La Piedad se rinde ante el Buxtehude menos conocido

La delicadeza y expresividad de Forsythe brilla en un bonito homenaje al gran compositor del barroco alemán

J.L. CASALARREINA.

Algunas de la notas interpretadas por Amanda Forsythe se van a quedar para siempre entre los rincones del monasterio de La Piedad.

Como quiera que el de ayer era el postre de un festival que cierra una gran edición, ha sido, como aquel, muy esperado, delicioso y, también, un tanto breve.

El concierto servía de homenaje al compositor clave del barroco alemán, Dietrich Buxtehude. Conocido, sobre todo, por su genialidad al órgano, Casalarreina ha podido disfrutar un programa poco escuchado pero realmente bien ejecutado sobre el trabajo que el artista danés realizó alrededor de la viola da gamba.

El recital se dividió en tres arias en las que Amanda Forsythe se presentó al respetable de La Piedad dejándolo con ganas de más, de mucho más.

Ya se sabía que la norteamericana es una experta en el Barroco. Ayer se pudo demostrar. Su elegancia, expresividad y contención a la hora de desgranar las notas de sus piezas consiguieron que la emoción tomara asiento en un auditorio que estaba lleno. Su dicción y movimientos, estudiados pero no forzados ni artificiales, casi hacían olvidar el espacio y el tiempo.

Como resumen de todo eso apareció la última nota que la voz de Amanda, abrazada al órgano mullido de Carmen Leoni, dejó en La Piedad. Un postre que se quedó escaso.

El resto del programa lo desgranó el grupo formado 'ex profeso' Hexachordum Apollinis. Una sonata y una cantata de Buxtehude, donde la viola da gamba llevaba la iniciativa en unas piezas con personalidad que enseguida se quitaron la etiqueta de teloneras de la soprano.

La última pieza instrumental fue un homenaje dentro del homenaje. Una serie de breves danzas escritas por un colega de Buxtehude, el conocido compositor Johan Pachelbel precisamente pensando en su amigo.

Un epílogo, este recital, que resume a la perfección lo que ha supuesto esta quinta edición de Clássica: calidad y emoción en cantidades parecidas. El monasterio de La Piedad ha acumulado experiencias y sensaciones que lo hacen más sabio y también un poco más ligero.