La Rioja de punta a punta en coche eléctrico

Recorremos la región en un modelo eléctrico. La autonomía y los escasos puntos de carga siguen siendo sus principales inconvenientes

Miguel Martínez Nafarrate
MIGUEL MARTÍNEZ NAFARRATELogroño

En el mundo de ficción de Blade Runner, el coche de Harrison Ford volaba en el año 2019; en Regreso al Futuro II, con los restos de una lata de cerveza y una monda de plátano, el DeLorean despegaba en una estrecha calle. Por donde se mire, la predicción es que todos los cachivaches que nos transporten en el futuro no pisarán el suelo.

Aterrizo en la vida real. Aparco mi viejo penco y me dispongo a probar un coche eléctrico, cien por cien enchufable. De Foncea a Valverde. Ese es el objetivo. Algo más que la jota. Claro que hay que ir y volver desde Logroño. El plan es meter kilómetros y ver qué se siente cuando te quedas con la pila temblando.

El concesionario de Renault de la avenida de Burgos de Logroño nos presta un modelo Zoe. Por ser precisos, nos lo presta su gerente Jesús Romero. El coche luce esplendoroso unas formas que huyen de cualquier atisbo futurista y que se camufla en el paisaje urbano. Exhibe unas imponentes pegatinas en las que se lee un tremendo 400 en referencia a la autonomía de un vehículo que todavía tiene ese evocador olor a nuevo.

Logroño-Foncea, 71 kilómetros

Carretera: N-232

Romero nos advierte: «No hagas caso de ese 400». Averiguamos que según qué tipo de homologación se haya realizado, unas cifras se van a las parras o son más realistas. «La realidad es que este coche acumula una carga válida para recorrer 280 kilómetros, pero mira, es que hoy, (realizamos la prueba el 6 de febrero) como hace tanto frío, la batería cargada al cien por cien nos da para 215 kilómetros de autonomía», explica.

La cosa se pone interesante porque vamos a tener que conducir con esmero para no quedarnos sin chispa y tener que llamar a mi prima para que nos saque con la grúa. Los 71 kilómetros de Logroño a Foncea más los 178 de Foncea a Valverde nos obligarán a hacer parada y carga. Calahorra se convierte en nuestro punto clave. Allí tiene instalado Iberdrola un punto de recarga en la gaso-electrolinera de López Araquistain, en pleno casco urbano. Claro que para ello hemos llamado un día antes no vaya a ser que las cosas del Internet no se ajusten a la realidad. En principio está todo calculado. También están avisados todos los concesionarios de Renault. En Haro, de paso, tienen también un punto de recarga.

Me pongo al volante y ¿arranco? Sí, he arrancado. El coche está en marcha. Ni un ruido. Palanca automática. Paso mi empeine izquierdo por detrás de mi pierna derecha. No vaya a ser que deje las gafas en el parabrisas en un frenazo de zurda. Un display nos avisa de la carga de la batería y realiza una previsión de los kilómetros que nos quedan en función del tipo de conducción que se ha hecho. Un ordenador de a bordo nos relata el consumo en vatios instantáneo y el promedio.

El lenguaje es nuevo y cuesta asimilarlo. Entiendo lo de los litros, pero me resulta novedoso hablar de vatios. Cuestión de tiempo. También hubo un tránsito de pesetas a euros. Hemos decidido rodar por carreteras convencionales. Nada de autopistas ni autovías. El consumo se dispara cuando mantienes el pie pisado en modo crucero, a diferencia de un coche de combustión. La orografía cambiante de una carretera nacional nos dará más alternativas para sentir de qué es capaz el coche y ver también cómo se recarga cuando el relieve, frenadas y desaceleraciones lo permitan.

Acaban de cambiar los límites de velocidad y eso ayudará a reducir consumos. Conduzco como lo hago de manera habitual. Tranqui. Pulso el botón 'eco'. En ese modo el coche tira de las riendas del motor y sacrifica sus virtudes para hacer una entrega de potencia más sosegada y progresiva. Para viajar a 90-95 km/h me sobra.

