La Rioja
Mitos en torno al azúcar que hay que desterrar
/ SR. GARCÍA

Mitos en torno al azúcar que hay que desterrar

  • gravamen a las bebibas azucaradas

  • Medias verdades, ideas con truco, afirmaciones obsoletas o directamente falsas se esgrimen en numerosas ocasiones para defender o justificar el consumo de los productos en van a pasar a ser gravados por el Estado.

Hay que comer de todo con moderación

Falso

Esta máxima tenía sentido hace dos generaciones, cuando apenas había 100 alimentos disponibles (prácticamente todos frescos o mínimamente procesados) para configurar la dieta de un individuo normal. Actualmente hay alrededor de 30.000 referencias en los supermercados. Buena parte de estos productos contienen gran cantidad de azúcares refinados, grasas no saludables y/o sal. Si consumiéramos un poco de todo estaríamos tomando muchos pocos de productos perjudiciales en diferente medida.

No hay alimentos buenos o malos

Falso

Cada vez más especialistas suscriben la idea de que el azúcar refinado no puede ser catalogado como alimento, dado que no reúne ni una sola cualidad nutritiva que lo haga recomendable o necesario para el organismo. Los perjuicios que acarrean los productos azucarados han provocado que estos expertos hayan adoptado una actitud mucho más beligerante declarándolos enemigos de la salud pública y desaconsejándolos abiertamente. «Cuanto menos mejor y lo mejor es cero», resume Juan Revenga.

Los refrescos son idóneos para rehidratarse

Falso

Independientemente de su alto contenido en azúcares, los refrescos son hipertónicos (incluso sus versiones light y cero). Esto implica que el organismo tiene que aportar parte de su reserva líquida para hacerlos isotónicos; es decir causan cierta deshidratación. Además llevan ácido fosfórico, un ladrón de calcio que demás de no hacer ningún bien a los huesos deteriora el esmalte dental y perjudica la salud renal.

Todo es malo en exceso

Sí... pero no

Es cierto que hasta el agua consumida en exceso es perjudicial para la salud. Sin embargo, el caso de las bebidas que van a ser gravadas no tiene nada que ver. En primer lugar, y siguiendo con el mismo ejemplo, hace falta una enorme cantidad de agua para que el organismo se resienta, mientras que con una sola unidad de estas bebidas azucaradas ya se supera ampliamente la cantidad diaria recomendada de azúcares y se notan efectos perjudiciales en la glucemia. En definitiva, no existe un umbral por debajo del cual las bebidas azucaradas sean aconsejables o seguras.

Esto es una moda que pasará

Incorrecto

Para los escépticos que piensan que los especialistas unos días dicen una cosa y otro día otra; que lo que ayer era nocivo hoy es saludable o que la guerra al azúcar es una tendencia que pasará de moda como de moda pasaron algunos alimentos estrella, los expertos también tienen respuesta. «El conocimiento científico es dinámico y evoluciona. En todo caso, en nutrición ha habido cambios de 180 grados, pero no de 360. Es decir, ha habido novedades, matices... pero nunca algo que ha sido excelente ha pasado a ser nocivo ni al contrario», especifica Revenga.

«Afortunadamente, la Ciencia avanza y actualmente tenemos datos y conocimiento que no teníamos antes; así que no nos valen las frases hechas. Existen argumentos científicos de sobra suficientemente contrastados para afirmar que concretamente las bebidas azucaradas deben ser reguladas por el bien de la salud de la población», zanja Juana María González Prada.

El organismo necesita azúcar

Sí, pero no de este tipo

Frutas, verduras, hortalizas, cereales, pasta... aportan hidratos de carbono (azúcares) nutricionalmente mucho más valiosos que los de las bebidas y productos con azúcares añadidos. «Igual que no todas las grasas son iguales, hay que hacer una distinción entre los azúcares naturalmente presentes en los alimentos y los que se añaden en gran cantidad a muchos artículos sin ninguna finalidad alimenticia; estos actúan sobre los centros cerebrales responsables de la recompensa y del placer, pero no tienen ningún valor nutritivo. Este azúcar crea adicción y no alimenta», explica César Bustos.

El consumidor es libre y responsable

Falso

Sin una formación adecuada y desconociendo los riesgos que ciertos productos entrañan para su salud, el consumidor no puede hacer un consumo responsable. En este punto, los especialistas se muestran especialmente duros con las autoridades sanitarias y la industria alimentaria. Con las primeras por no integrar la educación nutricional en la etapa escolar y no promover campañas divulgativas independientes. Con la segunda por valerse de todo tipo de artimañas para elaborar publicidad engañosa o encubierta con el fin de trasladar a la población una información errónea sobre sus productos, unas prácticas que además desprestigian a los fabricantes que sí llevan a cabo esfuerzos por ofrecer artículos saludables. «Alguien desinformado o mal informado no puede tomar decisiones realmente libres», concluye Revenga.

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