Entregados a la única divertida de las batallas

Cualquier cosa vale para transportar el vino y mojar a los contrincantes. :: /DONÉZAR
Cualquier cosa vale para transportar el vino y mojar a los contrincantes. :: / DONÉZAR

Unas 12.000 personas, según la Policía Local, toman los Riscos de Bilibio en una contienda perfecta

Jöel López
JÖEL LÓPEZhARO

Unas 12.000 personas han abarrotado los Riscos de Bilibio, según la Policía Local de Haro, en una nueva edición de la Batalla del Vino. Jarreros, visitantes y muchos turistas han disfrutado de este divertido homenaje a San Felices y San Pedro en el último día de las fiestas de Haro.

La Batalla del Vino toma significado en función de lo que ha pasado en ediciones anteriores. Los romeros se divierten y se sitúan comparando sensaciones con respecto al histórico que cada uno tiene en su memoria. Y comparando varios registros, la de ayer fue una batalla para recordar porque todo encajó como un guante.

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El tiempo parecía encargado con antelación. Luminoso, cálido que no caluroso y sin sombra de lluvia.

El escenario perfecto para disfrutar de una fiesta de Interés Turístico Nacional que este año ha superado la afluencia del anterior aunque, según los servicios médicos y policiales, no ha habido ningún percance de gravedad.

Una jornada en la que se cumplieron los tiempos y los capítulos con la puntualidad que marca la tradición y el recuerdo.

Primero, la llegada, la subida a la ermita, la liturgia de la misa, ese pistoletazo de salida con el que, a partir de ahí, la Batalla cobra todo el sentido del mundo.

Y entonces se busca a es e amigo al que se apunta a traición mientras una desconocida se «tropieza» accidentalmente vertiendo un cubo de vino sobre unos pantalones demasiado blancos. Cubo a cubo, bota a bota, más de 70.000 litros de vino remojaron a los participantes, según fuentes municipales.

Y todo con una carcajada, una risa y una complicidad que, como el vino, traspasan camisetas, fronteras, idiomas y relaciones.

Otro de los capítulos que se abre es la pausa para reponer fuerzas. Durante el almuerzo se estrechan viejos lazos o nuevas relaciones.

Se recuerda esa batalla en la que granizó y hubo que refugiarse en la ermita o esa otra en la que tras el primer jarro de vino el frío llegó para no marcharse en toda la mañana.

Tras la batalla, los romeros y las autoridades pusieron rumbo a la plaza de la Paz para realizar las tradicionales Vueltas y terminar en la plaza de toros con una suelta de reses bravas.

El Ayuntamiento se muestra «satisfecho con el desarrollo de esta fiesta tan querida».

Según informan, el dispositivo de seguridad ha funcionado «muy bien». Además, el Consistorio ha informado de que los autobuses que facilitan «han funcionado mejor que nunca, lo que ha permitido que haya menos vehículos, y que por tanto el tránsito haya sido más fluido», según destacan desde el equipo de gobierno.

Además, aseguran que «es un gusto ver cómo los propios jarreros velan porque la Batalla no se desvirtúe pese a la gran cantidad de participantes».

 

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