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Los artesanos de la masa

La tienda de Panadería Yanguas exhibe la amplia variedad de panes y dulces elaborados en el obrador./Miguel Herreros
La tienda de Panadería Yanguas exhibe la amplia variedad de panes y dulces elaborados en el obrador. / Miguel Herreros

Desde las dos de la mañana hasta casi el mediodía, todos los días del año, el obrador produce panes, dulces y sus famosas sobadas Panadería Yanguas asume su tradición en cuatro generaciones

Sergio Martínez
SERGIO MARTÍNEZAlberite

En una época de prisas, comodidades instantáneas y agobiantes rutinas, la artesanía agroalimentaria rompe con los esquemas para defender el trabajo hecho con calma, tiempo y mimo en los procesos. Cuesten lo que cuesten. En un momento en el que nuestra alimentación se ha lanzado a la guerra de precios en detrimento de la calidad, todavía quedan aquellos que apuestan por unos alimentos artesanos, incluso caseros, siguiendo la filosofía legada por anteriores generaciones. Es el caso de Panadería Yanguas, que desde el año 1951 se mantiene fiel a unos principios tradicionales adaptados a nuestro siglo.

Marta Sáenz Yanguas ejemplifica la historia de este obrador como la cuarta generación dedicada al negocio familiar. «Mi bisabuelo comenzó haciendo unas pocas barras de pan y repartiéndolas con sus mulas a Clavijo y La Unión», recuerda. Ahora mismo, Panadería Yanguas mantiene ese carácter de cercanía y producto diario, aunque se ha expandido por toda La Rioja, especialmente gracias a sus famosas sobadas. «Es nuestro producto estrella», comenta Marta Sáenz. Con el tiempo el negocio fue abriéndose más allá del ámbito cercano de Alberite y aún pueden darse más pasos. «He comentado alguna vez de vender las sobadas y dulces fuera de La Rioja, pero tenemos el problema de la caducidad, ya que nuestro producto es diario», explican.

Sin duda Panadería Yanguas es un ejemplo claro de empresa familiar, ya que a las seis personas que trabajan en el obrador les une el parentesco y la pasión por un negocio que empezó a germinar ya hace casi siete décadas. Marta Sáenz recuerda a su bisabuelo como el precursor, pero también a su bisabuela como aquella que tiene el secreto del éxito de la panadería: «Todas las recetas son suyas y así las mantenemos». Es uno de sus valores diferenciadores, ese respeto por la tradición que les ha permitido sobrevivir en tiempos complejos gracias a una clientela fiel. «Tenemos clientes fijos, de todo el año», destaca.

El día a día de una panadería supone estar preparados cuando el mundo comienza a funcionar. A primera hora de la mañana el pan debe estar listo para salir, por lo que tres personas se encargan de tomar el primer testigo en el obrador para realizar esa labor desde las dos de la madrugada. Panadería Yanguas se ha abierto en los últimos años a las nuevas demandas de los consumidores con panes integrales, de espelta o de cereales, pero reconocen que el que sigue triunfando es el sobado riojano, «el tradicional». Una vez comienza el reparto de pan, otras tres personas toman el testigo del obrador para encargarse de la elaboración de su gama de dulces, entre la que destaca esa sobada que les ha hecho famosos en la región.

Un trabajo de artesanos que se realiza todos los días del año, manteniendo ese carácter impregnado desde su fundación a una panadería que desde Alberite, con su modestia y su filosofía familiar y tradicional, refuerza el ejemplo que a diario ofrecen los artesanos agroalimentarios de toda La Rioja. Sus productos terminan siendo el reflejo de una forma de entender su propia tradición.

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