Weber es el elegido, Barnier el deseado

Manfred Weber. /AFP
Manfred Weber. / AFP

El candidato alemán del PP europeo para suceder a Juncker no termina de convencer para lograr los apoyos necesarios que le lleven a la Comisión

Adolfo Lorente
ADOLFO LORENTE

En esta Europa donde todo está eclipsado por el sainete del 'brexit', ya quedan menos de seis meses para la celebración, el 26 de mayo, de unas trascendentales elecciones comunitarias que supondrá el mayor baile de sillas jamás conocido en el club. Un cargo domina sobre el resto: la influyente presidencia de la Comisión Europea. Un aspirante lidera las quinielas para ganar los comicios, pero es muy probable que nunca pase de candidato. Es alemán, se llama Manfred Weber y pese a ser elegido por el PP europeo como cabeza de cartel, no termina de convencer, como siempre se ha temido en sus propias filas.

«Lo más probable es que gane las elecciones, pero lo de presidir la Comisión es otra cosa. No creo que lo haga, no tendrá los apoyos necesarios». La reflexión es común entre los diferentes altos cargos comunitarios consultados por este periódico. Suceder al carismático Jean-Claude Juncker son palabras mayores y Weber es un completo desconocido más allá de los pasillos del Parlamento Europeo, donde en la última legislatura ha presidido el grupo de los populares, el de mayor peso. No ha ostentado nunca un cargo público, ni siquiera el de concejal, de ahí los recelos que siempre ha despertado en ciertos sectores del PPE.

En el congreso que el partido conservador celebró a principios de noviembre en Helsinki, Weber, el candidato oficialista, barrió a su contrincante, el exministro finlandés Alex Stubb. Fue el elegido, sí, pero ni mucho menos el deseado. Había un nombre que flotaba en el ambiente y, de hecho, sigue flotando. Es el del francés Michel Barnier, excomisario europeo y negociador jefe de la Comisión para el 'Brexit'. Para un experto en asesoramiento político, es algo así como el candidato ideal Una suerte de yerno perfecto. Sin embargo, decidió echarse a un lado y no concurrir en las primarias porque seguía enfrascado en la dura negociación. Ojo con Barnier, que todo apunta a que no ha dicho su última palabra.

 Modelo 'Spitzenkandidaten'

A la espera de que se resuelva el sudoku británico, la teoría dice que que el 30 de marzo de 2019, Reino Unido quedará fuera de la Unión Europea. Esa misma teoría asegura que Barnier quedaría ya desligado de la función que en su día le encomendó Juncker, quien paradójicamente compitió con él en las primarias celebradas en marzo de 2014 por el PP europeo para designar a su cabeza de cartel en las elecciones de aquel mayo.

En aquellos comicios, de hecho, la UE estrenó el proceso conocido como 'Spitzenkandidaten' (sí, en esta Europa, todo lo relevante se escribe en alemán). Resumiendo: las grandes familias europeas presentan un cabeza de cartel y el que concite más apoyos en la Eurocámara, será elegido presidente de la Comisión. El ganador debe recibir el aval del Consejo Europeo, integrado por los jefes de Estado y de Gobierno de los 28, y aunque se supone que el Consejo se compromete a respetar esta decisión, no está escrito en ningún lado que deba acatarla a pies juntillas. De hecho, el presidente francés, Emmanuel Macron, es el gran enemigo de un proceso que favorece, sobre todo, al PPE. Y es que Macron carece de partido a nivel europeo, aunque después de muchos tiras y aflojas, se ha decantado por el grupo liberal de ALDE, del que forma parte Ciudadanos. Por cierto, siguen sin designar candidato y este movimiento es clave para el proceso. Se habla de la todopoderosa comisaria de Competencia, la danesa Margrethe Vestager.

Los que sí han movido pieza han sido los socialdemócratas, apostando por aclamación por un peso pesado como el holandés Frans Timmermans, actual vicepresidente de la Comisión y exministro de Exteriores de su país. Si la negociación se encalla, es el perfil perfecto para aunar el consenso de todos. Lo mismo que sucede con Barnier, pero no con Weber. No se trata sólo de vencer las elecciones, sino de ganar la votación de la Eurocámara, donde el PPE, en un escenario idílico, rozaría 200 de los 705 escaños (ahora tienen 217).

La cifra mágica a alcanzar es 353, la mitad más uno. Podría lograrse con el apoyo de unos socialistas también en caída libre (ahora tienen 190), pero jamás van a apoyar al alemán, como sí hicieron con Juncker en 2014. Tampoco lo harán Los Verdes de la dupla Ska Keller-Bas Eickhout, o los otros grupos de izquierdas. ¿Que harán los liberales? Si algo quieren es tocar poder y acabar con el poder abrumador que el PPE tiene en la cúpula comunitaria (Donald Tusk, el presidente del Consejo, también lo es).

En la UE, hasta ahora, siempre sucedía como en el fútbol. Jugaban once contra once y siempre ganaba Alemania. Ahora no está nada claro. Manfred Weber es el elegido, sí, pero ni mucho menos el deseado.

 

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