«Creían que me moría de esta», ironiza Ida Vitale

Ida Vitale, agradece al público la ovación tras recibir el Cervantes./EFE
Ida Vitale, agradece al público la ovación tras recibir el Cervantes. / EFE

Recuerda a Antonio Machado como su «primer amor literario», por encima de Juan Ramón Jiménez

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIAlcalá de Henares

Había adelantado Ida Vitale que su humor es de estirpe cervantina y que le sirve para afrontar todos los riesgos. Y lo demostró en el Paraninfo de la Universidad alcalaína, quitando hierro y envaramiento al protocolo, luciendo su mejor sonrisa y una retranca que más pareció gallega que uruguaya en el cóctel posterior a la ceremonia de entrega del Cervantes. Vitale está en España acompañada de su hija, Amparo Rama, y de dos sus nietas, Nuria y Emilia, que no supieron contener las lágrimas en el momento más emotivo de la mañana. ¿Las ha visto llorar?, le preguntamos. «Claro que sí. Creían que su abuela se moría de esta», responde muy risueña, aferrándose a la medalla cervantina que cuelga sobre su pecho. Nuria Flo, la nieta que más lloró, devolvía la ironía a la abuela: «hasta el Nobel no para», dijo.

La lluvia, contumaz, fría y tan presente en los poemas de Vitale, obligó a trasladar el cóctel del Patio de los Filósofos a la aledaña Hospedería del Estudiante. Allí, al abrigo de las inclemencias, la autora de 'Luz de esta memoria' fue cumplimentada por los reyes Felipe y Letizia y las autoridades -muy pocas- presentes este martes en la solemne jornada académica, deslucida por la lluvia y las ausencias. «Recibir el Cervantes es la emoción de mi vida», confesaba la poeta uruguaya que, con un zumo de naranja entre sus manos, no se quitó ni el abrigo negro ni la bufanda blanca.

Con sus animosos 95 años, había decidido que subiría al estado del centenario paraninfo, aunque no las tuviera todas consigo. Pero, para sorpresa de todos ascendió con decisión por la estrecha escalinata y llegó hasta lo más alto para leer con voz vigorosa los siete folios que había preparado. «No fue fácil, no tropecé y pude llegar arriba, aunque me caía en espíritu», confesaba pasado el tráfago. «Verla subir y bajar la escalera, y oír cómo proyectaba la voz a sus 95 años, ha sido increíble», decía su nieta.

En su discurso hubo un buen puñado de citas literarias, pero no apareció Antonio Machado, poeta de alma límpida y verso claro, como el de Vitale, y a quien la quinta mujer ganadora del Cervantes quiso recordar con tanto afecto como entusiasmo. «Fue mi primer amor literario», confesaba anteponiendo su afecto poético al de Juan Ramón Jiménez, a quien los manuales citan como su gran valedor. «Faltó don Antonio, pero estaba en mí», insistía la galardonada evidenciando su «enorme admiración» por el poeta de las 'Soledades' y los 'Campos de Castilla'.

No quiso Vitale dar detalles sobre lo que don Felipe y doña Letizia le confiaron tras la ceremonia, cuando rompiendo el protocolo, se acercó a ambos para besarles y abrazarles. «Me ha dicho muchas cosas, pero se quedan en la intimidad y se suman a las maravillas que el rey ha dicho en su discurso» se felicitó. No se rindió Vitale ante la curiosa insistencia de los plumillas. «Inventen ustedes algo, que la inventiva es literatura», proponía jocosa junto a la reina Letizia, que lucía para la ocasión un conjunto de vestido y abrigo-capa en color malva de Carolina Herrera.

Ausencias

El debate electoral de la víspera y el que se celebraba en la velada cervantina, fueron el asunto recurrente en los corrillos del cóctel, en el que los políticos brillaron esta vez por su ausencia. Una vez que Pedro Sánchez excusó su presencia -a muy última hora- hicieron lo propio los demás líderes de los partidos con representación parlamentaria.

Sí hubo escritores y académicos, como el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, y varios miembros de la corporación como Carme Riera, Soledad Puértolas, Aurora Egido o Clara Janés. También acudió el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, el pintor Frederic Amat, el arquitecto Manuel Hernández de León, el editor Chus Visor o Sheila Loewe, directora de la fundación Loewe.

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