Argelia, la pesadilla de Macron

Protestas en Argelia. /EP
Protestas en Argelia. / EP

Francia se enfrenta a una posible desestabilización de la antigua colonia, con la que comparte estrechos lazos históricos, sociales y económicos

PAULA ROSASCorresponsal en París (Francia)

En Argel las calles rugen contra el régimen que lidera Abdelaziz Bouteflika. A 1.350 kilómetros de allí, en el palacio del Elíseo, los ecos del despertar ciudadano alimentan una de las peores pesadillas de Emmanuel Macron y, como él, de todos sus antecesores: una posible desestabilización de la antigua colonia, con la que comparten estrechos lazos históricos, sociales, económicos, migratorios y de defensa. En la cuerda floja, Macron guarda silencio. Pero tras las bambalinas, la actividad del Elíseo es frenética.

Hasta ahora, la respuesta francesa ante la agitación social en Argelia ha sido extremadamente discreta. Francia «ha tomado nota» de la decisión de Abdelaziz Bouteflika, el anciano presidente argelino, hospitalizado en Ginebra, de presentarse a un quinto mandato. La declaración de más alto nivel por el momento ha salido de la boca del ministro de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, quien ha dicho que «Argelia es un país soberano» y que corresponde únicamente a los argelinos «elegir a sus dirigentes y su futuro».

Pero este mutismo esconde una tormenta interior. La situación de Argelia es una prioridad absoluta para el gobierno francés, que sigue los acontecimientos al minuto y que estudia todos los escenarios posibles. Se teme sobre todo una escalada de la violencia que pueda desestabilizar el país, con las consecuencias que podría tener a nivel geoestratégico -Argelia es un aliado esencial para Francia en la lucha contra el terrorismo-, económico -hay más de 500 empresas francesas instaladas en Argelia, de donde procede el 10% del gas que se consume en la antigua metrópoli- y, sobre todo, migratorio.

Francia teme que, en un país donde el 45% de la población tiene menos de 25 años, millones de personas quieran abandonar el territorio si se produce una insurrección reprimida violentamente por el Ejército.

«El margen de maniobra de Francia es muy estrecho», asegura la consultora Agnès Levallois, conferenciante en Science Po y experta en Magreb y Oriente Medio. Cualquier pronunciamiento sobre el despertar de la sociedad civil puede ser interpretado por parte del Gobierno argelino como un intento de injerencia, mientras que el silencio puede verse como un apoyo al régimen. «En Argelia, cuando Francia hace declaraciones sobre política, se acusa siempre al 'hizb Faransa' (literalmente en árabe 'el partido de Francia', con el que se alude peyorativamente a los grupos de presión francófilos, considerados como enemigos de Argelia), para desacreditar a los que parece que Francia esté apoyando», explica Levallois.

Las relaciones entre ambos países son complejas. Pero los analistas observan un cambio de actitud del Gobierno de Macron con respecto a sus antecesores, posiblemente debido al desfase generacional. El joven presidente quiere pasar página con el pasado colonial, pero en Argel aún gobierna la generación que vivió la Guerra de la Independencia. «Desde que él ha llegado, ha sido consciente de la necesidad de mantenerse a un lado. Eso no significa que Francia no vigile de cerca lo que pasa, pero sobre todo no quiere dar la impresión de que toma partido por uno o por otro», opina la consultora.

Presión ciudadana

Macron tampoco puede obviar, sin embargo, la presión de la población de origen argelino en Francia, la más numerosa en el país galo y «muy activa y consciente de lo que pasa en Argelia, porque viven con un pie aquí y otro allí», sostiene Karima Dirèche, investigadora del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) y directora del Instituto de Investigación sobre el Magreb Contemporáneo. Unos 900.000 argelinos están censados en Francia, cifra que se dispara hasta los 5 millones si se cuentan los refugiados y los irregulares. «No se ejerce presión abiertamente porque todo lo que tiene que ver con Argelia es siempre muy sensible, pero sin duda hay un juego de influencias que se hace por parte de los grandes líderes asociativos o de opinión sobre el gobierno francés», señala la historiadora.

La posición estratégica de Argelia, con el Sahel al sur y Libia al este, hace del país magrebí un socio imprescindible para la lucha contra el terrorismo. La información de sus servicios de inteligencia es primordial para Francia, que tiene desplegados a 4.500 soldados en la operación Berkhane, en la frontera entre Argelia, Mali, Níger y Libia.

Por el momento, los manifestantes han demostrado una gran madurez política y el régimen contención. La de la oleada migratoria es «una fantasmagoría» que se agita por grupos interesados, señala la historiadora, especialmente ahora que se aproximan las elecciones europeas, en las que la cuestión migratoria tendrá un peso importante.

Imposible predecir qué va a suceder a medio plazo, sentencia Dirèche, «pero los argelinos han aprendido la lección de la violencia». En París, por ahora, contienen la respiración.