Cuatro años de agitación al frente de la Corona

2-2-2016. El Rey recibe a Rajoy en una de las rondas de consultas tras las elecciones./AFP
2-2-2016. El Rey recibe a Rajoy en una de las rondas de consultas tras las elecciones. / AFP

Felipe VI ha afrontado en este tiempo situaciones inéditas en las casi cuatro décadas anteriores de democracia | El órdago soberanista en Cataluña y la gestión del bloqueo político han marcado su labor como jefe del Estado

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Cuando el 19 de junio de 2014 Felipe VI asumió su papel como jefe del Estado lo hizo en unas circunstancias difíciles. La crisis económica comenzaba a diluirse lentamente, pero aún había 4,5 millones de españoles en el paro. Crecía el desapego generalizado a las instituciones, espoleado por los sucesivos casos de corrupción, y la popularidad de la Monarquía se encontraba en su nivel más bajo tras la accidentada cacería de Botsuana y la imputación en el 'caso Nóos' de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin. Y todo ello, en medio del envite de los independentistas catalanes, que aprovechaban el malestar social para continuar su huida hacia adelante.

Cuatro años después del relevo en la Corona, España es el único país de la zona euro que mantiene su ritmo de crecimiento y, aunque el paro sigue siendo muy elevado, el número de desempleados ha descendido a 3,2 millones. A tenor de las encuestas, el Rey ha conseguido detener la hemorragia que sufría la institución pero no lo ha tenido fácil. En estos 42 meses ha debido afrontar situaciones inéditas en las casi cuatro décadas anteriores de democracia.

El bloqueo institucional

Su papel como árbitro

Felipe VI no ha vivido en las plácidas aguas políticas en las que reinó su padre Juan Carlos I tras la Transición. La incapacidad de las fuerzas políticas para formar Gobierno tras el 20 de diciembre, derivada de una fragmentación parlamentaria sin precedentes, sometió a una dura prueba a las instituciones del Estado, empezando por el Rey. Por primera vez un candidato propuesto para la investidura fracasó en el intento (Pedro Sánchez en marzo de 2016) y, por primera vez también, un dirigente político (Mariano Rajoy) se negó a aceptar la encomienda real de ser investido por el Congreso metiendo al país en un territorio hasta entonces desconocido.

Aquel bloqueo puso de manifiesto el vacío legal que encerraba la Constitución, al no establecer el mecanismo que el Monarca debía aplicar en caso de que no hubiera ningún candidato con opciones de ser elegido presidente del Gobierno. A esa dificultad se añadieron las presiones de los partidos, que trataron de aprovechar ese vacío legal para interpretar la ley a su favor. El Rey no cedió a las presiones y, tras diez meses de parálisis, cinco rondas de consultas y dos elecciones, consiguió superar la primera prueba de fuego de su reinado y retomar su agenda, paralizada con tanto vaivén político.

Cataluña y el desafío soberanista

Su propio 23-F

El pasado 3 de octubre Felipe VI hizo su apuesta más arriesgada. Con la crisis catalana en su punto álgido tras el referéndum ilegal del 1-O, el Monarca dio un paso al frente y realizó una declaración institucional para posicionar a la Corona ante el desafío independentista. En tono duro y firme, hasta ahora inédito en sus discursos, Don Felipe se dirigió a los españoles como hiciera su padre el 23-F para señalar la deslealtad de las autoridades de la Generalitat e instar a todos los poderes del Estado a defender la Carta Magna.

Fue una intervención directa y con mensajes claros, en los que no hubo ninguna concesión: ni apelaciones al diálogo, ni palabras en catalán. En estos cuatro años, el Rey ha dejado patente que Cataluña ha sido y será una de sus principales preocupaciones. Su visita más difícil la hizo el pasado verano tras los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils, que se cobraron la vida de 16 personas. A la capital catalana regresó días después para encabezar la manifestación contra el terrorismo, entre los abucheos y silbidos de los separatistas, que supuso ya un aviso de lo que los soberanistas estaban preparando.

Renovación de la institución

Plan de choque

Cuando recogió el testigo de manos de su padre, Felipe VI aceptó el reto de reconstruir la imagen de la Corona y adaptar la institución a los nuevos tiempos. Se dio prisa. Le apremiaban el estado débil de la Monarquía pero también la calle. Con la popularidad de la Corona en mínimos, el Rey decidió romper con el pasado y aplicar un plan de choque para tratar que la institución fuera «íntegra, honesta y transparente». Decretó que la Familia Real (en la que solo incluyó a los cuatro reyes, a la princesa de Asturias y a la infanta Sofía) únicamente puede tener actividad institucional. Impulsó medidas de austeridad (se rebajó un 20% el sueldo), instauró una auditoría externa de las cuentas, prohibió recibir regalos caros y aprobó un código de conducta para los empleados de la Casa. Asimismo, activó un cortafuegos alrededor de su hermana Cristina y su marido, a los que revocó el ducado de Palma, otorgado por Juan Carlos I con motivo de su boda.

Discusión entre las reinas tras la misa del Domingo de Pascua.
Discusión entre las reinas tras la misa del Domingo de Pascua. / R.C.

La sonada ausencia en el Congreso

La sombra de Juan Carlos I

En La Zarzuela están satisfechos con el balance de estos años, donde solo ha habido un reproche: que el Monarca no invitara al Congreso a su padre el día que se celebraban los 40 años de las primeras elecciones democráticas. El exjefe del Estado hizo saber entonces su incomodidad por no haber participado en el acto pese a haber desempeñado un papel clave en la Transición. «Han invitado hasta a las nietas de La Pasionaria», reconoció a su círculo. Tras el error, Casa Real decidió homenajear la figura del Rey emérito en varios actos a lo largo de este año.

Tensión entre los muros de palacio

En pleno auge del independentismo y con algunos líderes políticos cuestionando, de nuevo, la legitimidad de la Monarquía, Felipe VI ha tenido que hacer frente en estos cuatro años a sucesivas crisis políticas, pero también familiares. La última, y no menos grave, fue el desencuentro público de su madre y su esposa en la catedral de Palma el Domingo de Resurrección y la escenificación posterior del reencuentro entre ambas, no sin que antes la reina Letizia fuese abucheada en un acto en Madrid. De cara al exterior la relación entre las dos reinas siempre había sido extraordinaria.

Pero entre los muros de La Zarzuela el deterioro en las relaciones entre ambas es evidente. La posición de doña Sofía al lado de su hija Cristina y su intento por mediar entre ella y el Rey, no han sido bien vistos por su nuera, que ha visto como el 'caso Nóos' ha dañado la imagen de la Corona. Además, las dos tienen opiniones contradictorias sobre el destino de la infanta ahora que su marido va a ingresar en prisión.

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