La Rioja

¿Y si La Rioja temblara?

¿Y si La Rioja temblara?
  • Los geólogos piden estudiar la implantación de construcciones sismorresistentes en algunas zonas de la sierra que ya han sufrido terremotos destructivos

  • Los sismógrafos han registrado 39 pequeños terremotos desde el año 2000

La tierra parece siempre pacífica e inmutable, incluso inofensiva..., y sin embargo su interior bulle continuamente en una confusión de placas tectónicas, magma y energía. Cuando toda esa vida subterránea estalla, como hace una semana en Amatrice (Italia), las casas se derrumban, la gente muere y las televisiones ofrecen imágenes de pesadilla: los lugareños miran asombrados cómo de repente, en apenas medio minuto, se vino abajo ese paisaje que parecía tan sólido e imperturbable.

En La Rioja sucedió algo similar el 18 de marzo de 1817, en Arnedillo. En la escala de Mercalli, que mide la intensidad de los terremotos por sus efectos, el seísmo alcanzó el octavo grado: «Daños considerables en estructuras ordinarias bien construidas, posibles derrumbes. Daño severo en estructuras pobremente construidas. Mampostería seriamente dañada o destruida. Muebles completamente sacados de lugar». De las 200 casas que había en Préjano, sólo 16 aguantaron en pie. El monasterio de Vico, en Arnedo, se hundió. Se abrieron grietas en la catedral de Calahorra. Fue perceptible incluso en Cataluña. No se sabe cuántos muertos y heridos hubo, pero sí que la gente huyó despavorida hacia la montaña. Las aguas termales dejaron de manar bruscamente y no volvieron a brotar hasta junio.

Si algo así sucedió una vez, algo así podría volver a suceder. No estamos en California o en Japón, lugares de alta actividad sísimica, pero los aparatos medidores tampoco registran una línea completamente plana en La Rioja. Desde el año 2000, la región ha sufrido 39 pequeños terremotos. El último, hace apenas dos meses, el seis de junio, en Villoslada de Cameros. Su magnitud (1,5 en la escala de Richter) lo hizo imperceptible para la mayor parte de la población, pero los sismógrafos registraron el movimiento. Un rápido repaso a los lugares en los que se agita la tierra con frecuencia permite descubrir las zonas más sensibles: apenas hay señales en el valle del Ebro y abundan, sin embargo, las referencias de pequeños terremotos en localidades como Muro de Aguas, Munilla, Lumbreras o la localidad soriana de Yanguas, a cuatro pasos de Enciso. En el siglo XX, de hecho, hubo dos seísmos destructivos: el de 1929 en Turruncún (5,1 en la escala de Richter) y el de 1961 en Aguilar del Río Alhama (4,6). Una falla inversa recorre los Cameros desde Ezcaray y puede causar terremotos de diversa magnitud.

Nadie sabe cuándo. Tal vez llegará el día en que los expertos sepan predecir un seísmo, pero de momento la tierra se rompe sin mandar avisos previos. Rubén Esteban, delegado en La Rioja del Colegio Oficial de Geólogos, recuerda que la comunidad autónoma no presenta un especial riesgo, aunque advierte de que «en la zona de la sierra, especialmente en La Rioja Baja, se debería tener más en cuenta la posibilidad de generar seísmos destructivos». Si la tierra volviera a temblar como aquel día de 1817 en Arnedillo, el resultado no sería muy diferente. «Habría que plantearse si en estos enclaves sería conveniente que determinadas estructuras o edificaciones se construyeran con tecnología sismorresistente. Al fin y al cabo, el último terremoto de magnitud considerable, el de Aguilar del Río Alhama, sucedió en 1961. No hace tanto tiempo. Y el termalismo de toda aquella región evidencia una actividad geológica importante», reflexiona Esteban.

No sólo por los posibles seísmos, sino también por otros fenómenos más habituales en La Rioja (desprendimientos, inundaciones, deslizamientos de tierra, colapsos), el Colegio Oficial de Geólogos ha planteado al Gobierno riojano la necesidad de implantar una Oficina de Coordinación Geológica en La Rioja, «algo -explica Esteban- con lo que ya cuentan comunidades vecinas y que nos permitiría integrar en un solo organismo todos los problemas que afectan a las Ciencias de la Tierra». Los geólogos, que se reunirán en breve con Carlos Cuevas, el consejero de Obras Públicas, estiman que ese organismo sería fundamental para evitar duplicidades, compartir información con otras instituciones e incluso prevenir, en la medida de lo posible, catástrofes naturales.