«Antes de que todo se vaya al demonio pediría un cambio hacia el interior del ser humano»

Nuria Espert / SERGIO PARRA

La gran Nuria Espert regresa al Bretón el viernes y el sábado con 'Romancero gitano', el Lorca que le acompaña desde la infancia

Jonás Sainz
JONÁS SAINZLogroño

Si el teatro, como dice Lorca, es la poesía que se levanta del libro y se hace humana, el teatro es ella. Nuria Espert (Hospitalet, 1935), una leyenda viva dando voz a otra leyenda inmortal. Voz de Lorca en su 'Romancero gitano' (que se representa el viernes y el sábado a las 20.30 h. en el Bretón). Poesía que acompaña íntimamente a esta mujer desde su infancia y que ha marcado una de las más grandes, coherentes y comprometidas carreras escénicas. Nuria Espert es el teatro.

-Dos de las cosas más emocionantes que he visto en el teatro en los últimos años han sido con usted en el escenario: 'La violación de Lucrecia' e 'Incendios'. Y sospecho que 'Romancero gitano' va a ser la tercera.

-Eso espero. Eso creo y eso espero. Es una cosa bellísima, un espectáculo aparentemente sencillo y lleno de emoción, de poesía, de humor...

-... ¿Humor?

-Bueno, el que Lorca permite [ríe].

«Nunca más he recitado ese poema»

«Recuerdo nítidamente el día que mi padre llegó a casa con el 'Romancero gitano'. No me acuerdo de haberlo visto antes nunca con un libro y muy raramente después. Debía ser el año 42 o 43 y yo tendría siete u ocho años. El libro estaba forrado con papel de periódico y mi padre estaba conmocionado por su posesión, su posesión temporal, pues tenía que devolverlo unos días después. Copió a mano en unas hojas de papel de barba que compró adrede la mayoría de los poemas y a las pocas semanas se sabía de memoria 'El prendimiento de Antoñito el Camborio' y 'La casada infiel'. Los recitaba en el bar y en la fábrica, sentado o de pie, en voz baja o eufórica, pero siempre emocionado y emocionando. Mi padre, que adoraba el teatro, que lo interpretaba con un grupo de aficionados, recitaba, para entendernos, estilo Borrás, al que admiraba profundamente. A mí me producía cierto malestar oírle, pero no cuando decía a Lorca. Era como si esos versos le convirtieran en un buen actor. Su mirada se volvía hacia adentro y una extraña sinceridad lo mesuraba. Me fascinaba tanto que mi madre, preocupada, le dijo un día después de recitar 'La casada infiel':'No lo recites más delante de la Nuri'. Pero ya era tarde. Yo lo sabía de memoria y, lo que es más importante, lo comprendía. Sí, lo comprendía. Comprendía el amor físico de una vez y para siempre y lo esperé a partir de entonces.

Lo poco y pobre que existió entre mi padre y yo terminó con la niñez. Después vivimos en una incomunicación total. Sentía casi una imposibilidad física de mirarle y hablarle. Una dureza insoluble se apoderaba de mí, de mis buenos propósitos en cuanto lo tenía delante. No podía decir cinco palabras seguidas en su presencia y cuando lo lograba hablaba mirando al suelo o a la pared de enfrente. Aunque la frase pronunciada fuese una pregunta directa, por ejemplo:¿cómo estás?

Murió en 1971. Una sola vez, un año antes de su muerte se abrió una fisura en esa muralla sin puertas para cerrarse de nuevo para siempre. En un homenaje recité 'La casada infiel'. Nunca la había dicho en público ni repasado su texto desde la niñez. Mi padre asistió. Cuando terminé, lo encontré en un rincón empañado en lágrimas. Y me dijo:'Cuando yo muera no vuelvas a recitarlo'. Supe lo que pasaba:todos y cada uno de los sentimientos, rencores, inhibiciones y frases no dichas que convertían la habitación más cálida en una cueva de hielo cuando estábamos juntos. Ya era tarde. Nunca más he recitado ese poema».