Al punto de la mañana todavía se encienden los faros en modo automático. Los apago. Dejo de fondo y muy bajito la música de la radio. La conversación con mi cámara, Andrea Aragón, es bastante más interesante. El navegador lo ponemos en marcha, no porque no sepamos ir de memoria, es que nos avisa de los radares y zonas de recarga y toda ayuda es bienvenida. El climatizador también está encendido. No está la mañana para bromas con esos tres graditos. Seguro que con mejor tiempo estiraría la batería hasta el límite, pero vamos a ser realistas, la prueba no es para batir récords, es para conducir de manera normal.

Después de un rato acomodamos el oído al sonido de la marcha del coche. El coche lleva un calzado de anchura generosa con un dibujo específico de Michelin para vehículos eléctricos. Las gomas suenan en el asfalto y el viento rodea la arquitectura del coche. Sin querer, el oído se acomoda y nos olvidamos de que se trata de un coche eléctrico.

Toca adelantar a un camión. Desconectamos el 'eco' y el coche reacciona de manera muy generosa. Estira sus caballos sin pereza y nos muestra de qué es capaz. La maniobra es limpia y rápida. Volvemos a pulsar.

Lo que no va a cambiar, por mucho que los coches vayan con gasolina, gasoil, butano, hidrógeno, gasógeno o bocadillos es la puñetera manía de algunos conductores que se pegan a un palmo de tu coche, te dan las luces y tiran de bocina para advertir al resto de los conductores «aparta de ahí que soy el p... amo». Miro mi velocidad y es óptima, claro que el bicho que viene por detrás es un camionazo enorme que impone. Si piso el freno nos come. Estamos a punto de llegar a Foncea y la carretera se empina y presenta unas curvas fantásticas para volver a quitar el 'eco'. El Zoe se desmelena y tira para arriba con decisión. Abrimos brecha. Bye, bye.

Foncea-Haro, 23 kilómetros

Carretera N-232

Llegamos a Foncea. Cuadran los números. Unas fotos frente al frontón y un reconocimiento a las obras del entorno de la iglesia. El termómetro ha subido a unos 'emocionantes' 5 grados. Las vistas son fantásticas y la huella de la nieve se siente en el entorno. Son las 11.13 horas y hemos decidido que paramos en Haro a meterle una carga al coche antes de tirar hasta Valverde. Ya volveremos a cargar si hiciera falta en Calahorra.

Haro-San Asensio, 21 kilómetros

Carretera N-232

Saludamos a Iván Galar, responsable del concesionario de Haro. Un café mientras el coche carga. Lo conecta a la red. La batería está a un 60% y después de media hora de charla y café miro a ver qué cuenta el display. ¡Un 62 % y un tiempo estimado de recarga superior a las diez horas! ¿Ehhh? ¿Cómo?

San Asensio-Calahorra, 82 kilómetros

Carretera N-232

Cambio de planes. Decidimos ir a Calahorra y ya cargaremos allí. Un pincho de tortilla en San Asensio después y a unos esperanzadores 9 grados pisamos del tirón a la bimilenaria. El perfil de la N-232 ayuda a conservar energía. Nos damos el gustazo de verlo cargar en la bajada del torno de Osborne y en la cuesta de la Zanussi y sufrir en el pecho de Buicio, pero aguantamos la tentación de quitar el 'eco'. En la conversación no falta el comentario: «¿De qué tipo será el cargador de Calahorra? ¿Lento, rápido...? ¿Habrá que reservar hotel?».

Red de puntos de recarga

A fuerza de ser sincero, sí me compraría un utilitario de gasolina con una autonomía de 300 kilómetros porque sé que hay una gasolinera a cada paso, pero un eléctrico... Será cuestión de esperar y aguardar a la extensión de la red y no dudo que las baterías lograrán en poco tiempo multiplicar su efectividad. La frase 'Mi móvil hace fotos' hace mucho que está superada. Ahora surgen cuestiones del tipo: ¿Habrá energía para todos? ¿De qué me sirve ser ecológico o me lo exige el Gobierno si al final la chispa viene de las nucleares, el gas o el carbón? ¿Para cuándo la energía inagotable de las nucleares de fusión? Por cierto, si va a ser inagotable... ¿nos abaratarán el recibo?

Calahorra: comida y carga

A cargar. El poste ya incluye el cable. Y a cargar... A cargar una aplicación en el móvil. Sí. Para empezar el repostaje tienes que descargar la aplicación 'Recarga pública Iberdrola'. Nos piden los datos. Correo electrónico, contraseña, el número del 'plastic fantastic' (visa), el de control... «Vuelva a confirmar»... Una taba. Lo primero que te piden es que hagas una 'bolsa' de dinero. Pongo 20 euros y que vaya tirando de ahí. No tengo ni idea de a cómo está el cuarto y mitad de vatios.

