El torero Juan José Padilla recibe agradecido el Premio Nacional de Tauromaquia en el año de su retirada

El torero Juan José Padilla recibe agradecido el Premio Nacional de Tauromaquia en el año de su retirada

El jurado reconoce el carisma del matador gaditano, convencido de que «el sufrimiento es parte de la gloria»

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Dice Juan José Padilla (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1973) que el año de su despedida está siendo de ensueño. Tras recibir el cariño de las plazas de España, Padilla apura ahora la copa del toreo en América Latina. Allí, en la Monumental de México, la plaza más grande del mundo con 40.000 asientos, se despedirá el 16 de diciembre tras recorrer otros cosos del país y de Perú. Y mientras tanto, el Ministerio de Cultura le concedió este miércoles el Premio Nacional de Tauromaquia, dotado con 30.000 euros, en reconocimiento a «unos valores como el esfuerzo, la entrega y la capacidad de superación que se proyectan más allá de los ruedos, y que se encarnan en su personalidad y su trayectoria».

 «Este año, no sé cómo me mantengo en pie en las plazas con todas las emociones que estoy viviendo», dice Padilla desde Monterrey, donde este jueves torea. «Estoy recibiendo tanto respeto del pueblo que me siento plenamente recompensado», cuenta el torero más carismático del escalafón, que se ha ganado a la afición por la manera de sobreponerse a las 39 cogidas que ha sufrido durante su carrera. Cogidas que, en vez de hundirle, le han hecho más fuerte, como aquella de Zaragoza en 2011 tras la que perdió un ojo y que, con su parche, le hizo renacer y convertirse en 'El Pirata'.

 «El sufrimiento es parte de la gloria. En el toreo se sufre de verdad y se muere de verdad», asegura el matador, que reconoce que ha hecho encogerse al público. «He visto mucha tristeza en la cara de quienes me querían y de los espectadores cada vez que he sufrido un percance», subraya. Pero a la vez, continúa, él mismo siempre ha querido transmitir tranquilidad y normalidad. «Todo eso me ha hecho que la gente me vea de una forma especial. Los niños me paran por la calle y me abrazan y los mayores me dan su apoyo.

Me siento muy querido», cuenta Padilla, que ha toreado once veces a los Miura en Sevilla y que, echando la vista atrás, recuerda sus plazas fetiche: «Pamplona me lanzó a todas las ferias, cómo se han volcado las peñas conmigo; en Zaragoza parecía que todo estaba acabado y renació Padilla; con Bilbao he tenido mucha afinidad, igual que con Santander. En todos los sitios he sido muy feliz», explica.

Podría parecer que, en el momento del adiós, Padilla albergara contra los toros, que tanto daño físico le han hecho, algún sentimiento similar al rencor. «Todo lo contrario. El toro cumple con su obligación y lo que hace forma parte de la gloria. Es lógico que el animal pegue fuerte y hay que estar preparado para afrontar la muerte, pero a mí me lo ha dado todo», agrega.

Tampoco se revuelve Padilla contra los antitaurinos, que lo han tomado como objeto de burla. «Pongo en la balanza todo lo que me ha ocurrido y sin ninguna duda, me quedo con lo positivo. Siempre he valorado lo bueno y eso es lo que me ha motivado».

En este final de carrera, a Padilla le queda una espina. «Me ha dolido mucho no poder despedirme en Palma de Mallorca, donde lidié mi primer novillo, o en Barcelona, Tarragona, La Coruña o Vitoria», lamenta. «Pero este Premio Nacional me hace muy feliz porque lo concede el ministerio, que está apoyando mucho los toros. Espero que eso no cambie nunca».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos