May decidirá hoy si cancela la votación del 'brexit'

Theresa May. /Afp
Theresa May. / Afp

Scotland Yard neutraliza con eficacia el temido choque de manifestantes en el centro de Londres

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal. Londres

El Gobierno británico decidirá este lunes si cancela el voto previsto para el martes sobre el Acuerdo de Salida de la UE, con signos contradictorios sobre sus intenciones. Theresa May llamó este domingo al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y también al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo que sugiere un anuncio importante, pero su ministro para el 'brexit', Steve Barclay, insiste en que habrá votación.

Barclay lleva tres semanas como ministro pero su nombramiento en sustitución del dimitido Dominic Raab se achaca a su entendimiento y amistad personal con el jefe de Gabinete de May, Gavin Barwell, que era diputado por una circunscripción en Londres hasta las desastrosas elecciones convocadas por la líder en 2017. La insistencia de Barclays en que habrá voto no puede desecharse como una ocurrencia individual.

'The Sunday Times' presentaba como noticia exclusiva la información de que May anunciará un intento de negociar en Bruselas reformas del acuerdo que lo hagan más aceptable para su grupo parlamentario y la cancelación de la votación del martes. Se sugiere que el Consejo Europeo del jueves podría emitir un mensaje que apacigüe el rechazo británico al acuerdo pactado en noviembre.

El mecanismo irlandés diseñado para evitar una frontera en la isla vecina es el aspecto que más irrita del acuerdo, aunque no es el único. En los últimos días se ha publicado que May podría lograr que el Consejo emita una declaración conjunta expresando que no desea implementar el mecanismo- que es una salvaguarda si se retrasa la negociación sobre el futuro comercial- y tampoco perpetuarlo.

May ha insistido en los últimos días en que habrá votación y no ha ofrecido ninguna alternativa en caso de que el acuerdo sea rechazado. Pero miembros del Gobierno han hablado este fin de semana de la posibilidad de un segundo referéndum y, según los medios, ministros del Gabinete habrían intentado persuadir a May de que posponga el voto e incluso le habrían advertido de su disposición a dimitir.

La posibilidad de una segunda consulta ha aumentado notablemente como consecuencia de la división del Parlamento y de la inexistencia de un plan que parezca tener mayoría. Una relación con la UE como la de Noruega o como la de Canadá son aireadas pero no resuelven el problema irlandés o infringen otros principios.

Matones

La buena noticia es que, a diferencia de lo que está ocurriendo en Francia, las instituciones y especialmente el Parlamento son protagonistas. El gran choque de manifestaciones temido por la convocatoria de una marcha del Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP) y grupos fascistas y de otra contramarcha de organizaciones de izquierda, incluyendo laboristas, quedó en nada.

Scotland Yard ordenó dos itinerarios que confluían cerca del Parlamento pero por calles que trascurren dejando el amplio espacio del Palacio de Buckingham y el parque de St. James' entre ambos. Y en torno a Parliament Square un despliegue de barreras y cierres de calles permitía a los manifestantes escuchar los discursos de sus líderes pero sin tener siquiera posibilidad de ver a los rivales.

En la manifestación del UKIP había dos grupos. Los miembros tradicionales del partido de Nigel Farage, que anunció esta semana que lo había abandonado, como otros prominentes exmiembros, coreaban 'Reino Unido, fuera, ahora', paseaban una soga para colgar a la traidora May o repartían folletos. El más estridente, en papel caro y a todo color, proclamaba que el 'brexit' es solo el comienzo, porque «debemos derrumbar todo el proyecto UE».

Junto a esta banda menguante- el UKIP ha perdido buena parte de sus electores-, los fascistas que combinan racismo y gamberrismo de fútbol. Avanzaron por algunas de las calles más ricas de Londres coreando 'Tommy, Tommy, Tommy', el nombre de su líder, de apellido Robinson- en realidad es un apodo-, como si fuese un héroe del estadio. Sin causar violencia, carecen de interés.

Ben, un profesor de universidad del Partido Laborista, justificaba la contramarcha porque cerca de diez mil seguidores de Robinson se habrían manifestado en Londres dos veces este año- cuando el líder fue encarcelado por desacato a la Justicia-, y era necesario mostrarles que son una minoría. En la marcha de izquierdas, un pequeño grupo de anarquistas jóvenes, vestidos de negro integral, con una bandera que evocaba signos nazis, embozados para ocultar su rostro, era tolerado por los organizadores.

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