Europa busca relevo a Juncker

El candidato de la CDU por Bremenn, Carsten Meyer-Heder, recibe la felicitación de la canciller Angela Merkel ante la presidenta del partido, Annegret Kramp-Karrenbauer./REUTERS
El candidato de la CDU por Bremenn, Carsten Meyer-Heder, recibe la felicitación de la canciller Angela Merkel ante la presidenta del partido, Annegret Kramp-Karrenbauer. / REUTERS

Los líderes de la UE se reúnen en Bruselas para perfilar el nuevo reparto de poder en las instituciones tras unos comicios que dan la llave a los liberales

SALVADOR ARROYOCorresponsal. Bruselas

Europa no ha sucumbido a ninguna ola reaccionaria y el nivel de participación más alto en veinte años es sintomático de que el proyecto común se ha revitalizado ante los ciudadanos. Sobre estos dos pilares Bruselas construye el análisis oficial del resultado arrojado por las urnas tras la larga noche electoral del domingo. Ambas variables son verídicas. A la primera se reacciona con alivio. Después de que algunas encuestas vaticinasen que hasta un tercio de la Eurocámara podría ser engullido por el populismo radical, la ultraderecha, la eurofobia y el euroescepticismo, la realidad es que sumaron el 22,7% de los votos, en torno a un punto más que en 2014.

Y sí, el dato de participación finalmente se situó en el 50,93%, un remonte plácido de ocho puntos respecto a hace cinco años, que pone fin a una inercia de descenso inalterable desde la primera contienda electoral, allá por 1979. Es esa perspectiva la que lleva a priorizar el tirón frente a otro hecho (también irrefutable), el que en torno a la mitad de los 427 millones de europeos que estaban llamados a las urnas decidió no votar.

LA CLAVE

Nuevo jefe de la Comisión.
Los jefes de Estado de de gobierno inician este martes en Bruselas el proceso para renovar la cúpula

La participación «es una prueba tangible de que la democracia europea esta viva y está bien», destacó el portavoz de la Comisión Europea. Margharitis Schinas también hizo hincapié en que los resultados revelan que «han ganado quienes quieren trabajar por Europa y no quienes pretenden destruirla». Y a partir de este martes, la atención se pone en los primeros. Porque han instaurado un nuevo equilibrio que tendrá que conjugarse con el reparto de poder en las cuatro principales instituciones comunitarias: Consejo, Parlamento, BCE, y la más codiciada, la Comisión. En realidad, todo pivota sobre esta última. Europa tiene que elegir al nuevo referente de su Ejecutivo, al líder que tomará el relevo del luxemburgués Jean-Claude Juncker.

Y sobre la base de los resultados finales, que se dieron a conocer el lunes, en torno a las diez de la mañana, esa decisión no será fácil. El Grupo del Partido Popular Europeo (PPE) y la Alianza de Socialistas y Demócratas (S&D) tendrán 180 y 145 eurodiputados respectivamente. La suma de ambos, la que ha prevalecido históricamente y que les ha permitido asumir el control institucional sin problemas, les deja a cincuenta escaños de una mayoría absoluta fijada en 376.

Así que el foco gira hacia la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ALDE) -de la que forman parte formaciones como Ciudadanos, UPyD y PNV-, que ha experimentado un ascenso espectacular gracias al empuje de Renaissance, la lista del presidente francés, Emmanuel Macron. 109 escaños, 40 más que hace cinco años. Y también hacia los Verdes, que pasan de sexta a cuarta fuerza política con 69 escaños claves frente a los 52 que consiguieron en 2014.

Los buenos resultados obtenidos por ambas familias han servido también como dique para contener al populismo de ultraderecha. 171 asientos (17 más que en la última legislatura) suman Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) -en el que previsiblemente se integrará Vox-; la Europa de las Naciones y de las Libertades, con la alianza de Mateo Salvini (ENL); y la Europa de la Libertad y la Democracia Directa (EFDD), en el que se encuentra el ideólogo del Brexit Nigel Farage.

En suma, que Alde-Reinassance y los Verdes (sobre todo el primero), tienen mucho que decir sobre la figura que cogerá el timón de la Comisión Europea a partir de noviembre, pero también sobre el resto de los nombres relevantes en los organigramas de las instituciones comunitarias.

Los liberales ya han subrayado que ese candidato primordial «debe construir una mayoría sólida». Y los jefes de Estado y de gobierno, que se reúnen este martes en Bruselas, son conscientes de ello. No es previsible una elección rápida. Entre otras cosas, porque Macron no comulga con la idea de señalar automáticamente al candidato de la formación más votada o, en este caso concreto, al alemán Manfred Weber. Ni tiene el carisma de Juncker ni exhibe en su currículo experiencia en cargos institucionales de alto nivel (el presidente del Ejecutivo comunitario es casi un jefe de Estado).

Alternativas

Weber no parece dar el perfil y menos aún tras el batacazo en Alemania de la CDU, el partido de centroderecha de Angela Merkel, su valedora. Ella y otros ocho líderes del PPE estarán en esa reunión del Consejo Europeo, entre ellos el húngaro Viktor Orban, que con su partido Fidesz arrasó el domingo. Fidesz está suspendido temporalmente por el PPE por su deriva autoritaria.

Para que Weber consiguiera ser el nuevo presidente de la Comisión Europea sería necesario que al menos 21 de los 28 Estados miembros le dieran su apoyo y que, a continuación, el Parlamento Europeo lo refrendase. Los socialistas tienen como alternativa a Frans Timmermans. Y aquí España tiene mucho que decir. El PSOE de Pedro Sánchez es el que más peso tendrá en el nuevo grupo de S&D.

Los liberales, que no eligieron a un único cabeza de lista para la campaña (sino a siete) tienen a una figura que podría ser alternativa para salvar las diferencias entre las capitales: la danesa Margrethe Vestager, comisaria Europea de la Competencia. Pero como los jefes de Estado y de Gobierno se atribuyen la facultad de proponer nombres aunque no hayan sido candidatos en la batalla electoral, no se descartan nuevas piezas en el tablero. En las quinielas, el también conservador Michel Barnier, negociador principal del Brexit. Su hándicap: ese divorcio aún no se ha consumado.

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