La banca de inversión alertó a Bankia de los problemas de demanda para su salida a Bolsa

Jaime Castellanos, presidente de Lazard en España, ayer en el juicio de Bankia. /EP
Jaime Castellanos, presidente de Lazard en España, ayer en el juicio de Bankia. / EP

JP Morgan advirtió de las «pocas» peticiones internacionales recibidas e incluso tuvo que recomprar acciones en su estreno para evitar un derrumbe

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

Bankia estaba claramente sobre aviso de los problemas que presentaba su polémica salida a Bolsa. Al menos así lo han relatado más de una decena de testigos en las últimas semanas. Exdirectivos de la propia entidad e inspectores del Banco de España admitieron que existían diferentes anomalías contables, e incluso aparentes irregularidades, antes de ese estreno -por ejemplo, la no contabilización como activos de riesgo de cientos de créditos hipotecarios con elevada morosidad o bien cargar pérdidas contra reservas en vez de frente a resultados- que no fueron incluidas en el folleto publicado de cara a los inversores.

Este martes abundaron en la misma idea de las dificultades conocidas por los entonces gestores del banco, pero no comunicadas a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), los bancos de inversión que participaron como asesores de esa operación. Uno de ellos fue la entidad estadounidense JP Morgan, cuyo 'managing director', Manuel Esteve, reveló que tuvieron que apoyar con fuerza su cotización en el estreno en julio de 2011 para evitar un derrumbe. «Actuamos recomprando acciones cuando caían por debajo del precio de emisión (3,75 euros) hasta un máximo», explicó.

Aún así, tiempo después entraría en una espiral bajista que arruinaría la inversión de muchos pequeños ahorradores y, en parte, grandes inversores, aunque algunos de estos pudieron salirse antes y minimizar las pérdidas. Pero para este directivo de JP Morgan «no es normal en una salida a Bolsa que la cotización baje», una declaración que entra en clara contradicción con lo manifestado semanas atrás por las antiguas cúpulas del Banco de España y la propia Bankia, que no vieron ese hecho como algo anómalo y le restaron importancia.

En cualquier caso, la entidad estadounidense ya había avisado a la española de que el sentimiento del mercado era «negativo» frente a esta operación bursátil, y también sobre la propia calidad del balance de Bankia. «El 'feedback' que les dimos -señaló- es que iba a haber poca demanda internacional» porque la mayoría de los inversores extranjeros que habían consultado no estaban dispuestos a entrar.

Lazard y Rato

Otro de los bancos asesores de la operación fue Lazard, donde precisamente trabajó Rodrigo Rato como directivo entre 2008 y 2010, tras dejar la dirección del Fondo Monetario Internacional (FMI) y antes de ser nombrado presidente de Caja Madrid, cargo del que pasaría a encabeza la jefatura de Bankia tras la fusión. El decidió que se le contratará para aconsejar sobre la posible integración de la caja de ahorros madrileña con otras entidades financieras.

Desde la banca de inversión valoraron entonces varios posibles nombres. Pero entre ellos no estaba Bancaja, según testificó el presidente de ese banco de inversión en España, Jaime Castellanos, quien afirmó que su entrada «vino muy impuesta» y, aunque no llegó a precisar desde qué instancia, el propio expresidente de la caja levantina, José Luis Olivas, declaró en el juicio que fue presionado por el Banco de España.

Una «ventana» única

Lazard también aconsejó a Bankia de cara a su estreno bursátil, sobre todo llevando las relaciones con los bancos colocadores, acompañando en las presentaciones ante inversores potenciales y haciendo un informe sobre el interés del mercado. De esto último dijo que la situación era «complicada» porque «en esa época había unas turbulencias tremendas dentro del sector financiero y bursátil», de manera que había «operaciones que se paraban en el proceso de salir y otras que lo lograban con dificultades». No obstante, negaron haber recomendado no continuar con la operación, aunque sí comentaron en el banco «ciertas dudas e incertidumbres».

«La decisión final, en cualquier caso -aseveró Castellanos- correspondía al banco». «Lo que Lazard pudo decir en un momento dado -continuó- es que había una oportunidad, una ventana» puntual en la que poder salir a Bolsa, aunque en todo caso «el mercado marcaba a qué precio». A ese respecto ha confirmado que ellos aconsejaron a los responsables de Bankia fijar en el folleto una banda de precios de entre 4,41 euros y 5,05 euros, frente a los 15 de los que se habló en un principio. Pero finalmente la acción se estrenó a un valor aún más bajo, de solo los 3,75 euros referidos.