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Un verano para aprender y crecer

Jóvenes de Nalda preparan y sirven distintos tipos de pinchos en la céntrica plaza de la Tela de la localidad. :: /El Colletero
Jóvenes de Nalda preparan y sirven distintos tipos de pinchos en la céntrica plaza de la Tela de la localidad. :: / El Colletero

La iniciativa forma a los chavales, los ocupa realizando actividades y dinamiza la localidad durante la época estival El Colletero desarrolla en Nalda un programa de autogestión y empleo para jóvenes

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

El verano nunca es igual en Nalda; sino un tiempo para innovar, crecer y aportar tu granito al bien común. La Asociación El Colletero recoge estos días los frutos de la última edición de su 'Veraneart', la iniciativa para jóvenes de este colectivo que nació en el 2000 para crear empleo en el medio rural, con especial atención a mujeres y colectivos desfavorecidos.

El Colletero inició su propia andadura a partir de la Asociación PANAL, una entidad de voluntariado para la preservación del patrimonio de Nalda. De la inquietud de El Colletero por proporcionar alternativas de empleo o ayudar a quienes trabajan, han surgido en estas casi dos décadas innumerables iniciativas: el Club de Consumo Huertas del Iregua (con su tienda del Colletero, en Logroño), servicios de ludoteca y de ayuda domiciliaria, gestión del riego en apoyo a la comunidad de regantes naldense,...

Constitución
En el 2000 a partir de la Asociación PANAL, en Nalda.
Miembros
Unos 200.
Fin
Crear empleo en el medio rural, con especial atención a mujeres y colectivos desfavorecidos.

Pero entre esta nutrida lista de acciones, quizá destaque 'Veraneart' como la que más rédito ofrece a futuro por cuanto trabaja con y por los jóvenes de Nalda. «Un porcentaje altísimo de ellos ha pasado por nosotros. Algunos en determinados momentos; y otros por todo el proceso (desde la ludoteca al empleo juvenil) y se les nota», afirma la secretaria de El Colletero, Fabiola Pérez.

La experiencia involucra cada año a cerca de medio centenar de naldenses de entre 12 y 19 años

El proyecto sirve también para transmitir valores de respeto, diálogo y cuidado de los demás

A través de este proyecto, la entidad ofrece a los chavales de Nalda su primera oportunidad laboral en los servicios de que dispone (ludoteca, huerto) o la posibilidad de emprender nuevas acciones y talleres, que deberán dotar de contenido y poner en marcha. El Colletero les alienta y tutoriza. Entre las iniciativas, desarrollan una feria de pinchos (para la que deben elaborar los distintos bocados), sesiones de cine para los niños y mayores, y un festival (en el que ellos son los encargados de elegir la música, preparar las coreografías y los disfraces).

Fabiola Pérez (primera por la izda) y otras miembros de El Colletero.
Fabiola Pérez (primera por la izda) y otras miembros de El Colletero. / Pilar Hidalgo

Cada verano, esta experiencia involucra a medio centenar de adolescentes y jóvenes de entre 12 y 19 años. Cada cual contribuye en la forma que quiere o con lo que mejor sabe hacer. Los mayores de 16 años acceden incluso a una beca o un contrato laboral remunerado.

«A los que pasan por esta experiencia se les nota una capacidad de organización, de generar cosas por su cuenta y de exponerlas ante sus familias o ante otros jóvenes de su edad», explica la responsable de gestión administrativa del colectivo, Ana Fernández.

Ése es el gran logro de El Colletero, además de valerse de esas semanas de verano para transmitir a los adolescentes unos valores de respeto, diálogo y cuidado de los demás. «Hacemos muchísimo hincapié en el buen trato porque, por ejemplo, los que imparten y los que atienden los talleres son de edades muy similares y a veces resulta complicado discernir», abunda Fernández.

«También aprovechamos cualquier excusa, como la elección de las canciones para el festival, para hablar con ellos y hacerles reflexionar sobre las letras sexistas en la música», ilustra la secretaria de El Colletero. Esta experiencia formativa cala de tal modo que en Nalda «hemos generado una comunidad cuidadora en la que los unos cuidamos de los otros de forma natural», concluye Pérez.