Por los pacientes caminos del verano

Por los pacientes caminos del verano

El fotógrafo Juanan Requena se prepara para recorrer España sin itinerarios, después de una exitosa campaña de micromecenazgo

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Inspirado en los delirios de Don Quijote, que imaginó la ínsula Barataria, el fotógrafo Juanan Requena quiso construir su propia micronación con ruedas. Una caravana que fuera también laboratorio fotográfico ambulante y sala de exposiciones abierta al público que encontrara en el «paciente camino del verano», con «aforo íntimo», explica Requena, nacido en un lugar de La Mancha en 1983. Con este «sueño», se fijó en una caravana de 1974, de la marca gallega Catusa. «Me costó bastante encontrarla, porque quería una caravana 'rutera' y con papeles en regla», dice Requena, cuyo fotolibro 'Al borde de todo mapa' estuvo entre los mejores del año en dos reputados festivales. En su diario escribió que la caravana «parece una auténtica ruina» y, en efecto, lo era.

Para reconstruirla y salir a la carretera necesitaba 11.000 euros. «Mi idea no es hacer un viaje sin parar; la ínsula irá y vendrá a casa», dice Requena. «Partir este verano, sin ruta trazada. Llegar a un pueblo sin saber qué hay o quién vive, y ver qué sucede». Desde Torralba de Ribota lanzó un llamamiento al espacio digital. Como profesional de la imagen, ofreció como recompensa sus fotografías. De diversos tipos y tamaños, según el tipo de mecenas. Desde el «tornillo» de 25 euros hasta los 500 del «enganche». De la impresión numerada al compromiso de incluir en el itinerario cualquier pueblo o verbena que le pidan. El dinero mínimo para lanzarse a la aventura lo reunió en tres horas, a través de la plataforma de micromecenazgo Verkami. Ya se acerca al doble y sigue sumando.

Con el primer objetivo cumplido, Requena empezó a reconstruir con sus manos la vieja caravana. Al comenzar la «salvación» del vehículo, escribió en su bitácora: «Ando con la lengua fuera y las contracturas y las manos llenas de cortes. Mucho me temo que será enorme todo lo que hay que hacer». Aunque el caparazón de la caravana es de los que incitan a la expresión: «¡Ya no se hacen así!», lo cierto es que Requena se encontró con «las cuatro esquinas podridas». «Es un tetris», afirma hoy. «Sólo mantendrá el chasis, la forma, las luces y la fibra». Los secretos del retoque digital y del revelado antiguo poco ayudan en labores de taller mecánico. «La caravana se me cae, se desmiembra», dice y busca ayuda entre sus amistades. Por abajo parece mejor que por arriba. «El chasis está perfecto», pero en cuanto empieza a llover «le entra agua a mares». La burocracia tampoco responde sus dudas. ¿Un vehículo que es también galería de arte cómo se homologa?

Los retos se presentan con cada nuevo ajuste de la casa rondante. Hay que cambiar todas las maderas de la estructura pero antes debe separarla del chasis. «La idea era reconstruirla, pero ahora es como desmontarla. esto es un jaleo», reclama en su blog. «¿Pero cómo narices se aguanta si todas las maderas están podridas?» Una vecina le prestó un aparcamiento techado, otro le cede unos puntales de obra para sostenerla. Prosigue la reconstrucción. Y es solo el comienzo. «La idea loca de ir por la península es también la de fotografiar y hacer libros únicos sobre la España mágica, rural, despoblada. Un trabajo del paisanaje humano que me encuentre», reflexiona Requena. «Busco documentar las sensaciones de lo que es un viaje cercano, lento, humano y español». Cuando llegue el gran calor y su sopor, Juanan Requena seguirá dando vueltas por la península, esa isla quijotesca.