La testaruda 'premier' a la que devoró su mayor misión

Theresa May, al acudir a votar el pasado jueves en la elecciones europeas./Reuters
Theresa May, al acudir a votar el pasado jueves en la elecciones europeas. / Reuters

Theresa May pone fin a casi tres años agónicos de mandato con una sensación de fracaso personal por su soledad e incapacidad de conducir a Reino Unido hacia el 'brexit'

IVIA UGALDE

Cuando el 13 de julio de 2016 Theresa May asumió el riesgo de llevar sobre sus hombros la pesada carga del 'brexit', sabía que estaba ante el mayor reto de su vida. Sin embargo, sus valores familiares, los que le inculcó su padre, un predicador anglicano, le hicieron dotarse de la fuerza necesaria y la resistencia para encajar los continuos embates que ha recibido en estos tres años de agónico mandato. La primera ministra tenía claro su objetivo: servir a los demás, no rendirse y cumplir con el deseo que expresaron las urnas el día en que el 52% de los británicos dijo 'no' a seguir en la UE.

«'Brexit' significa 'brexit'», no dejaba de repetirse. Con lo que no contaba May, o quizá se resistió a verlo hasta ahora, fue su soledad, que se tornó absoluta la víspera de pronunciar, resignada y con voz llorosa y entrecortada, su discurso de dimisión. Porque para May, de 62 años y que ha entregado más de la mitad de su vida al Partido Conservador, la de este viernes ha sido la cruda confirmación de su fracaso personal. El balance de su mandato arroja con claridad que ese reto mayúsculo que asumió con entereza ha terminado por devorarla. Como así lo constatan las tres ocasiones en que su Acuerdo de Salida recibió un portazo en la Cámara de los Comunes.

La 'premier' no lo ha tenido fácil. Por un lado, ha visto cómo por el camino ha ido perdiendo piezas clave para el divorcio con la UE. Descontentos con su inclinación a negociar una relación más estrecha con Bruselas, se quedó sin dos ministros del 'brexit', Dominic Raab y David Davis, y el jefe de la diplomacia Boris Johnson, que ahora se perfila como su posible sucesor. Vapuleada por el ala más dura de los 'tories' y por sus rivales del Partido Laborista, May ha tenido que afrontar una moción de censura y otra de confianza, a las que sobrevivió. Eso sí, a costa de erosionar cada vez más su imagen como líder y entre dudas sobre su salud por padecer una diabetes de tipo 1 que la obliga a recibir una inyección de insulina al día.

Su fama de testaruda y tozuda es algo que confirman todos los que la conocen, así como su laboriosidad. Porque si una cosa ha dejado claro May es que no ha dejado de buscar una salida. Quizá «no eligió la mejor estrategia» al tratar demasiado tarde de llegar a un consenso con la oposición, como sostiene el politólogo Simon Usherwood, de la Universidad de Surrey. El carácter de la 'premier' tampoco jugó a su favor. «Soy una mujer jodidamente difícil», se describió a sí misma una vez. Detrás de esa sonrisa que ha tratado de mantener casi en todo momento, subyace una persona hermética, aislada, distante, de ideas firmes, dura al hablar, lo que le ha valido para ser comparada con Margaret Thatcher, la 'Dama de Hierro'.

«Irritada» por Thatcher

La ambición es otro de los ingredientes que ha caracterizado a May desde que nació el 1 de octubre de 1956 en la localidad costera de Eastbourne, en el seno de una familia de clase media. Sus amigas cuentan que el día en que Thatcher llegó al poder «estaba bastante irritada» porque ésta lo había conseguido «primero». Cuando por fin alcanzó su sueño de llegar a Downing Street, tras la marcha de David Cameron, ya tenía a sus espaldas una larga trayectoria que se inició en 1986 tras trabajar seis años en el Banco de Inglaterra. En su debut en política se convirtió en concejala del distrito londinense de Merton, luego, en 1997, entró en los Comunes como diputada. Pero lo que le granjeó un especial protagonismo fue su papel como titular de Interior, cartera a la que llegó en 2010 y en la que mantuvo una dura política antiinmigración.

Aficionada al críquet, a la moda, reacia a ver la televisión, incapaz de dormir más de 6 horas y orgullosa poseedora de más de 100 libros de cocina, la 'premier' ha encontrado en su marido, Philip, con el que lleva casada desde 1980, su principal soporte. La pareja, que no tiene hijos, se conoció en la universidad, cuando May estudiaba Geografía en Oxford y les presentó Benazir Bhutto, la asesinada ex primera ministra de Pakistán. Desde entonces han sido inseparables. Él ha sido su puntal, la persona que la acompañó cuando quedó huérfana siendo muy joven y quien le ha dado su incondicional apoyo en cada uno de los pasos que ha dado en la tempestad del 'brexit' a la que finalmente ha sucumbido.

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