-Leer aquel prólogo suyo a aquella edición del Romancero [transcrito en esta misma página] es impresionante. Es una obra tan íntimamente ligada a usted, al recuerdo de su padre, un obrero barcelonés recitando esos versos, a usted de niña aprediéndolos de memoria, a su experiencia personal y profesional... ¿Cómo convive con unos recuerdos tan lejanos pero tan intensos? ¿Le hacen daño?

-No, me hacen bien. El recital está absolutamente lleno de cosas personales, cosas personales de Federico fuera de los poemas, porque a él le gustaba comentar su obra; y cosas mías hablando de esos recuerdos de cómo mi padre estableció contacto con aquel libro publicado en Argentina y que había llegado vete a saber cómo a manos de los obreros de Hospitalet de Llobregat... Yo creo que es la manera de abrir la puerta a un recital lleno de sentimiento, de la ternura y la violencia que él infunde a los poemas, del amor, de la sensualidad...

-Ha dicho usted en alguna ocasión que para hacer a Lorca hay que tener una herida. ¿Cuál es la suya?

-Difícil buscar una sola, porque en el mundo que vivimos, en esos vaivenes de la historia, nos encontramos en uno muy bajo, de mucha grosería, de mucha vulgaridad. El insulto sustituye a las palabras, como si los sentimientos no fueran cosa humana, como si los hubiéramos desterrado.

-¿Habla de España?

-No solo de España. Hay en el mundo jefes que jamás pensarías que pudiesen estar al frente de un gobierno, con locuras que pueden conducir a cosas terribles, y las manejan con una ignorancia y un desparpajo que producen terror.

«Tenía muchos premios por mi trabajo, pero ninguno como este que diga que soy buena persona»

-En su anterior paso por Logroño [noviembre de 2016 con 'Incendios'] acababa de recibir el Premio Princesa de Asturias ahora tiene muy reciente el Premio Europa de Teatro, concedido «por su extraordinaria trayectoria en la interpretación y dirección de escena», pero también «por su defensa de las libertades». ¿Entiende lo uno sin lo otro: el ejercicio de su profesión sin su compromiso cívico?

-Cada uno es cada uno, pero en mi caso eso siempre ha ido ligado, quizás por el momento en que nací y por las influencias que fui recibiendo. Sobre el premio, esa justificación le da para mí tres veces su valor. Tengo una larga carrera y muchos premios por mi trabajo, pero ninguno como este que diga que soy una buena persona. Me hizo muy feliz.

-La génesis de este espectáculo... Perdón, me da reparo llamar espectáculo al Romancero...

-Es un espectáculo sui géneris, sí.

-En todo caso, su génesis está vinculada precisamente a la ceremonia del Premio Europa en San Petersburgo, ¿no?

-Le pedí a Lluís [Pasqual] que me ayudara a hacer una selección de textos que pudieran llegar a un auditorio internacional; unos veinte minutos de Lorca. Y a partir de ahí se nos ocurrió hacer un espectáculo de una hora, no más, pero de una intensidad extraordinaria. Está el Federico poeta, el Federico que comenta sus poemas y estoy también yo recitando y comentando lo que yo hago.

-Volviendo atrás, ¿cree que estamos perdiendo libertades?

-Hay grandes amenazas. Todavía no ha ocurrido, pero hay grandes amenazas de que lo poquito o lo muchito que hayamos avanzado con leyes y con lucha en la calle que alguien pueda venir y hacer retroceder esas libertades. Todavía no ha ocurrido, pero estamos en alerta.

-No quiero aburrirla preguntándole por el 'procés'...

-No, gracias.

-... Pero en estos días no puedo evitarlo: ¿qué piensa o qué siente viendo ante el Supremo a representantes del independentismo catalán? ¿No es prueba de la incapacidad política para resolver la cuestión?

-Yo creo que se ha intentado, pero no se ha podido resolver políticamente y hemos llegado a esta situación tan triste. Me produce enorme tristeza ver a estas personas de mi tierra siendo juzgadas por cosas que vimos todos. Es muy triste no haber sabido ceder unos y otros. Claro que tiene que ceder más el que no tiene la ley a su lado y eso ha sido imposible.

