicalización religiosa pasó al adoctrinamiento, en especial con nuestro hijo mayor, que entonces tenía 9 años. Empecé a ver cosas muy raras, como un día que la niña, que tenía 5 años, me dijo: 'Papá me ha llevado al cementerio a ver dónde estaban todos los infieles, que son los que van a ir al infierno'. Otro día, llegué de comprar el pan y me encontré a mi hijo con una cara terrible. Al preguntarle, me confesó: 'Papá me ha enseñado unos vídeos de cómo se mata a los infieles', eran grabaciones de decapitaciones del Isis.

Ahí me empecé a asustar, a tener miedo. Tras consultar con un abogado renuncié a plantear una separación para evitar que impusieran visitas o fines de semana en el que los niños tuviesen que estar solos con él. Entonces decidí dejar de trabajar y fingí una conversión al Islam para que el adoctrinamiento se desviase hacia mí en vez de a mis hijos. Mantuve esa estrategia hasta que el día 16 de junio fue detenido.

Con el tiempo, cuando pude acceder al sumario del caso, me enteré del 95% de las cosas que todavía ignoraba: que se quería llevar a mi hijo, de todos los vídeos que vio y de todo lo que pasó. Acabé testificando en contra de la célula y ahí empezó mi segunda condena: acoso y amenazas e incluso un día sufrí una agresión en la que, tras taparme los ojos, me dijeron: 'Deja en paz a nuestros hermanos, cállate'.

Como vi que mis hijos no tiraban para adelante, a los adultos nos cuesta menos, decidí escribir el libro con el deseo de ayudar a otros niños que no han tenido oportunidad de elegir y que no logran salir adelante. El acoso y las amenazas son continuos pero yo no me voy a callar, basta ya de tener miedo, a esta gente solo se la puede combatir luchando contra ellos, alzando la voz y, sobre todo, cambiando el sistema educativo, las políticas judiciales, las leyes y protegiendo a las víctimas y sobre todo escuchándolas. ¿Quién va a saber más de terrorismo yihadista que alguien que ha tenido que convivir con ellos?

Nos queda mucho por hacer porque esto no es un problema de un chaval de 17 años de una familia desestructurada; yo tenía una familia normal y un marido normal, una persona culta con dos carreras y que hablaba cuatro idiomas, y de repente me cambió la vida de una forma inimaginable».

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