Mundial de China 2019

Con Marc y Ricky, España a la final

Ricky Rubio y Marc Gasol se abrazan tras el partido. /Reuters
Ricky Rubio y Marc Gasol se abrazan tras el partido. / Reuters

La exhibición del pívot, la personalidad del base y el carácter y el corazón del equipo relanzan con épica a la selección, en un partido con dos prórrogas

Amador Gómez
AMADOR GÓMEZMadrid

Con Marc Gasol y Ricky Rubio pletóricos y una defensa sobresaliente de todo el equipo en los momentos decisivos de un durísimo partido que necesitó dos prórrogas, España se clasificó con un tremendo sufrimiento y con épica para la segunda final de su historia en un Mundial, para asegurarse su cuarta medalla consecutiva en los últimos grandes campeonatos, a un paso de su segunto título planetario, 13 años después del conquistado en Japón. Marc y Ricky, los dos líderes de la selección, los dos referentes a los que se ha agarrado España para mantener vivo el sueño de un oro que parecía una utopía en China, firmaron un encuentro colosal, para aprovechar una oportunidad única y llevar al equipo de Sergio Scariolo al podio, propulsado hacia una corona labrada con el enorme sacrificio que caracteriza a un equipo repleto de orgullo.

Volvió a exhibir la selección su espítitu ganador y carácter competitivo para firmar otro encuentro memorable, en el que la luchadora España, a la que a casta, corazón y hambre no gana nadie, sacó a relucir su experiencia y soberbia mentalidad, tras estar contra las cuerdas a cuatro segundos y siete décimas del final del tiempo reglamentario. Patty Mills falló entonces un segundo tiro libre que podría haber sepultado a España, pero salió cara, y después de una primera prórroga agónica resuelta desde la línea de personales por Marc, la selección, que tanto ha trabajado en este Mundial, no iba a permitir dejar escapar una ocasión irrepetible.

Se esperaba a Marc Gasol, uno de los dos únicos supervivientes, junto a Rudy Fernández, de la selección que alcanzó la gloria en el Mundial de 2006 con la que fue la mejor generación de la historia del baloncesto español, y el campeón de la NBA se hizo aún más gigante, echándose el equipo a la espalda cuando peor lo pasaba la selección, para acabar con 33 puntos, su récord de anotación, para otros tantos de valoración, con seis rebotes y cuatro asistencias.

95 España

Ricky Rubio (19), Rudy Fernández (2), Juancho Hernangómez (8), Claver (9) y Marc Gasol (33) -quinteto inicial-. Ribas (7), Willy Hernangómez (-), Oriola (-) y Llull (17).

88 Australia

Mills (32), Dellavedova (6), Ingles (4), Baynes (6) y Landale (3) -quinteto inicial-. Bogut (12), Creek (2), Goulding (5) y Kay (18).

Parciales
22-21, 10-16, 19-18, 20-16 (71-71); 9-9 y 15-8.
Árbitros
Locatelli (Brasil), Sahin (Italia) y Bermúdez Mariscal (México).
Incidencias
Primer partido de semifinales del Mundial de China 2019, disputado en el Wukesong Sport Arena de Pekín.

Tras el mediano de los Gasol volvió a brillar Ricky, que a sus 19 puntos añadió 12 asistencias, también plusmarca personal del base catalán, y siete capturas, con una personalidad y valentía que contagiaron al resto del equipo, relanzado también hacia el partido por el título por la espléndida defensa de Sergio Llull, que anuló a Mills en las dos prórrogas y cuya influencia fue tal que España llegó a un +17 con él escolta balear en pista.

En defensa, Rudy Fernández, Víctor Claver y Pau Ribas también volvieron a vaciarse, y la intensidad y ayudas de España llegó a tal punto que provocó hasta 22 pérdidas de la física e incómoda Australia, a la que no le bastó con la producción anotadora de Patty Mills ni con el despliegue inesperado de Nic Kay, autor de un doble doble (16 puntos y 11 rebotes) que de nada sirvió a los 'aussies', ya que la selección, que llegó a perder por 11 (39-50), reaccionó como hacen las campeonas, a base de esfuerzo, y capacidad de sufrimiento y temple, después de un mal segundo cuarto del que se recuperó con un encomiable esfuerzo colectivo, y de estar por detrás en el marcador durante 38 minutos.

Marc Gasol ha terminado el partido con 33 puntos, su récord de anotación, para otros tantos de valoración, con seis rebotes y cuatro asistencias

Contra un rival superior en altura y capacidad atlética, y cuya intensa defensa provocó que España se tambalease en el tercer período, Scariolo había reclamado a sus jugadores competir al máximo, consciente de que ahí nunca le iban a fallar los suyos, y tras ese 39-50 que encendió la luz de alarma mediado ese parcial, la selección comenzó su escalada, beneficiada también por el descanso concedido a Mills. La mejoría experimentada por el equipo a partir de ese momento en el que el técnico italiano solicitó un obligado tiempo muerto llevó a España a afrontar el último cuarto, pese a sus lagunas y su nerviosismo en ataque que rozó a veces el desquiciamiento, con sólo cuatro de desventaja (52-55).

Entonces llegó el momento de la explosión de Marc, cuya exhibición y protagonismo recordó al que ha tenido su hermano Pau en los choques más inolvidable de la selección, y se puso de verdad a prueba la experiencia, la fuerza psicológica y el gen de un equipo que ya ha logrado una gesta. A Marc tampoco le tembló la mano con los tiros libres decisivos y España firmó, al límite pero como mejor saben los éxitos, un agónico pase a la final, derribando de nuevo a la complicada Australia, frente a la que también sufrió hasta el último segundo en la lucha por el bronce en los Juegos de Río.

Entonces llegó el momento de la explosión de Marc, cuya exhibición y protagonismo recordó al que ha tenido su hermano Pau en los choques más gloriosos de la selección

Al corazón se sumó la cabeza de España, que después de una primera parte en la que se atascó en ataque, estuvo débil en defensa y acusó precipitación (ocho triples fallados en el segundo cuarto para irse al descanso con 4 de 17 desde el exterior (24%), también supo tener paciencia. Esta España será inferior en talento a las anteriores, pero también destila una ambición y una grandeza extraordinarias. Y en el partido definitivo espera a Argentina, una selección que también exhibe un espíritu y un orgullo indomables, aunque no tan elevados como España.

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