¡Viva la peseta!

El miembro de European Financial Planning Association España explica que nuestra moneda todavía vive

MARTÍN TORRES GAVÍRIAMADRID

Corría el año 1868 cuando el general Prim derrocó a los borbones e impuso un gobierno provisional para que hiciera las reformas que el país necesitaba -y de paso buscar un nuevo Rey, pero eso es otra historia-. En menos de un mes, tras un esfuerzo homérico de ministros y del gran economista Laureano Figuerola, se ponía en circulación el 19 de octubre de ese mismo año una nueva moneda. Tales fueron las prisas por demostrar al pueblo que se estaban haciendo cosas que los diseñadores de la nueva moneda se olvidaron de poner el nombre de la nación a la que pertenecía: España. Y, por supuesto, tuvieron que retirar todas las monedas que había en circulación. Así de interesante es el comienzo de la peseta.

Tras 134 años de bolsillo en bolsillo, nuestra moneda, fue retirada de la circulación y sustituida por el euro. O eso es lo que la gente cree. La peseta vive, por lo menos hasta el 31 de diciembre del 2020. La peseta compartió circulación con el euro durante los meses de enero y febrero del 2002, pero que ya no se pueda comprar con ella en los establecimientos, no significa que no sirva. Si van a un comercio con dólares o libras, nadie se lo va a aceptar, pero son monedas válidas. Lo mismo le pasa a la peseta. Cuando vas a un banco, puedes coger tu dinero internacional y cambiarlo por euros a la cotización de cada día. El caso de la peseta es especial, no existe cotización en los mercados, ni los bancos comerciales te la aceptan, has de ir al Banco de España (o a sus delegaciones provinciales).

¿Qué significa que la peseta no tenga cotización? Que da igual lo que pase en los mercados financieros, por cien pesetas siempre te darán 60 céntimos de euro. Y te cambiaran seis euros por un verde billete de mil. En otras palabras, el que haya guardado pesetas ha hecho un mal negocio. Me explico, entre febrero del 2002 y mayo del 2016 ha habido una inflación acumulada del 34,10%. Esto quiere decir que hoy necesitas 134 pesetas para comprar lo que en el año 2002 valía 100 pesetas. Con mil pesetas en el 2002 me daba el BdE seis euros y me iba al cine con palomitas y refresco incluidos, ahora con esos seis euros no te llega ni para la entrada. Para ser más claros, si tienes guardado en casa un millón de pesetas, el banco de España te dará hoy los mismos seis mil euros que te hubiera dado en el 2002, solo que con ese importe puedes comprar menos bienes que los que hubieras comprado hace catorce años, en total una pérdida acumulada -inflación- del 34,10%. Es como si hubieras asumido todos los riesgos del mercado a la vez: precio del petróleo, Brexit, incertidumbre bursátil, desconfianza política, derrumbe de la economía china, caos en los países emergentes, etc.

En España hay cerca de 1.500 millones de euros en pesetas sin cambiar. De los cuales casi la mitad son en monedas y la otra mitad en billetes. Les recomiendo que vayan a cambiar a Hernán Cortes y Pizarro (billete de mil) a José Celestino Mutis (billete de dos mil) a Cristóbal Colón (billete de cinco mil) o incluso a Juan Carlos (esos billetes raros de diez mil pesetas) por seis, doce, treinta o sesenta euros.

A los que se resisten por nostálgicos les recomiendo un viaje a la Casa de Moneda y Timbre que está en Madrid. Ellos tienen el mejor museo numismático de Europa y está, en su mayoría, dedicado a la peseta.

Hizo falta un golpe de estado, un trabajo incesante y una retirada masiva de la primera acuñación para poner a la peseta en circulación. Y sin embargo, su marcha es la crónica de una muerte anunciada. Por eso, yo, hasta el 2020 diré ¡Viva la peseta!