¿POR QUÉ, ÉVOLE?

No es para nada habitual que en un espacio de una cadena nacional, con buena audiencia y en 'prime-time', se hable de cuadros u otras piezas abstractas. Es una pena que, siendo algo excepcional, se perpetúe la idea de que es un estilo incomprensible

MIKEL LABASTIDA

Lo de Tita Cervera era previsible, lo de Évole no tanto. Ha pasado más de un día y sigo sin entender el valor informativo de la entrevista a la baronesa Thyssen en 'Salvados'. Y no lo digo porque considere que ella carece de interés. Nos guste o no el personaje, no podemos obviar que es la propietaria de una de las colecciones de arte más importantes del mundo y, como tal, merece un retrato. Pero el asombro se despierta cuando se le convoca para preguntarle si sabe colgar un cuadro o sobre el agua que se vende en su museo. Eso resultó desconcertante. Es como si entrevistas a Amancio Ortega y lo que te interesa de él es si sabe coser una camiseta o su opinión sobre los posavasos que se pueden comprar en Zara Home. Tengo dudas de que eso pasase. Como dudo de que al fundador de Inditex se le interrogase por el porno que ve, algo que Évole valoró como importante en la charla con Cervera. Debe de ser porque el arte da pie a estas cuestiones. No se le ocurrió sacar el tema la semana anterior con Alfonso Guerra o en el programa en el que estuvieron Arrimadas y Montero. Y no será porque la política no sea pornográfica en muchas ocasiones.

De Évole me extrañaron otros comentarios, como ese tan manido de que las obras modernas no se entienden. No es para nada habitual que en un espacio de una cadena nacional, con buena audiencia y en 'prime-time', se hable de cuadros u otras piezas abstractas. Es una pena que, siendo algo excepcional, se perpetúe la idea de que es un estilo incomprensible para el común de los mortales o reservado solo para un número reducido de personas. O la forma en que abordó asuntos como los problemas legales que existen entre los descendientes del barón Thyssen por la herencia, como de soslayo, como si lo considerase un tema más propio de la 'prensa rosa' y no le hiciese sentir cómodo plantearlo. Qué necesidad tendría...

Y luego estuvo lo de Cervera: incapaz de citar un libro o un cuadro, confundiendo feminidad con feminismo, esquivando opiniones políticas... Pero eso me sorprendió menos, lo cual no deja en buen lugar a la entrevistada. Creo que el encuentro les hizo un flaco favor a ambos.