El diccionario de la RAE no tiene quien lo compre

Blecua, durante la presentación del diccionario./Alberto Martín (Efe)
Blecua, durante la presentación del diccionario. / Alberto Martín (Efe)

La Real Academia dona ejemplares de la última edición en papel del diccionario, cuyo excedente se planteó «destruir» la editorial | Ante el éxito de la versión digital, el futuro del formato histórico «está en el aire», según el académico Pedro Álvarez de Miranda

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Como el vídeo mató a la estrella del la radio, el joven diccionario digital de la RAE está devorando a su talludo hermano de papel. Nadie quiere comprar el voluminoso libro, un grueso tomo editado por Espasa Calpe hace cuatro años y cuyos ejemplares no vendidos se acumulan por miles en los almacenes de la editorial. El académico Pedro Álvarez de Miranda ha tenido que reconocer que la Real Academia Española (RAE) «está regalando» parte del sobrante de la edición de 2014. Cree además que quizá no vuelvan a editarse diccionarios en este formato ante el apabullante éxito del electrónico Diccionario de la Lengua española (DLE), de consulta gratuita desde cualquier dispositivo electrónico.

«Hubo un error de cálculo clamoroso y se pensó que se venderían más ejemplares de los que se vendieron; la gente prefirió no gastarse los 99 euros en el papel y esperar a la versión digital», dijo Miranda, titular de la silla Q, en un curso de verano en el Instituto Cervantes. «No se pueden imaginar cómo están los almacenes de Espasa Calpe, llenos de ejemplares que no se han vendido», confesó el catedrático y filólogo, experto en lexicografía histórica y en historia de la lengua española.

Admitió el académico que la editorial «quería incluso destruir» el remanente, un océano de papel cuyo almacenaje genera un elevado coste en dinero y espacio, aunque ni la RAE ni Espasa den cifras. La docta casa frenó el 'diccionaricidio', pero el académico confesó también que «ahora no sabemos qué hacer con ellos». «Los estamos regalando a escuelas», explicó tras reconocer que es un quebradero de cabeza para la institución. No en vano la venta del tomo es una de las fuente de ingresos primordial para la tricentenaria institución que 'limpia, fija y da esplendor' a nuestro idioma, y la desaparición de ese flujo «vienen muchos de los problema económicos».

«No estamos regalando ejemplares sin más a todo el mundo. Se trata de donaciones especiales, financiadas por la casa, y destinadas a centros docentes españoles y extranjeros», precisaban poco después desde el noble caserón de la calle Felipe IV. Senegal y Cosa de Marfil han recibido las primeras remesas destinadas a maestros, profesores y escuelas.

Luis Prados Covarrubias, embajador de España en Abiyán, entrego 2.500 diccionarios a Kandia Camara, ministra de Educación de Costa de Marfil, país que contaba el curso pasado con 2.281 profesores y 563.091 estudiantes de español entre escuelas secundarias y universidades. La próximas donaciones serán para bibliotecas, centros educativos y públicos de las distintas comunidades autónomas españolas.

El diccionario que no encuentra compradores es muy probable que sea el último en su formato histórico. Toda una paradoja que aporta valor a un volumen portentoso el que nadie quiere pagar. «La pregunta está en el aire y yo no tengo la respuesta, pero el hecho de formularla ya señala por dónde van las cosas. Si se impone la racionalidad, la edición en papel podría tener una tirada muy corta, para coleccionistas o nostálgicos», planeó Álvarez de Miranda.

La vigésima tercera edición del diccionario llegó a las librerías a finales de 2014 con una tirada inicial de 50.000 ejemplares. Suma 2.400 páginas que contienen más de 93.000 artículos -6.000 más que la edición precedente de 2001 y más del doble de los que incluía el primer diccionario de uso de la RAE, publicado en 1780- e incluye cerca de 200.000 acepciones -19.000 americanismos- y alrededor de 6.000 artículos nuevos. Mientras languidece en las librerías y los almacenes, su deseado hermano digital exhibe cifras de pasmo. Recibe una media de 70 millones de consultas al mes y a finales del 2017 acumulaba más de 800 millones.

 

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