Nahui Olin, belleza turbadora en el México revolucionario

El cuadro de Nahui Olin 'Nahui y Eugenio frente a Manhattan'./Afp
El cuadro de Nahui Olin 'Nahui y Eugenio frente a Manhattan'. / Afp

El escritor Juan Bonilla rescata a la volcánica escritora y pintora en la novela 'Totalidad sexual del cosmos'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

El poeta mexicano José Emilio Pacheco, premio Cervantes, vaticinó que Nahui Olin acabaría siendo como Madonna: sus posters llenarían paredes y su imagen se imprimiría en camisetas. Y sin embargo, esta escritora y pintora, que agitó el México revolucionario de la primera mitad del siglo XX, permaneció en el olvido hasta que el restaurador de arte Tomás Zurián comenzó su rehabilitación a finales de los años 70. Ahora es el escritor Juan Bonilla (Jerez, 1966) el que da vuelo a la figura de esta poderosa mujer con el libro 'Totalidad sexual del cosmos' (Seix Barral).

«Su belleza jugó contra ella a la hora de ser valorada por sus contemporáneos», afirma Bonilla. Melena rubia, ojos verdes, «senos erectos bajo la blusa», como la describió su primer amante, un hombre que se hacía llamar Dr. Atl, Olin posó para Diego Rivera y fue musa de sus contemporáneos, pero ella misma, rebelde, turbadora y volcánica, quedó opacada a la luz de una personalidad «muy adelantada a su tiempo», recuerda Bonilla.

«Su lucha era muy normal. Ella sólo quería que la dejaran hacer lo que le diera la gana, que era lo que hacían los hombres, en una sociedad mexicana revolucionaria, pero también machista. El escándalo no fue en ella una actitud de salida, sino de llegada. Fue escandalosa en defensa propia», sostiene Bonilla, que construye la novela sobre la historia de amor de un investigador y un personaje exótico, pero olvidado.

El verdadero nombre de Nahui Olin (que significa en náhuatl 'el poder del Sol') era Carmen Mondragón (1893-1978). Hija de una acaudalada familia de militares, su padre, el general Manuel Mondragón, llegó a ser ministro en el Gobierno de Victoriano Huerta, hasta que se vio obligado al exilio en París. Allí conoció el mundo de las artes de la época y se sumó a la vanguardia.

«Nahui Olin sigue generando muchos debates», relata Juan Bonilla; «sobre el feminismo y sobre su valía artística. Algunos dicen que su pintura no tiene interés, que es demasiado naif. Otros, como yo, pensamos que su obra tiene mucha personalidad, es una obra reconocible a diez metros de distancia», asevera.