El campeón quiere ahora divertirse

Marc Márquez. /
Marc Márquez.

Márquez aterriza en Phillip Island pensando de nuevo en la victoria y sin preocuparse ya por sacar la calculadora

MIGUEL SESÉMadrid

Lejos de ser un gran premio aburrido y sin nada en juego, en Australia será la primera vez en mucho tiempo en el que podamos ver a los cuatro grandes sin nada que perder y con mucho que ganar. En el caso de Marc Márquez, ya campeón, se quitará de encima el peso de correr siempre mirando de reojo a la calculadora y, por fin, podrá medirse de poder a poder contra un Jorge Lorenzo que en las últimas carreras ha alcanzado su plenitud y al que no hay forma de bajar del podio, con dos triunfos en las dos últimas carreras.

Marc ya ha avisado, sabe que el título no es ya un objetivo sino una realidad, y ahora lo único que desea es volver a lo más alto y demostrar que es él quien manda. Para su regocijo, Phillip Island es un circuito que se adapta muy bien a las virtudes de la Honda, y que habitualmente ha estado dominado en los últimos años por el oceánico Casey Stoner. Lo del año pasado no debería contar en los libros de estadísticas puesto que fue todo un absoluto esperpento. Para refrescar la memoria cabe recordar el sainete en el que se convirtió la carrera cuando, de la mano de Bridgestone, se obligó a los pilotos a cambiar de neumáticos en un intervalo de vueltas especificado. Lo hicieron casi todos, menos Marc Márquez, quien entendió mal la orden, se mantuvo en pista un giro más de los estipulados y acabó siendo descalificado por bandera negra cuando estaba a punto de enfundarse su primer campeonato. Salió vencedor Lorenzo, que consiguió así llevar vivo MotoGP hasta Cheste, donde su exhibición de pilotaje fue estéril, porque las matemáticas permitían al Márquez más reflexivo sumar en la retaguardia y salir con el brazo en alto.

Ahora, el 93 apenas tiene que luchar para demostrarse a sí mismo que no se le ha olvidado ganar. Sin nada que perder, puede recuperar su agresividad habitual en el caso de que así lo requieran las circunstancias. Sus rivales sí tienen un objetivo en el horizonte, el del subcampeonato, algo más que un premio de consolación para todos ellos. Mientras que para Jorge sería la rúbrica de que, tras el espantoso arranque de campeonato, él es la única alternativa real a Márquez. Para Pedrosa, una autoafirmación de que, al menos, habría podido sellar un doblete para los ingenios de Nakamoto, qué menos en un año en el que su montura ha sido tan superior. Y para Valentino Rossi, la oportunidad de quedar por delante de al menos una HRC y, por supuesto, por delante de su compañero de garaje, un extra de motivación suficiente como para paliar las carencias propias de la edad.

En busca de otros campeones

En Moto2 sí puede haber un nuevo campeón del mundo en el precioso trazado australiano. Y es que en la categoría intermedia la segunda mitad de campeonato de Tito Rabat le permite tener su primer match ball a tres carreras de la conclusión. El piloto español ha puesto orden y jerarquía en el Marc VDS, el mejor equipo dentro de las 600 cc, y ha puesto tierra de por medio respecto a su compañero Mika Kallio. El finlandés se ha venido abajo con estrépito, y en las antípodas de Europa debe ahora esperar un fallo fatal del líder destacado. Rabat será campeón sacándole 12 puntos a Kallio, o lo que es lo mismo, ganando y que Mika quede cuarto o peor. Para ello, hombres como Viñales, Zarco y el recientemente estrenado Tomas Luthi optan a los puestos de podio y a permitir que Esteve logre el título y sea el primer campeón de Moto2 en defenderlo para la siguiente temporada.

En Moto3, Álex Márquez desea apuntalar su liderato respecto a Jack Miller, que corre en casa y con un extra de motivación. El hermano pequeño de Marc tiene el campeonato cada vez más cerca, especialmente tras la polémica victoria en Motorland certificada después con otro triunfo en Motegi. Ahora, todo lo que sea no perder distancia respecto a Miller, y mirar de reojo a su compañero Rins, son sus prioridades. De conseguirlo, Malasia podría ser el lugar indicado, o de lo contrario el campeonato llegaría apasionantemente abierto hasta la última cita, en Cheste.