Las mujeres salen a la calle por la igualdad en Suiza

Las mujeres salen a la calle por la igualdad en Suiza

Reclaman conciliación familiar, reconocimiento por los trabajos de cuidado y más influencia en las altas esferas de la política y las empresas

JUAN CARLOS BARRENABerlín

Hartas de la desigualdad que sufren frente a los hombres y decididas a ganarse el respeto del gobierno, decenas de miles de mujeres protagonizaron hoy la mayor huelga femenina en la historia de Suiza. Exigieron igualdad de salarios, mejores condiciones para compatibilizar la vida laboral y familiar, el reconocimiento por la atención que dedican al cuidado de sus allegados y más influencia en la política y las empresas, donde, frente a otros países europeos, su representación en las altas esferas es mínima. Pero también reclamaron una rebaja de impuestos para los tampones, la apertura del sacerdocio a las mujeres y el fin de la explotación femenina en el hogar. Hubo originales llamamientos a «menstruar sobre el patriarcado», la convocatoria de una «excursión de clítoris» y una «caravana de cochecitos de bebés» durante la movilización

En uno de los países más ricos del continente europeo, las mujeres se ven obligadas a luchar por sus derechos por primera vez, aunque hace casi 40 años que la igualdad de derechos quedó reflejada en la Constitución de la república helvética. En 1991 medio millón de suizas protestaron masivamente en su país para exigir igualdad y muchas consideran que desde entonces poco ha cambiado. En esta ocasión fueron muchas más. En Berna, Lausana, Zúrich o Basilea, la mujeres tomaron las calles, muchas de ellas empujando los cochecitos de sus bebés o luciendo un ostentoso embarazo, vestidas en su mayoría de lila o rosa y en un ambiente pacífico y festivo. Suiza es un caso especial en Europa: no introdujo el derecho de voto de la mujer hasta 1971 y hubo que esperar 20 años más hasta que todos sus cantones y municipios permitieron a las féminas participar en sus elecciones y referendos.

Las protestas se iniciaron poco después de la medianoche, pero crecieron durante la mañana y alcanzaron su zenit a las 15:24 horas, el momento exacto en el que la convocatoria exigía el paro masivo por el simbolismo. A esa hora y debido a la diferencia salarial frente a los hombres, las suizas dejan de ganar dinero en sus empleos y empiezan a trabajar gratis. Sus sueldos son de media casi un 20% inferiores a los de sus compañeros de trabajo. Y también en la dirección de empresas su representación es ridícula. Las 100 mayores firmas suizas tienen 96 jefes y solo 4 jefas.

Solo un día por paternidad

Y las condiciones laborales de las mujeres dejan también mucho que desear. La prestigiosa revista británica 'Economist' sitúa a Suiza en su 'Glass Ceiling Index' en el puesto 26 de 29 países. Más vergonzoso aun para la pequeña república alpina es el último lugar en la lista de 31 países publicada esta semana por Unicef sobre políticas de conciliación para las familias. A años luz de Islandia, Suecia y Noruega, que encabezan la clasificación, pero también de España, situada en el puesto 15.

Hasta hace poco las mujeres estaban obligadas por ley a ocuparse del hogar familiar, la mayoría se ve forzada a abandonar su empleo para ocuparse de sus hijos pequeños y todavía hoy los hombres solo tienen un día de libranza por paternidad. El parlamento suizo lleva años discutiendo conceder a los varones unas vacaciones por paternidad más generosas y no consiguen ponerse de acuerdo.

No es de extrañar así que en Lausana este viernes muchas mujeres prendieran fuego a sus sujetadores como forma de protesta o que en Basilea el sindicato Unia proyectase sobre la fachada del consorcio farmaceútico Roche el logotipo de la protesta: un puño alzado sobre fondo lila. En Zúrich, donde la manifestación reunió a más de 70.000 mujeres no se vio un solo policía en la calle, solo mujeres uniformadas se encargaron de la seguridad del acto. Y en todas las protestas pudo verse a miembros del movimiento 'La revolución de las abuelas' para denunciar su labor gratuita como cuidadoras de sus nietos.

Algunas empresas permitieron a sus empleadas abandonar sus puestos de trabajo para sumarse a las manifestaciones, otras lo prohibieron tajantemente. De ese modo, aunque la huelga no paralizó el país, sí se dejó notar. También en las instituciones. Muchas políticas acudieron vestidas de lila al parlamento suizo y para disgusto de los ultraconservadores, que trataron por todos los medios de evitarlo, la presidenta de la cámara impuso a las once de la mañana una pausa de un cuarto de hora.