Resumen 2018

Las muertes de Quini, Núñez y Astori consternaron al fútbol

Enrique Castro, Quini, durante un homenaje que le brindó el Camp Nou en 2016. /Alejandro García (Efe)
Enrique Castro, Quini, durante un homenaje que le brindó el Camp Nou en 2016. / Alejandro García (Efe)

Leyenda del sportinguismo, el 'Brujo' falleció en febrero a los 68 años, vistiendo también de luto al barcelonismo, que perdió asimismo al presidente de su primera Copa de Europa

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉSMadrid

La categoría de Enrique Castro, Quini, como futbolista fue inmensa. Sobrada prueba de su enorme trascendencia histórica son los cinco 'pichichis' que logró en la máxima categoría del fútbol español, sus títulos con el Barça y unos números que probablemente nadie alcanzará jamás vestido con la rojiblanca del Sporting de Gijón. Sin embargo, para comprender la importancia de su figura no es necesario estudiar su palmarés y estadísticas, basta con preguntar a cualquier profesional o aficionado del fútbol e incluso a personas que poco tienen que ver con este deporte. Más allá de ser uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol español, el asturiano fue una de las personas más entrañables y humanas del mundo del fútbol. Amable, simpático y bromista empedernido, su carácter no pasaba inadvertido para cualquier persona que tratase con él.

El 'Brujo', que falleció en febrero en Gijón de un infarto a los 68 años, dejó un vacío irreparable en su tierra asturiana y en todo el balompié español. Nacido en Oviedo en 1949, Enrique Castro González se trasladó a los cinco años junto a su familia a Avilés, donde pasó su infancia en el barrio de Llaranes. Allí comenzó su carrera futbolística en los Salesianos y ya en edad juvenil pasó a jugar en el Ensidesa, club de la siderúrgica en la que trabajaba su padre y que era por entonces uno de los principales motores económicos de Asturias.

En 1967, Quini pasaba al primer equipo de la entidad, que militaba en Tercera División, por aquel entonces la categoría de bronce del fútbol en España. En la plantilla también estaban otros ilustres como su hermano, Jesús Castro, Churruca o Megido, que serían años después pilares de la época dorada del Sporting. Cuatro goles al filial rojiblanco le abrieron las puertas del club de su vida y Quini desembarcó en El Molinón en noviembre del 68. En diciembre de ese mismo año, debutó con una derrota ante el Betis en el Villamarín, pero una semana después ya impartía lecciones como goleador en la ribera del Piles con un tanto al Racing de Ferrol.

Quini, en la época en la que militó en el Barça.
Quini, en la época en la que militó en el Barça. / Archivo

Eran años de Segunda para un club que de la mano de Quini daría el salto a la máxima categoría en la década de los setenta, para convertirse en uno de los grandes con el subcampeonato liguero del 79. El derecho de retención de la época permitió algo que en el fútbol actual sería imposible, puesto que el delantero permaneció en el Sporting hasta 1980 a pesar de las suculentas ofertas económicas que le llegaban desde el Barcelona. Finalmente, Quini acabó fichando ese año por la entidad culé a cambio de 82 millones de pesetas. En el Barça conquistó la Recopa de Europa en el 82, la Copa del Rey del 81 y el 83, la Copa de la Liga del 83 y la Supercopa de España del 84, además de ser 'pichichi' en 1981 y 1982. El 'Brujo' fue además 35 veces internacional y marcó 8 goles con España, con la que acudió a los Mundiales de Argentina 1978 y España 1982 y a la Eurocopa de Italia en 1980. Todo ello antes de regresar a su amado Gijón, donde jugó junto a varios clásicos y algunos de los primeros frutos de la Escuela de Mareo hasta 1987.

Desde entonces, el futbolista pasó a ser mito, siempre vinculado a su Sporting, donde fue delegado y recibió merecida recompensa al ser designado como representante institucional de un club al que encarnó en cada uno de los campos de España y al que permaneció ligado hasta el último aliento. El rebautizado Molinón-Enrique Castro Quini y el eterno grito de «Ahora Quini, ahora» cuando el marcador llega al minuto nueve de cada partido siguen dando fe de su enorme legado.

Tragedias en Italia e Inglaterra

La de Quini fue una de las muertes más lloradas en este 2018 dentro del mundo del fútbol, pero el año despidió también a otras figuras dentro y fuera de España. Fue el caso de José Luis Núñez, presidente del Barcelona durante 22 años, que falleció el 3 de diciembre a los 87 años. Fue el presidente más duradero de la historia del Barça, entre 1978 y 2000, club que logró bajo su mandato hasta 175 títulos entre todas las secciones profesionales: 30 de fútbol, 36 de baloncesto, 65 de balonmano y 44 de hockey patines. El más importante, la primera Copa de Europa de fútbol en la historia culé, conquistada el 20 de mayo de 1992 en el estadio londinense de Wembley bajo la dirección de Johan Cruyff, a quien Núñez contrató como entrenador y con el que vivió una relación complicada pese a los éxitos hasta que le destituyó en mayo de 1995.

José Luis Núñez, cuando era presidente del Barcelona.
José Luis Núñez, cuando era presidente del Barcelona. / Toni Albir (Efe)

Fuera de las fronteras españolas, la inesperada muerte del emblemático capitán de la Fiorentina Davide Astori, de 31 años, debido a un paro cardíaco cuando se encontraba en la habitación del hotel de concentración de su equipo, llenó de consternación el fútbol italiano a comienzos del mes de marzo.

Davide Astori fue catorce veces internacional con Italia.
Davide Astori fue catorce veces internacional con Italia. / Efe

La tragedia alcanzó también al fútbol británico cuando a finales de noviembre Vichai Srivaddhanaprabha, propietario del Leicester, falleció a los 68 años en un accidente de helicóptero en los alrededores del estadio de los 'foxes'. Fue el artífice de una de las mayores epopeyas del fútbol moderno al llevar al Leicester de la Premiership al título de la Premier League en 2016.

Vichai Srivaddhanaprabha.
Vichai Srivaddhanaprabha. / Darren Staples (Reuters)