La Rioja

El castillo

Las murallas de los castillos guardan a sus moradores, pero también les impiden salir. Y en un entorno cerrado, las noticias se retroalimentan, los rumores se magnifican y las intenciones acaban por torcerse. La UD Logroñés es un fortín cerrado, con defensas cada vez más altas pero peor guarnecido. Y Carlos Pouso sufre el encierro.

Las declaraciones en Navalcarnero no hacen sino reflejar una situación extrema que tiene dos lectura simplísimas. La primera, el técnico de Lejona quiere quitar la presión al grupo y cargarla sobre sus hombros, como ya hizo en el pasado 'play off' de ascenso. Se trata de una actitud bienintencionada, pero demasiado paternalista. La segunda, a Pouso le están envenenando y empieza a ver fantasmas.

Lleva mucho tiempo guarecido en palabras cortantes, maximizando las críticas y aparentando debilidad. Que a un entrenador profesional le silbe el, como mucho, diez por ciento de los espectadores que acudieron el pasado miércoles a Las Gaunas a ver el empate ante el San Sebastián de los Reyes (es decir, 190 personas), le tendría que servir como aviso. Pero nunca llevarle, voluntariamente, al ara de los sacrificios. Esa actitud kamikaze se entendería otra vez por el exceso de cicuta que se le está administrando a Pouso o por cubrir las carencias del grupo.

Pero, más allá del torreón del castillo, lugar vedado donde se guardan todos los secretos, lo único a lo que los mortales nos podemos asir es a lo que se ve cada domingo sobre el césped. Y ahí está el problema al que, de momento, no se dedican demasiadas palabras. El equipo diseñado por Pouso este verano (con las contingencias económicas que sean) no funciona. El juego es pobre; la actitud, mejorable; y, sobre todo, los resultados no llegan. Con esas mimbres, sobran las inmolaciones y es necesaria la responsabilidad personal, no el paternalismo. Que cada palo, profesional y remunerado, aguante su vela. Si no, las murallas del castillo, construido hace siete años y que jamás ha ganado la batalla para la que estaba diseñado, acabarán por derrumbarse.