Los niños se pusieron las botas

Los niños no se dieron tregua durante toda la Batalla del Vino Infantil. :: donézar/
Los niños no se dieron tregua durante toda la Batalla del Vino Infantil. :: donézar

Unas dos mil personas participaron en la versión infantil de la Batalla del Vino

Jöel López
JÖEL LÓPEZ

Como si se hubiera pagado un buen dinero, el día volvía a amanecer caluroso, con sol y con alguna nube que, desentendidas se marcharon a lo largo de la mañana a otro sitio en el que no había fiesta.

El cielo preparado y las calles de Haro empezaban a encauzar a cientos de personas que desembocaban en la plaza de la Paz.

Frescos y limpios como una patena, se palpaban la ropa, sonreían y miraban al reloj del Ayuntamiento a la espera de que diese la hora convenida.

Pasaban más de diez minutos de las diez cuando, al son de las charangas, los romeros, acompañados de sus familias, han partido hasta la zona de 'El Ferial'.

Ya estaba en marcha una nueva edición de la Batalla del Vino infantil. Una de las excusas más divertidas que tiene la programación festiva de Haro para que los mayores puedan hacer cosas de niños sin ser recriminados.

La prueba estaba en las caras de los padres, las madres y, sobre todo, los abuelos y abuelas que acompañaban a sus nietos camino de una de sus primeras contiendas con el vino como munición.

La riada blanca llegaba al campo de batalla pasando por debajo del antiguo cauce del Tirón.

Los abuelos hacían cola para conseguir las botas y cargarlas de metralla con mosto rojo. Los comentarios eran todos muy parecidos: «Es uno de los días más bonitos porque es como la batalla de Bilibio pero menos masificada y con los nietos».

Tras la ofrenda al patrón, y unas palabras del prior juvenil de la cofradía de San Felices, dieron comienzo las divertidas hostilidades.

Gafas, pistolas y, sobre todo, las tradicionales botas, han sido las armas con las que todo el mundo, sobre todo los más jóvenes, se han empapado de tradición.

Solos o en grupo, sin táctica o mediante maniobras envolventes, los niños y sus familias se encargaron de no dejar ni un centímetro de tela blanca en los contrincantes de festejo.

Una vez acabada la munición, se ha ofrecido un almuerzo de chocolate y bizcochos. Mojados por fuera y nutridos por dentro, responsables de la cofradía de San Felices, el Regidor Síndico y el concejal de Fiestas, se han encaminado hasta el centro de la ciudad, donde se han desarrollado las tradicionales vueltas.

Según fuentes de la Policía Local, la batalla ha transcurrido con normalidad y solo hubo que atender a una mujer embarazada, que recibió cuidados médicos de manera inmediata.

Y aunque la batalla ya quedaba atrás, aún faltaba una buena porción de diversión. Tras las vueltas, charangas, comitiva y jarreros rodearon la casa del Santo en la plaza de la parroquia de Santo Tomás donde esperaron a los toros de cartón. Carreras llenas de nervios y carcajadas a pleno pulmón sorteando a las reses de mentira.

Así, el objetivo principal de esta fiesta convertida en tradición desde hace 15 años, que no es otro que servir de cantera para que los pequeños jarreros conozcan sus tradiciones, está realmente cumplido.