«Me he topado a veces con cierta condescendencia machista»

«Me he topado a veces con cierta condescendencia machista»
Juan Marín

Para ella, siguen siendo asignaturas pendientes la conciliación real de la vida laboral y familiar y la equiparación salarial entre hombres y mujeres

LA RIOJA

La consejera de Presidencia, Relaciones Institucionales y Acción Exterior del Gobierno riojano, Begoña Martínez-Arregui, reconoce que, en su vida laboral y cuando era más joven, se topó, a veces, con «cierta condescendencia machista».

Martínez Arregui (Logroño, 1967), también portavoz del Ejecutivo riojano desde julio de 2015 y licenciada en Ciencias Sociales y de la Información, se considera feminista al entender que es «irrenunciable» luchar por la igualdad legal y real entre hombres y mujeres.

Para ella, siguen siendo asignaturas pendientes la conciliación real de la vida laboral y familiar y la equiparación salarial entre hombres y mujeres.

Martínez Arregui, quien fue, entre 1995 y 2015, directora del Gabinete de Presidencia del Parlamento de La Rioja y, antes, ejerció el periodismo en distintos medios de comunicación riojanos, considera que el feminismo le ha ayudado a tener unos principios claros y a defenderlos; aunque reconoce que «queda mucho por hacer».

Cercana, afable y accesible en su quehacer diario, la consejera ha hecho estas reflexiones en las declaraciones que ha hecho a Efe con motivo de la celebración, el próximo viernes, 8 de marzo, del día Internacional de la Mujer.

- ¿Se considera feminista? ¿Por qué?

-Sí. Me parece irrenunciable luchar por la igualdad legal y real entre hombres y mujeres y pienso, además, que serlo y practicarlo es un reconocimiento a todas las mujeres que antes que nosotras han luchado por avanzar en la defensa de nuestros derechos. No solo hacia las que han estado en la primera línea política y social, también a nuestras madres y abuelas, que advirtieron la importancia de fomentar la educación superior y universitaria, el acceso al mundo laboral y, en definitiva, nuestra independencia.

-¿Le ha ayudado el feminismo?

-Ayuda a tener principios claros y defenderlos, aunque en este ámbito queda mucho por hacer y cada mujer, en su responsabilidad, tiene que seguir trabajando para romper techos de cristal. En la administración, el acceso a la función pública por igualdad, mérito y capacidad demuestra que no hay barreras para las mujeres, pero estos principios no se aplican en los nombramientos de puestos directivos en empresas, en consejos de administración, en la universidad...

-Díganos qué dos medidas cree que deberían implantarse para mejorar la igualdad.

-La conciliación real de la vida familiar y laboral y la equiparación salarial son aún asignaturas pendientes. Creo que se han hecho esfuerzos legislativos en este sentido, pero tienen que tener una correspondencia real en el ámbito laboral, es necesario un cambio en la cultura organizativa de las empresas y administraciones. La igualdad salarial solo se puede abordar como una cuestión de justicia. Por otro lado, me parece preocupante que se continúe ofreciendo una imagen estereotipada y bochornosa de la mujer a través de cierto tipo de música, de series, anuncios e, incluso, en las redes y que las niñas y adolescentes no reparen en ello. Creo que hay que insistir en educar en igualdad en la familia y en los centros escolares. Atendiendo a esta responsabilidad, desde la administración vamos a editar una guía de estilo para el tratamiento igualitario de la mujer en la comunicación y la publicidad. Y, por encima de todo, pienso que tenemos que seguir dedicando todos los esfuerzos, como individuos y como sociedad, a prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres.

-¿Se ha encontrado con algún obstáculo por ser mujer? ¿Cuáles?

-No obstáculos como tales, pero, en el ámbito laboral, siendo más joven, me topé a veces con cierta condescendencia machista y, a día de hoy, también siguen siendo frecuentes comentarios y actitudes cotidianas alejadas de la verdadera igualdad. Creo que la mayor parte de las veces son inconscientes y no malintencionadas, pero advertirlo es imprescindible para cambiar los roles de género que se van transmitiendo generación tras generación.