Los espejos en los que se mira Davalillo

Davalillo. El castillo de San Asensio requiere una intervención urgente, ya sea pública o privada. /Albo
Davalillo. El castillo de San Asensio requiere una intervención urgente, ya sea pública o privada. / Albo

Agoncillo, Arnedo, Leiva, Sajazarra, Cornago... El mapa de La Rioja está lleno de castillos restaurados, unos con ayudas públicas y otros gracias a las inversiones de sus propietarios

Pío García
PÍO GARCÍALogroño

Cuando uno se acerca al castillo de Aguas Mansas, en Agoncillo, teme que en cualquier momento Ivanhoe salga a caballo por la puerta. Hay pendones colgando sobre una fachada severísima y adusta, inexpugnable. Su ferocidad, sin embargo, se esfuma cuando uno cruza el foso: por ahí no hay caballeros andantes ni damas con el cinturón de castidad bien apretado. Solo hay funcionarios, ordenadores y papelitos amarillos pegados sobre las mesas. El castillo de Aguas Mansas, antigua propiedad del rey Carlos II el Malo de Navarra, de los condes de Siruela, de los Medrano y de los Frías Salazar, oficia ahora como ayuntamiento de la ciudad. Gracias a su última metamorfosis -por poco heroica que resulte su actividad burocrática-, el castillo ha conseguido sobrevivir. Durante las guerras carlistas había servido como cuartel y luego se convirtió en vivienda de varias familias. En los años setenta y ochenta, transformado en almacén y cuadras, suscitaba una melancolía atroz: le habían pegado casuchas en sus bajos, estaba medio derruido y solo los torreones evocaban un pasado airoso, demasiado lejano.

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La suerte de Aguas Mansas cambió en 1983, cuando fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional. El Ayuntamiento de Agoncillo lo compró y adquirió también los inmuebles circundantes. La Consejería de Cultura, por su parte, encargó el proyecto de restauración al arquitecto Jesús Marino Pascual. La intervención finalizó en 1997. «Desde el principio se pensó en darle ese uso concreto -advierte Pascual-. El antiguo consistorio ocupaba precisamente una de las casas que se tenían que derruir porque estaban pegadas al castillo».

La suerte de Agoncillo quizá la envidien ahora los vecinos de San Asensio, que contemplan cómo el emblema de su municipio amenaza ruina. El castillo de Davalillo ocupa una colina a varios kilómetros del pueblo, tiene una notable importancia histórica y define desde hace siglos el paisaje de La Rioja Alta. Los herederos del Marqués de Riscal acaban de vendérselo a CVNE y ahora el Ayuntamiento se encuentra ante una disyuntiva peliaguda: puede recomprarlo, ejerciendo su derecho de retracto, o dejar que la nueva bodega propietaria lo convierta en su sello enoturístico. El alcalde de la villa riojalteña, Juan Francisco Blanco (PSOE), se ha mostrado dispuesto a convocar una consulta popular para decidirlo. El problema no es tanto el precio actual de la fortaleza (unos 70.000 euros), sino la cantidad de dinero desmesurada que habría que desembolsar luego para mantenerlo en pie. «Solo consolidar las ruinas costará unos 500.000 euros; pero más tarde habrá que invertir millones», indica Jesús Marino Pascual. El arquitecto elaboró, por encargo del municipio de San Asensio, un informe sobre el estado de Davalillo. «La intervención es muy complicada -expone-. Porque, además, deben realizarse labores arqueológicas de envergadura, tanto dentro del castillo como fuera, en donde a simple vista son perceptibles huellas de cercos y restos de muralla. Hablamos, por lo tanto, de una obra muy costosa y muy larga».

Mucho más gravosa de las que se han estado desarrollando en Nalda o en Quel, con recintos mucho más reducidos y manejables. En la villa riojabajeña, por ejemplo, bastaron unos 220.000 euros -sufragados por el Ayuntamiento y por los fondos europeos de desarrollo rural- para mantener en pie la torre fuerte y convertir, en palabras de su alcalde, Víctor Rada, «una ruina en un monumento». Pero la intervención en Davalillo «no tiene nada que ver», puntualiza Jesús Marino Pascual. Incluso superará previsiblemente en coste y en tiempo la reciente restauración del castillo de Arnedo, que ha supuesto un desembolso cercano a 1,3 millones de euros. En el caso de la ciudad del calzado, el Ayuntamiento pagó el 25% de la obra y el Ministerio de Fomento se hizo cargo del resto. El departamento que hoy dirige José Luis Ábalos tiene por ley la obligación de destinar el 1,5% del coste de cada obra pública «a la financiación de trabajos de conservación o enriquecimiento del patrimonio histórico español, o de fomento de la creatividad artística». Estos fondos estatales fueron los que permitieron la resurrección del castillo de Arnedo y los que podrían contribuir también a recuperar Davalillo... si hay suerte. La concesión no es automática, sino «en régimen de concurrencia competitiva» con otros proyectos de todo el país. Y, como cualquier viajero atento sabe, en España hay mucho monumento andrajoso y suplicante.

