Entrevista

Pedro Duque, preparado para subir al espacio

Pedro Duque, a la derecha, junto a sus compañeros de la Agencia Europa del Espacio Matthias y Luca en un curso Pangaea en Lanzarote / ESA I O. Chamorro

El ministro supera los controles semestrales para seguir siendo astronauta de la ESA con calificación para viajar al espacio: «No sé cuantos años más me durará la salud, ahora los vuelos son de 6 meses y hay que tenerla perfecta»

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

Pedro Duque soñó con ser astronauta la noche del 20 de julio de 1969, tras ver la llegada a la luna por televisión. «Aquel día casi todos queríamos ser astronautas seguro. Luego a unos nos duró más y otros menos», recuerda. Tras la carrera espacial, emprendió una nueva carrera política que le ha llevado a celebrar su primer cumpleaños al frente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Entró como independiente en el gabinete de Pedro Sánchez, pero se ha enfundado la camiseta del PSOE en una campaña electoral que ha afrontado como un novato, algo que, a estas alturas de su vida, no le pasa a menudo.

Aficionado al baloncesto y al buceo, mantiene la excedencia de su puesto de astronauta en la Agencia Europea del Espacio (ESA). «En este oficio de ministro, que cualquier día puede terminar, mantengo la excedencia de mi puesto anterior. Podría volver y seguiría siendo astronauta con calificación para viajar al espacio (ya hizo dos viajes al espacio, uno en 1998 de nueve días y otro en 2003 de diez). No sé cuantos años más me durará la salud pero lo intento», aclara con una sonrisa. «Voy a las pruebas médicas y trato de hacer ejercicio regularmente para mantener la salud. Se pasa un control anual, que es como un chequeo en el que miran todo lo que pudiera ser malo en seis meses vista porque cualquier cosa podría evolucionar mal en ese periodo».

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Y es que, según revela, «tal y cómo funcionan las naves espaciales tienes que tener muy buena salud. los vuelos al espacio ahora son de seis meses por lo que uno tiene que entrar con una salud perfecta: el corazón en esfuerzo, las piedras en el riñón… No es como un piloto de aerolíneas que está en casa y puede que le llamen para viajar mañana por la mañana. Estamos en casa en reserva y si te llaman tienes que volver en dos años y medio».

La dieta no es una de las preocupaciones. «No tenemos que controlarnos como un deportista profesional, pero sí que unas cuantas semanas antes de volar al espacio te hacen un control de dieta. Nunca he sido de comer mucho», señala.

Pese a la creencia popular es precisamente en el espacio donde se hace más deporte, aunque de manera no tan glamourosa como en las películas. «En la estación espacial, se hacen entre hora y media y dos horas de ejercicio incluso fuerte. No hemos llegado a tener la tecnología suficiente como para hacer naves tan enormes como el Discovery en 2001 y esa zona rotatoria en la que podía correr. A todo el mundo le gustaría y sería lo ideal para ir a Júpiter como era esa nave en la película. Sería lo ideal pero hacer una nave más grande de lo que es un cohete requiere un mecano y una complicación enorme. Allí tenemos una cinta de correr y está anclada para evitar que cada vez que pisas salgas hacia arriba despedido. Tienes un arnés en la cintura y unas gomas y herrajes que te atan al suelo. Ya cada uno sabe más o menos qué fuerza hay que darle para que parezca un correr normal. Hay una máquina polivalente de muelles (y resistencias eléctricas), no de peso, que se puede poner un montón de fuerza, bicicleta o gomas para mantener el cuerpo en tensión para cuando vuelvas y evitar problemas en los huesos y músculos».

«No hemos llegado a tener la tecnología suficiente como para hacer naves tan enormes como el Discovery en 2001 y esa zona rotatoria en la que podía correr, allí tenemos una cinta de correr y está anclada para evitar que cada vez que pisas salgas hacia arriba despedido»

A Duque le encantaba «jugar al baloncesto con los amigos pero hace años que no consigo hacerlo. Los de mi edad ya no lo practican». Normalmente opta por la elíptica en el gimnasio ya que es más operativo que el 'running' –«a veces los escoltas corren más que yo»– si bien reconoce que las actividades del mar le llaman más. «Sobre todo me gusta el buceo. No es un deporte que genere muchos músculos pero salgo satisfecho por haber utilizado máquinas, haber estado respirando aire enlatado, estar en ingravidez... Es un poco lo nuestro, el deporte de los astronautas», explica.

Hace un par de años estuvo con otras cinco personas viviendo diez días en un laboratorio submarino a 15 metros de profundidad en los Cayos de Florida. «Ahí duermes, con aire, y haces buceos de longitud infinita. Puedes estar todo el día, con un casco de metal... no con los buzos antiguos tan aparatosos como los de Tintín, pero hemos hecho experimentos con corales, probar material andando por el suelo como si estuviéramos en la Luna con unos pesos adecuados, experimentos de la fauna... Nos preparamos nosotros y ayudamos a los científicos», explica sin darse importancia.