«Es una relación de amor, pero también la tengo con Shakespeare, O'Neill y otros que ya no podré interpretar»

-Cataluña también es una tierra que ama y cuida el teatro. Personas como usted misma y el propio Lluís Pasqual han hecho que sea también la tierra de Lorca, que Lorca sea un poeta muy catalán.

-Es que lo es, él mismo lo decía, que no sabía de dónde salían sus raíces catalanas, pero que se sentía y se entendía mejor allí que con otras cosas que le eran más cercanas. Margarita Xirgu fue quien lo descubrió, quien le quiso, quien lo estrenó una y otra vez, lo recitó, lo cantó... Y era una catalana de pro, una catalana maravillosa que pagó con el sacrificio de su vida el ser leal a su forma de pensar.

-A Pep Rubianes le gustaba decir que él era de la España de Lorca. ¿De qué patria es usted?

-Yo... la cosa de la patria no la practico mucho. No soy nacionalista y no puedo ser españolista ni catalanista ni francesista ni inglesista... A mí me gusta la gente. En todas partes hay gente que me gusta y gente detestable.

-¿Y en sentido figurado?

-Me siento de los libros, de la inteligencia, de la palabra, de la discusión.

-No existen grabaciones sonoras de Lorca. Qué hermoso darle su voz.

-El mundo entero recita a Lorca. Gassman lo hacía maravillosamente: E io che me la portai al fiume credendo che fosse ragazza, invece aveva marito... [recita en italiano el comienzo de 'La casada infiel' y ríe]. Jean-Louis Barrault en francés, Glenda Jackson en inglés... Los más grandes recitan a Lorca; vaya por donde vaya. Llegas a Tokio y los hispanistas japoneses saben de Lorca más que yo... Es el gran genio, uno de los grandes genios del siglo XX. La genialidad pasa a través de la palabra y los sentimientos y es comprendida en todas partes. Lorca sí es universal.

-Xirgu fue la actriz de Lorca. Hoy lo sería usted.

-Ojalá. Y podría ser porque ambas tenemos nuestro acento catalán. La lengua catalana tiene una sonoridad que nos favorece también al hablar en castellano.

-Y no solo por el acento. La suya es una relación de amor.

-Sí es una relación de amor. Pero también la tengo con Shakespeare, con O'Neill y con tantos autores que me gustan, pero que no he interpretado y ya no me queda tiempo para interpretarlos. Es el amor por el teatro. Como a Federico lo he representado más, sí he estado más cerca de él que de otros.

Las funciones

'Romancero gitano', de Federico García Lorca

Dirección: Lluís Pasqual

Intérprete: Nuria Espert

Teatro Bretón: viernes 15 y sábado 16, a las 20.30 h. (una hora de duración)

Localidades: 20, 17, 12 y 8 euros

-Como dice el 'Soneto de la dulce queja', ¿tiene miedo a perder la maravilla?

-No pienso en eso. Pienso en que tengo que hacerlo bien y en estar concentrada y en que lo hago con amor y que tiene que notarse que no es un espectáculo más.

-¿Nunca ha vuelto a recitar 'La casada infiel', como le pidió su padre?

-No, nunca. Es un recuerdo no muy dulce.

-Terminemos como el espectáculo, con 'Grito hacia Roma': un grito de amor y de paz y también de denuncia. ¿Qué grita Nuria Espert?

-Es un poema monumental, también con violencia, acusaciones durísimas... Lorca lo hace con una desesperación completamente justificada, pero yo no gritaría; pediría más bien, en voz baja. Y lo que pediría, antes de que todo se vaya al demonio, cosa que cada vez parece más cerca, pediría una reflexión, como si fuéramos inteligentes en vez de lo que somos. Pediría un cambio hacia el interior del ser humano. Menos acritud, menos regodearse en la vulgaridad. Pero lo pediría en voz bajita y tranquila. Nada de gritos.