Miradita al display y el Zoe está a un 33 por ciento. El viaje ha sido tranquilo y la carretera 'picaba' para abajo, lo que nos ha ayudado a ser conservadores. Rápidamente pasa a un 34 y se activa el tiempo estimado de recarga. Dos horas. Suspiro. Comparado con las 10 de antes... A comer. Más preguntas. ¿Y si alguien nos desenchufa el coche? El cable solo se desbloquea con el mando del coche.

«Fíjate, estamos comiendo tan panchos mientras cargamos el coche». Resulta extraño, pero ¿y si viene otro coche a cargar? Pues tendrá que esperar a que acabe el que tiene por delante.

Los fabricantes ya saben que las recargas son el punto débil de esta tecnología cien por cien eléctrica. En Renault han pensado en un sistema de paradas cortas para que un robot cambie el cajón de las pilas en una parada rápida en el caso de que el cliente escoja la opción del alquiler de las baterías. El Zoe cuesta 28.000 euros, de los que unos 9.000 o 10.000 se los lleva el litio.

Con el fin de preservar las pilas y no someterlas a un estrés innecesario, en Renault evitan las recargas ultrarrápidas en beneficio de una mayor duración de la batería. Cuando se consigan paradas cortas y recargas del cien por cien (bien sea por cable bien inducción bien por cambio de batería) la opción eléctrica será una baza muy sugestiva como lo sería una autonomía de 500 kilómetros reales. Es más, el futuro traerá baterías más eficientes para el mismo espacio en el que ahora se albergan las actuales. Entonces, las cosas sí que serán más que interesantes. Es más, viajar de Logroño a Cádiz no tendría más inconvenientes que la incontinencia de sus ocupantes.

Calahorra-Valverde, 50 kilómetros

¿Cuánto ha costado?

Dos horas después recogemos el coche. Luce un magnífico, esplendoroso y relajante 100% en la pantalla. ¿Cuánto ha costado ese 67% de carga que le faltaba? Iberdrola me 'enchufa' 8,93 euros por 220 kilómetros. Echo cuentas y sale a 4,05 euros los 100. Pienso en un diésel, con un consumo medio de seis litros, y la cifra se va a 7,14 euros por 7,51 en el caso de un gasolina.

Salgo ganando, pero necesitaría echar muchas cuentas para ver si me resulta rentable dar el salto. Me dicen que los eléctricos no pagan en zona azul. Debería echar más cuentas llegado el caso, lo mismo que si alquilo o no alquilo la batería. En mi casa debería hablar con los vecinos para colocar un cargador en el garaje, que vale una pasta, y además, aumentar la potencia doméstica con mi compañía. Más números. El consejo es enchufar en horas valle y así la factura se abarataría. Más cuentas.

Valverde-Logroño, 101 kilómetros

Cien por cien de sosiego

Ese cien por cien aporta tanto sosiego emocional como energía para llegar hasta Valverde y volver a Logroño relajadamente. La experiencia ha sido estupenda, pero tengo mis dudas. El Programa MOVES del Gobierno me allana las cosas porque el dinero es importante a la hora de comprar un coche, pero mantengo mi indefinición. Es el futuro, sí, pero. ¿Y un híbrido? No lo tengo tan claro. El motor de combustión va siempre forzado para cargar mi propia batería. ¿Un híbrido enchufable? Sí. Me daría carga para unos 60 kilómetros y acceso garantizado al centro de las grandes ciudades y gasolina para galopar largo y tendido.

Volvemos al punto de partida con la mezcla de lo gratos que han resultado los cerca de 350 kilómetros recorridos a bordo del Renault Zoe, pero también nos invaden las dudas. Los fabricantes deberían ponerse de acuerdo en determinados estándares, como conexiones idénticas y modelos de baterías y puntos de recarga o su alojamiento. No tardará, como tardó en estandarizarse el conector del móvil o el USB.

En España, por otra parte, se debería investigar en este terreno y empezar a fabricar baterías para no tener que comprar fuera como ahora hacemos con el petróleo y en puntos de recarga solares y sin impuestos al sol.