Muerte al efectivo

MARTÍN TORRES GAVÍRIA

No podía negarme a tomar la taza de té que los beduinos del Wadi Rum, siempre tan hospitalarios y amables, me ofrecían como despedida tras pasar una noche en su jaima del desierto jordano. Tras espantar con la mano un batallón de moscas del vaso me bebí aquel inolvidable té. Saqué la tarjeta para liquidar el tour y el beduino con su eterna sonrisa desdentada me lanzó en inglés: ¡No credit, only cash!

El PSOE ha presentado en el Congreso una proposición no de ley para eliminar gradualmente el pago en efectivo, hasta su desaparición definitiva. Además Hacienda está intentando por segunda vez, tras un intento fallido, limitar los pagos en efectivo a mil euros en vez de los dos mil quinientos actuales. Pero estas medidas van en contra del Tratado de la Unión Europea y de los criterios de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo que mantienen y defienden que los billetes y monedas son de curso legal. Y que la limitación de pago en efectivo a mil euros es una medida «desproporcionada». En defensa del efectivo el BCE ha sacado una circular en la que dice cosas tan interesantes como que la disponibilidad adecuada del efectivo es crucial para el funcionamiento de la economía.

Las tres cuartas partes de las transacciones de consumo de la Zona Euro se realizan en efectivo y países como Alemania, España e Italia están por encima de la media. Y sobre todo, y esto es lo importante, el efectivo es el medio de pago fundamental para la inclusión de ciudadanos socialmente vulnerables como son las personas mayores, el medio rural carente de oficinas bancarias y grupos de bajos ingresos. El efectivo o metálico es el único medio de pago público y gratuito. Este gobierno ha aprovechado el coronavirus para darnos gato por liebre en muchos aspectos, pero también en la eliminación del efectivo con la excusa de que el dinero contagia. Pues bien, la circular del BCE deja de manifiesto que en análisis realizados por orden del propio ente, el coronavirus no sobrevive fácilmente en una superficie de algodón (billetes) y es más difícil de transferir desde una superficie porosa, como lo es la de los billetes de algodón que desde una superficie lisa como por ejemplo las tarjetas de crédito.

Los poderes gubernamentales llevan tiempo intentando eliminar el dinero en efectivo de nuestros bolsillos. Sus argumentos se basan en que con ello se estimula el progreso tecnológico, se disminuyen los costes bancarios por la manipulación de efectivo, se facilita la lucha contra la economía sumergida y sobre todo se eliminan los negocios ilegales. Sin embargo un mundo sin efectivo sería más injusto y menos libre. No se puede dejar los medios de pago en el monopolio electrónico; un apagón eléctrico, informático (internet) o un ataque cibernético ocasionaría un caos mundial. La eliminación del efectivo amenaza la privacidad y la libertad individual. Antes para husmear en tu vida hurgaban en tu basura ahora simplemente miran el extracto de tu tarjeta de crédito y lo saben todo de ti: lo que consumes, dónde y cuándo. Sin embargo con el efectivo en tus manos tienes libertad y control para comprar lo que quieras sin dejar rastro. Me estoy refiriendo, por supuesto, a operaciones lícitas de consumo porque como decía un mafioso, «la tos y el dinero tienen el mismo problema y es que no se pueden ocultar».

La verdadera y oculta intencionalidad de la eliminación del efectivo es doble. Por un lado habría un control total de la riqueza de la ciudadanía y la recaudación fiscal sería sencilla y por supuesto bastante mayor. Y por otro lado, sería factible y realizable la aplicación de intereses negativos al ahorro. Si los aplicasen ahora los ahorradores sacarían el efectivo y lo llevarían al colchón antes de perder capital. Por tanto, cuando los poderes gubernamentales planteen medidas y traten de convencernos que son para nuestro bien, obviemos la propaganda y miremos un poco más allá. Siempre estará en juego nuestra libertad.

Martín Torres Gavíria. Miembro vinculado a EFPA España

Twitter @MTorresGaviria