La Rioja

Mentiras para una presa

A falta de poder erigirse en panacea de los problemas hídricos del alto valle del Cidacos, la inconclusa presa de Enciso ha pasado a ostentar el dudoso honor de haberse convertido en paradigma de la impericia, de la incapacidad, de la incompetencia, de la torpeza, en fin, de la clase política toda regional y nacional -sin que el orden de los factores altere el producto- que suma ya alguna década incapaz de resolver esta obra, legándola de Administración a Administración como una herencia envenenada en un incalificable ejercicio de mendacidad. El penúltimo capítulo, otro episodio escrito en la penumbra de los despachos ministeriales que hoy saca a la luz este periódico frente al silencio interesado que anega los despachos donde se ya conocía el asunto a este lado del puerto de Piqueras, huele a puntilla, a tiro de gracia. Lo negarán, no me cabe duda, los mismos que desde hace algunas décadas han manejado a su interés cuantas informaciones han afectado al proyecto, que no han sido pocas.

Me cuentan testigos sin cargo que el asunto ya formó parte del diálogo con las autoridades y fuerzas vivas locales de Enciso, Poyales, Navalsaz, El Villar y Garranzo durante la visita que José María de Miguel realizó por los pueblos de la región a finales de los 80 en su calidad de presidente de alpargata, carretera y manta. Desde entonces y hasta hoy, la presa de Enciso ha sido un desiderátum abanderado por cuantos políticos han pisado las alfombras del palacete de Vara de Rey o las que se suponen más mullidas de los sucesivos ministerios de los que ha dependido el proyecto, que no han sido pocos.

No ha habido ministro ni ministril, director general o subsecretario de lo hidráulico que haya llegado a La Rioja y no se le haya llenado la boca de presa de Enciso. Ni ha habido presidente o consejero de esta comunidad, diputado o senador aspirante o electo que no haya tremolado esta bandera y sin rubor se haya calzado un «ahora sí, mire usté señor votante, nosotros vamos con la presa». El actual jefe del Gobierno autonómico, Ceniceros, no ha sido ajeno a un rapto semejante y en octubre del año pasado -anteayer en el cronograma de esta historia- se declaraba entusiasmado con la marcha del invento, cargaba culpas del retrasón al Gobierno de Zapatero (quién si no) e incensaba sin recato el encomiable empeño del Ejecutivo de Rajoy (quién si no) para desfacer el entuerto y poner la presa en su justa marcha. Nada distinto a lo que ya hicieron otros antes que él. Nada diferente a lo que harán los que vengan detrás. Porque esta presa maldita se alimenta de la mentira y aunque no crece, al menos entretiene.