«En estos momentos necesitamos de todas las cosas que hablan al alma y a los sentimientos»

Lina Tur Bonet, ayer tarde en Logroño. :: juan marín/
Lina Tur Bonet, ayer tarde en Logroño. :: juan marín

La personal y reconocida violinista ibicenca cierra hoy la 20 Semana de Música Antigua con su grupo ALcheMIca y con temas inéditos de Vivaldi Lina Tur Bonet Violinista

ESTÍBALIZ ESPINOSA LOGROÑO.

Espontaneidad y rigor, fantasía y entrega conjuntan a la perfección en Lina Tur Bonet, una de las violinistas más innovadoras y personales del momento. Hoy estará en Logroño cerrando la 20 Semana de Música Antigua. Lo hará en la sala de cámara de Riojafórum (20.30 horas) acompañada de su grupo, ALcheMIca, y con el programa 'Vivaldi premieres'. Se trata de una segunda entrega de temas inéditos de Vivaldi (hace cuatro años grabó la primera), que el público logroñés disfrutará casi en primicia.

-Rastrear e investigar sobre obra inédita es una de sus debilidades. ¿Qué Vivaldi ha redescubierto a través de su repertorio inédito?

-Vivaldi es, con absoluta justicia, uno de los grandes compositores de la historia de la música. Resulta bastante llamativo que hasta hace unas décadas se conocían 'Las cuatro estaciones' pero no mucho más, a pesar de que él había escrito mucho. Y aunque en los últimos años los mejores grupos de música han ido sacando a la luz nuevas composiciones, curiosamente aún quedaban estas obras inéditas que hace cinco años me hizo llegar un músico francés, Olivier Fourés, responsable de toda la edición crítica que estamos tocando. Hoy, en Logroño, tocaremos tesoros como una versión original de 'Il Grosso Mogul', que es una de las obras más importantes de Vivaldi y su concierto más virtuoso, pero cuya versión inédita estaba todavía sin grabar. También tocamos el concierto para violín RV 311 'per il violino in tromba marina', una extravagancia de esas que le gustaban a los venecianos y donde el violín suena casi como una tromba.

-El suyo es un repertorio inusualmente extenso, de casi 400 años.

-He querido dedicar mucho tiempo al estudio de dos violines distintos (barroco y moderno), algo que requiere de mucha dedicación, pero me ha gustado porque me encanta el instrumento que toco.

-Su versatilidad también se evidencia en proyectos multidisciplinares, donde cabe la poesía, el arte...

-Soy una convencida de que necesitamos el arte y la música en estos momentos de la vida; necesitamos de todas las cosas que hablan al alma y a los sentimientos porque vivimos en un mundo muy material, y comunicando y expresando hacemos un servicio muy importante.

-Aun así, prefiere que la música se mantenga como lo que es, aunque conviva con otras formas de arte.

-Sí. El tema de la fusión lo respeto pero en mi caso soy una purista, me gusta que la música en todo caso dialogue con otras artes, pero no se fusione. Decía Oscar Wilde que comer con música es un doble insulto al cocinero y al músico, y algo parecido es lo que yo pienso.

-Hoy les acompaña el reconocido chelista italiano Mauro Valli.

-Es uno de los grandes músicos europeos, y en el grupo ALcheMIca hay músicos fantásticos de toda Europa que he conocido en los sitios donde he ido tocando. Tenemos a Valerio Losito; al contrabajista Andy Ackerman, que fue mi profesor en Viena; a gente que trabaja con Jordi Savall...

-Fue bailarina hasta que se topó con el violín y dejó todo por él. ¿Cuál es su relación con este instrumento?

-El instrumento es algo que ni te das cuenta. Recuerdo que tuve un accidente, me rompí una mano y tuve que dejar de tocar. Cuando volví a hacerlo me quedé impresionada de lo bonito que sonaba el violín. Se me había olvidado porque era una cosa tan cercana a mí que ni siquiera era consciente de cómo sonaba. El violín es un brazo, un órgano más, una parte de mí, pero de verdad, y exige de toda la energía, concentración, dedicación y disciplina.

-Mima especialmente la parte pedagógica de la música. ¿Cuál sería la fórmula ideal para acercar los clásicos a los más jóvenes?

-Es lo que estamos intentando con el grupo justamente. No creo que haya que facilitar la música para que guste a la gente, porque la gente no es tonta. Lo que hay que hacer es tener una naturalidad y un acercamiento mayor hacia la gente, y que se vayan rompiendo las barreras entre el escenario y el público. La música clásica se ha quedado un poco en el concepto decimonónico, pero eso no quiere decir que haya que poner amplificadores o hacer una discoteca, sino que se trata de la actitud y la energía con la que se transmite. Y eso ya está cambiando no solo en nosotros, sino en muchos grupos.

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