EE UU ataca a 'la troika de la tiranía» latinoamericana y abraza a los ultraderechistas de Colombia y Brasil

Donald Trump. /AFP
Donald Trump. / AFP

El Departamento de Estado pone coto al desembarco hotelero al agregar empresas controladas por las fuerzas armadas cubanas a la lista de las prohibidas

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

Nunca antes unas elecciones legislativas habían recibido la atención que tienen estas. En los dos años desde que fue elegido presidente, Donald Trump ha aprendido que necesita un Congreso de leales para sacar adelante su agenda, pero también que la presidencia tiene capacidad casi infinita para influir en las elecciones.

Este jueves despachó a su asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, a Miami, donde el Partido Republicano se juega la plaza de gobernador, frente a un afroamericano demócrata que Trump llama «ladrón», además de defender dos asientos al Congreso. En un acto por invitación exclusiva con líderes del exilio cubano y venezolano, el halcón de Trump y antes de George W. Bush embistió con fuerza contra «la troika de la tiranía latinoamericana» que piensa combatir con la ayuda de dos gobiernos «de mentalidad como la nuestra»: el que lidera el colombiano Iván Duque Marquez y el que encabezará Jair Bolsonaro en Brasil.

El exilio cubano en Florida suma más de 1,2 millones de habitantes y el de Venezuela rondaba los 400.000 en 2016, mucho antes de que el éxodo actual desbordara el país por todas sus costuras. Con ellos cuenta la Casa Blanca para poner a alguien favorable al frente del estado más clave para ganar la presidencia. Florida es el tercer estado más poblado del país, pero mientras California es sólidamente Demócrata y Texas republicano, el del sol y las palmeras en el que Trump tiene su residencia de invierno se deja conquistar por unos u otros. Catapultó a Trump hasta la Casa Blanca en 2016 y a Obama en los dos anteriores comicios.

El puesto de gobernador es clave para manejar la agenda en época de elecciones con la misma diligencia con la que está actuando ahora la Casa Blanca, pero llegó a ser fundamental para George W. Bush cuando Al Gore disputó los resultados del año 2000 y forzó un recuento, que detuvieron los tribunales. Por suerte para Bush, su hermano pequeño, Jeb, era entonces el gobernador de Florida.

A Bolton no necesitaba ayer más motivación para alimentar la virulencia de su discurso contra «tiranos que se presentan como revolucionarios, celebridades y luminarios» pero no son más que «payasos y figuras patéticas». El ideólogo de las guerras preventivas fue aplaudido con fervor, particularmente cuando prometió atacar al triángulo de dictaduras que se dibuja entre Cuba, Nicaragua y Venezuela «hasta que se desmorone». Eso se traduce, por ahora, en una orden ejecutiva que permitirá sancionar a los ciudadanos estadounidenses que comercien oro con Venezuela, de donde según la Casa Blanca el gobierno de Nicolás Madura ha exportado ilegalmente 21 toneladas métricas a Turquía para evitar las sanciones.

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