Rivera en su laberinto

Ciudadanos está obligado a administrar su representatividad con cautela, tratando de sobrevivir a sus propias contradicciones

Rivera en su laberinto
Efe
Diario La Rioja
DIARIO LA RIOJA

La dirección de Ciudadanos anunció ayer que su prioridad es alcanzar acuerdos de gobierno con el PP, sin que el partido de Rivera contemple la eventualidad de negociar con Vox. Articular alianzas y coaliciones 'a dos' en distintas instituciones, sin conceder al partido que lidera Abascal la oportunidad de condicionar su política en una mesa de diálogo compartida. Lo que le haría más fácil pactar con el PSOE en algunas circunstancias, también en el Congreso. En años anteriores, Ciudadanos ha llegado a simultanear el pacto de legislatura suscrito con la socialista Susana Díaz para el Gobierno de Andalucía con el apoyo al PP al frente de la Comunidad de Madrid; y acabar conformando un gobierno 'bipartito' con los populares en la Junta, que hasta ayer mismo contaba con la anuencia de Vox, rota ante los presupuestos. En estos momentos Ciudadanos se enfrenta al supuesto de que podría verse obligado a formalizar directa o indirectamente -a través del PP- acuerdos con Vox, mientras que la mitad de su candidatura al Ayuntamiento de Barcelona, o incluso sus seis integrantes, podrían acabar votando a Ada Colau para la alcaldía con el objetivo de evitar la elección del independentista Ernest Maragall. Un abanico de opciones que desdibujaría la personalidad de Ciudadanos al convertirse en bisagra circunstancial de infinidad de combinaciones. La fragmentación partidaria, como expresión de la pluralidad social, insta a todas las formaciones representativas a alcanzar acuerdos de gobernabilidad con las demás. Pero esos acuerdos han de guardar un mínimo de coherencia en cada partido para que la política no se degrade en una suerte de subasta postelectoral propicia al oportunismo. Ciudadanos es el único partido que parece debatirse entre alianzas muy dispares; pero no por eso se asegura una posición central en el espacio político. El panorama postelectoral le obliga a decantarse hacia su derecha o hacia su izquierda, sin demasiado margen para la excepción. Pero sobre todo obliga a Ciudadanos a corresponder a sus votantes; cuyas intenciones al optar por el partido de Albert Rivera tampoco dan lugar a demasiadas dudas, ni en Madrid ni en las demás autonomías. Ciudadanos está obligado a administrar su representatividad con la máxima cautela, tratando de sobrevivir a sus propias contradicciones.