García-Margallo, el verso suelto que quiere presidir el PP

A sus 73 años, es conocida su forma desinhibida de expresarse, que no siempre coincide con la postura oficial de la mayoría de sus correligionarios

EFEMadrid

José Manuel García-Margallo, que a los 73 años está dispuesto a presidir el PP, es un verso suelto dentro del partido y ya cuando era ministro de Asuntos Exteriores era conocida su forma desinhibida de expresarse, que no siempre coincidía con la postura oficial de la mayoría de sus correligionarios.

Conocida es su falta de sintonía con la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría durante esos años en que los dos coincidieron en el Ejecutivo de Mariano Rajoy, diferencias que se incrementaron en los últimos tiempos, especialmente desde que Rajoy dijo que se apartaba de la Presidencia del PP.

Fue entonces cuando el exministro llegó a decir que iba a hacer «todo lo posible» para impedir que Sáenz de Santamaría ocupara la portavocía del PP en el Congreso y llegó a comparar su poder con el de Godoy.

En varias ocasiones la ha culpado de tomar «decisiones equivocadas», especialmente en Cataluña, y de ser «la única responsable» de todas las decisiones estratégicas, aunque siempre ha dejado claro que sus discrepancias son políticas y no personales.

Rajoy prescindió de García-Margallo en noviembre de 2016, tras la legislatura fallida que obligó a repetir elecciones en ese año, por lo que ejerció casi cinco años como titular de Exteriores, en los que no obvió ningún tema por polémico que fuera: desde Cataluña a Gibraltar o Venezuela, y dotó a la política exterior de un nuevo marco legislativo con la aprobación de numerosas leyes.

Actualmente es diputado y presidente de la Comisión mixta de Seguridad Nacional, donde hace valer su experiencia en asuntos de la Unión Europea y sus conocimientos en materia de economía.

Con más de 37 años de diputado a las espaldas, la mitad en Europa y la otra en el Congreso, García-Margallo sigue en la Cámara Baja como parlamentario por la circunscripción de Alicante.

Estrecho amigo de Rajoy desde hace años, se le atribuyó ser cabecilla del llamado G8, el grupo de los ocho ministros más cercanos y amigos del entonces presidente del Gobierno, aunque algunos acontecimientos les ha llevado a distanciarse.

Tajante en sus decisiones

Analista refinado, buen orador y de carácter abierto y cordial, siempre ha expresado su opinión en todos los temas, aunque le costara críticas incluso dentro del Gobierno, y ha sido tajante en sus decisiones, como por ejemplo en la destitución de embajadores cuando fue ministro.

García-Margallo fue el ministro más veterano de Rajoy, nació en Madrid el 13 de agosto de 1944, es licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto (Bilbao) e inspector de Finanzas del Estado desde 1968.

Europeísta convencido, la carrera de diputado de García-Margallo arrancó con las Cortes Constituyentes en 1977 por la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez.

Desde que tomó posesión de su cargo el 22 de diciembre de 2011, siempre se implicó en el proceso soberanista catalán y defendió que una Cataluña independiente quedaría fuera de la UE.

Esa implicación le ha acarreado las mayores críticas, especialmente porque era el ministro de Exteriores, lo que no le impidió participar en un debate electoral con el líder de ERC, Oriol Junqueras.

Gibraltar fue su otra obsesión durante su mandato: nada más tomar posesión, dejó clara su postura en una conversación con un eurodiputado británico al que soltó: «Gibraltar, español».

Afrontó también un deterioro en las relaciones con el Gobierno venezolano de Nicolás Maduro, llamando a consultas hasta en dos ocasiones al embajador en Caracas.

Uno de sus logros fue conseguir para España un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante 2015 y 2016.

García-Margallo domina el francés e inglés y entiende el italiano y el portugués.

Al margen de su labor política, ha escrito varias obras centradas en la crisis y en el papel de Europa, y como ministro le dedicó muchas horas a su último libro, «Todos los cielos conducen a España. Cartas desde un avión».

 

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