Los CDR pretenden movilizar a 270 grupos diferentes para su 'otoño caliente'

Enfrentamientos en una manifestación convocada por los CDR en marzo de 2018. /Efe
Enfrentamientos en una manifestación convocada por los CDR en marzo de 2018. / Efe

Interior contempla todo tipo de escenarios porque estas células han dado órdenes de improvisar según avancen los acontecimientos

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Con la Diada comenzará el tan cacareado 'Tardor Calenta' (Otoño Caliente) de los independentistas catalanes. Semanas de manifestaciones y protestas para mantener la «tensión en la calle», según confiesan los promotores de esta movilización bendecida por las más altas instancias de la Generalitat. Ambiente festivo y, sobre todo, reivindicativo y pacífico, prometen los organizadores. Pero los datos recabados en los últimos meses por los servicios de Inteligencia e Información del Estado no apuntan, al menos por el momento, a que el ambiente vaya a ser siempre tan jovial.

Los informes policiales consultados por este periódico (tanto de Policía como de Guardia Civil y CNI) vienen advirtiendo desde principios de agosto de que los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR) no tienen intención de conformarse siempre con acciones de «resistencia pacífica» y apunta a «acciones de residencia activa» en las próximas semanas.

Según los datos en poder de las fuerzas de seguridad, los CDR pretenden movilizar a, al menos, 270 grupos diferentes repartidos por toda la geografía catalana para el 'Tardor Calenta', aunque con especial énfasis en las provincias de Barcelona y Gerona. La llamada a la acción comienza el martes y pretende mantener la tensión, cuanto menos, hasta el 1-O, aniversario del referéndum secesionista.

Los informes policiales insisten en la alta posibilidad de que los CDR traten de bloquear la comunidad autónoma, como ya hicieron el 3 de octubre de 2017 (jornada de paro general), con acciones rápidas y contundentes para cortar el paso a estaciones (particularmente la de Sants, como ya hicieron hace casi un año), impedir el acceso al aeropuerto o al puerto de Barcelona o provocar cortes en las principales autovías y, en particular, en las conexiones con Francia. También planean convocar una nueva huelga general, mantener acampadas en varios lugares estratégicos de Barcelona (con vistas a poder cortar la Diagonal y otras arterias) y 'okupaciones' de los colegios en los que se produjeron los enfrentamientos más graves el 1-O.

Esas son las intenciones declaradas de varios de los grupos de los CDR que están siendo «monitorizados» muy de cerca por los expertos del Ministerio del Interior, pero en los servicios de Información en Cataluña (que han sido reforzados en agosto con funcionarios procedentes de Madrid, País Vasco y Navarra) hay muchas dudas sobre cuál es la fuerza real de esas células en la actualidad.

«Fuerza reactiva»

En primer lugar, porque su principal arma es la improvisación. «Su fuerza es esencialmente reactiva, se están preparando para aprovechar los momentos de tensión que puedan sobrevenir en un futuro inmediato y canalizar la movilización social», señalan altos responsables policiales, que apuntan a que los CDR irán decidiendo sobre la marcha si embarcarse en una espiral de acciones violentas dependiendo de cómo vayan evolucionando los acontecimientos, sobre todo tras la Diada.

La segunda gran incógnita de las fuerzas de seguridad, según revelan los documentos oficiales, es la «actual capacidad operativa» de los comités. Ni Policía Nacional ni Guardia Civil ni Mossos se atreven a apuntar un número de personas involucradas en los CDR ni con cuántos activistas podrían contar para posibles sabotajes. Con una organización por barrios, (en las grandes ciudades), pueblos, municipios, agrupaciones de municipios y comarcas, el número de personas que trabajan o colaboran con ellos «es muy variable».

No obstante, varios expertos señalan que -sin una intervención policial que los pare- menos de 5.000 personas pueden bloquear la comunidad en breves periodos de tiempo.

Los CDR, sostienen los investigadores, además, han evolucionado mucho durante el último año. «Vivieron su momento de máximo esplendor con el 1-O y movilizaciones posteriores de finales de 2017. Desde entonces, la participación regular en las actividades que organizan los CDR ha disminuido significativamente con el paso del tiempo, pero han mejorado en organización y coordinación, dotándose de estructuras más adecuadas», afirma uno de los agentes que mejor conoce a estos grupos, y que asegura que mucho de los comités ahora, incluso, cuentan «con asesoramiento jurídico previo sobre las responsabilidades tanto penales como administrativas en que pudieran incurrir».

También han mejorado sus comunicaciones. Los canales públicos de Telegram, Twitter o Facebook continúan pero ahora hacen uso de otros aplicaciones «seguras» de mensajería como Signal, tras comprobar que hace un año buena parte de sus movimientos fueron conocidos por las fuerzas de seguridad a través de simples «fuentes abiertas».

La organización «asamblearia clásica», con la que nacieron antes del 1-O como Comités de Defensa del Referéndum, también se ha transformado en los últimos meses. A pesar de que cada comité sigue siendo «soberano», los CDR ya se han dotado de órganos de coordinación territoriales, (ya hay 13 CDR territoriales) agrupados por proximidad geográfica, amén de una Asamblea Nacional, donde participarían representantes de los comités territoriales.

Así las cosas, los servicios de Información centran sus pesquisas en los grupos más activos: la aglomeración metropolitana de Barcelona, (CDR Gràcia especialmente); las comarcas del Vallés, tanto oriental como occidental, y El Maresme (también en Barcelona); la zona nororiental (Gerona) y las comarcas de Osona y Ripollés (igualmente en Gerona).

En realidad los grupos que más preocupan de estas zonas son los CDR que están «dinamizados» por organizaciones independentistas radicales como Arran, (organización juvenil de las CUP ) o el SEPC, (Sindicat d´Estudiants dels Països Catalans) que ya se han visto envueltos en acciones radicales en el pasado año.

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