El dinero del '1,5% Cultural'

Para acceder al '1,5% Cultural' del Ministerio de Fomento, el Ayuntamiento de Arnedo tuvo que sortear algunos obstáculos nada baratos: primero se encargó la redacción de un Plan Director y luego una memoria con la que se presentó formalmente a las ayudas ministeriales. La iniciativa tuvo éxito, pero antes de recibir un solo euro los arquitectos (Rabanaque y asociados) tuvieron que elaborar el proyecto definitivo y el interventor municipal suscribió un informe en el que acreditaba que el Ayuntamiento de Arnedo tenía músculo financiero suficiente para afrontar su parte de la inversión. «Las obras comenzaron en verano del 2016 y finalizaron el 29 de agosto del 2018. No hubo ningún problema con el Ministerio, ni con el anterior Gobierno ni con el actual», resume el alcalde, Javier García. «Lo principal era inyectar hormigón en la base para consolidar la ruina y evitar el peligro de derrumbe. Posteriormente se afrontó la urbanización, además de una campaña arqueológica que nos arrojó sorpresas como la aparición del pavimento original y un enterramiento de la época musulmana, lo que no nos incrementó el coste, pero sí nos obligó a modificar el proyecto. Ha sido un proceso laborioso, muy complicado, pero resuelto con éxito».

La exploración arqueológica también será imprescindible en Davalillo y Jesús Marino Pascual aventura emociones fuertes «tanto dentro del castillo como en su entorno, donde son perceptibles a simple vista huellas de cercos y restos de muralla».

Los fondos europeos -en este caso del programa Leader- y el Ministerio de Fomento también ayudaron a devolver su esplendor a las murallas de San Vicente de la Sonsierra, aunque el Ayuntamiento no se libró de pagar su parte. En total, las inversiones ascendieron a 3,23 millones de euros (de los que 2,9 llegaron en forma de diversas subvenciones) y se desarrollaron en varias fases durante trece años, desde el 2004 hasta el 2017.

En Sajazarra, sin embargo, podrían brindar un ejemplo diferente: el castillo, emblema del municipio, siempre estuvo en manos privadas. En el año 1956, la torre se desplomó y la fortaleza entera se sumió en una agonía prolongada, con un pésimo pronóstico. Fue el actual propietario, Alfonso Líbano, quien decidió en los años 70 rehabilitar el inmueble por completo y utilizarlo como sede de las bodegas que llevan su nombre. Un caso similar al del castillo de Cuzcurrita -la antigua plaza fuerte de los Velasco-, cuyos propietarios actuales se ocupan de mantenerlo en perfecto estado, también como vivienda y sede de la bodega homónima.

Ese destino -u otro similar- ambiciona infructuosamentre desde hace años el castillo de Leiva. La antigua fortaleza edificada en el siglo XV por los señores del lugar (Ladrón de Leiva y su hijo Juan) ha tenido una vida complicada: fue propiedad de la fábrica de harinas La Esperanza, infravivienda ocasional y finalmente sede de la Cooperativa de Explotación y Trabajo Comunitario de la Tierra y Caja Rural 'San Andrés'. Hacia 1965 le plantaron un portalón metálico que franqueaba el paso a la fortaleza, convertida ya en un inopinado pabellón agrícola. Solo la compra por la comunidad autónoma (en 1999 y previo pago de 22 millones de pesetas) libró al castillo de Leiva de su muerte. En el año 2000 se redactó el Plan Director y, con arreglo a sus indicaciones, se reforzó la cimentación y se restauró el torreón sudoeste. En el 2009 y el 2010 se reforzaron los muros del castillo. En total, los gobiernos regional y central han invertido 1,35 millones de euros. La fortaleza no corre peligro de derrumbe, aunque todavía son perceptibles las gruesas vigas que lo ciñen. En el 2012, el entonces director general de Cultura, José Luis Pérez Pastor, anunciaba que el inmueble quedaba «a disposición de la iniciativa privada» para darle algún uso, preferiblemente cultural o turístico.

Por el momento, no ha habido respuesta y el castillo de Leiva sigue plantado -hermoso, imponente y vacío- al lado de la carretera. «Los castillos no tienen mejor conservación que su uso», advierte Jesús Marino Pascual. Otro argumento que deben tener en cuenta los vecinos de San Asensio.

Castillo de Agoncillo

Tras quince años de intervención, el castillo de Aguas Mansas recuperó en 1997 la estampa que lucía en el siglo XV. Ahora es el Ayuntamiento de la localidad / Justo Rodríguez

Castillo de Arnedo

Una inversión de 1,3 millones de euros ha permitido salvar el inmueble, que estaba en ruinas, y convertirlo en atractivo turístico. / E. Pascual

Castillo de Cornago

El formidable castillo de Cornago ha sido objeto de sucesivas intervenciones desde los años 80. En la actualidad es visitable. / Foto Teo (archivo casa de la imagen)/Sanda

Castillo de Leiva

La fortaleza de Leiva agonizaba convertida en almacén agrícola hasta que la comunidad autónoma lo adquirió en 1999. / Albo

Castillo de Quel

Del castillo de Quel apenas quedaba un torreón a punto de caerse. Una intervención municipal, con ayuda de fondos europeos, permitió consolidar las ruinas y hacerlas visitables. / M. Félez/ Sanda

Castillo de Sajazarra

Tras varios años en ruinas, su actual propietario lo restauró por completo en los años 70 y lo convirtió en emblema de su bodega. / Albo

Castillo de San Vicente

Las murallas y los demás restos de la fortaleza sonserrana resucitaron en el 2017 tras una inversión de 3,23 millones de euros. / J. Rodríguez