«Tenemos una importante tradición de pensamiento pero hay que enseñarlo»

José Manuel San Baldomero, en su despacho, con su libro y junto al retrato de Jovellanos./Miguel Herreros
José Manuel San Baldomero, en su despacho, con su libro y junto al retrato de Jovellanos. / Miguel Herreros

José Manuel San Baldomero Úcar, autor del libro 'La Rioja de Jovellanos', que se presenta hoy en la Biblioteca, reivindica al ilustrado y la enseñanza frente a los dogmatismos

Jonás Sainz
JONÁS SAINZLogroño

Jovellanos estuvo una primera vez en La Rioja en la primavera de 1795. Viajó para realizar unas pruebas de nobleza y terminó redactando unos diarios en los que describió, siempre con espíritu observador y crítico, una tierra que le sorprendió: entre ilustrada por una minoría abierta e innovadora y oprimida por la Inquisición. Una Rioja entre «histórica» y «fabulosa», entre «acogedora» y «deliciosa», «artística» e incluso «sublime»... Regresó seis años después, en abril de 1801, pero esta vez solo de paso, escoltado por soldados y camino del destierro a Palma de Mallorca por orden de Godoy. Con ánimo reformista, también deseó para La Rioja cosas muy prácticas: «aumentar el regadío, diversificar los cultivos, dividir y cercar la tierra, llenarla de propietarios trabajadores, disminuir el número de ociosos, jornaleros, pobres y señores o disminuir el número de leyes, plumas y mauleros». Y, por último, recomendaba una cuestión más de fondo: «eliminar los obstáculos para la Ilustración».

Todo ello lo cuenta el catedrático jubilado José Manuel San Baldomero Úcar (Cervera del Río Alhama, 1948) en el libro 'La Rioja de Jovellanos', un trabajo que en 2015 obtuvo el premio internacional de investigación Fundación Foro Jovellanos y que acaba de coeditar el Gobierno de La Rioja. Su autor, que lo presenta hoy en la Biblioteca de La Rioja (a las 19 h.), emplea los viajes de Jovellanos como puerta de entrada a su pensamiento y «las concomitancias con Kant». «Tienen la misma vivencia de lo sublime, pese a que el primero nunca leyó al segundo», afirma San Baldomero. Siguiendo la luz del ilustrado asturiano, el riojano reivindica hoy la tradición del pensamiento español y la necesidad de enseñarlo en las aulas. «La Filosofía enseña un pensamiento crítico y abierto -sostiene-. No puede haber dogmatismo».

«La gran filosofía española es la escolástica y la de los poetas, los místicos y los ensayistas como Jovellanos»

Jovellanos recorrió La Rioja en 1795 y la describió en sus diarios; en 1801 regresó de camino al destierro

El ilustrado encontró «una Rioja oprimida por la Inquisición» y «una minoría abierta e innovadora»

-¿De veras Jovellanos se llevó tan buena impresión de La Rioja de finales del XVIII y principios del XIX?

-Sí, sí. No solo están los diarios de sus dos viajes, sino un poema a La Rioja absolutamente enamorado.

-¿A qué se debió?

-Lo primero a encontrar aquí a una serie de personas, una minoría que llama 'claros hijos de La Rioja', que están tratando de meter 'las luces'. -¿Quiénes son?

-Por ejemplo, en Haro se encuentra a Vicente de Salamanca, que tiene en su biblioteca la obra completa de Adam Smith. Se encuentra con Gerónimo Mas, que ha estudiado en París y él se lo quiere llevar a su instituto de Gijón. Con Antonio de Tejada y Ramón de Pisón, que han colaborado con informes de la ley agraria de la Sociedad Económica Matritense. Con Santiago del Barrio, con su amigo Martín Fernández de Navarrete, con los Amigos del País de La Rioja castellana... En fin, con una serie de gente preocupada por traer la Ilustración.

-¿Además de esa Rioja ilustrada, qué otras Riojas encuentra?

-Ve también una Rioja histórica y una Rioja fabulosa, con episodios legendarios como Clavijo del que deriva el voto de Santiago. Y una Rioja oprimida a causa de la Inquisición, que ya no se preocupa de las brujas sino de los libros y folletos procedentes de la Francia revolucionaria. El propio Jovellanos y sus amigos fueron perseguidos por la Inquisición.

-Habla de una Rioja 'deliciosa'.

-Asturias le parece sublime y Castilla triste, pero La Rioja le parece deliciosa. También hay una referencia a lo sublime a raíz de una velada teatral y poética, en la fuente del Chafaril, en Somalo, con los benedictinos de Nájera; un momento de misticismo. Recitan a Fray Luis de León y a Menéndez Valdés. Y así, poéticamente, expresan características que Kant establecía sobre la melancolía: la luz de las estrellas, la luz solitaria del horizonte, la parda sombra de la noche... Todo aquello que Kant ve como característico de lo sublime.

-¿Encuentra más relación con Kant?

-Hay una semejanza clara entre ambos respecto a la oposición entre guerra e ilustración. Jovellanos llama a la guerra 'prostitución de las luces'.

-¿Qué opina Jovellanos del arte?

-Visita el monasterio de La Estrella, el de Casalarreina, Santa María la Real, San Millán. Piensa hacer un diccionario de artistas españoles. Admira a Navarrete el Mudo. Y ante los marfiles de San Millán tiene el presentimiento melancólico de que incluso esa belleza pudiera desaparecer.

-Y habla, entre otros deseos, de la necesidad de educación, claro, de ilustración. Eso sigue vigente, ¿no?

-Claro, traer a Sofía, dice. Y propone un instituto aquí como el suyo en Asturias. Se ha dicho que ser filósofo en España es como ser torero en Dinamarca, como si no hubiese filosofía española. Y no es cierto; sí que la hay. La gran filosofía española es la escolástica, pero también la de los poetas, los místicos, los grandes tratadistas y ensayistas. Tenemos una importantísima tradición de pensamiento pero hay que enseñarlo.

-Y devolver la Filosofía a las aulas.

-Con toda la razón. Parece que vuelve a haber consenso político. Ojalá. Es fundamental frente el dogmatismo de los totalitarismos.

 

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