La Rioja

Los arcos del olvido

No muy lejos del pueblo-barrio del Cortijo, en un paisaje de cerros, viñedos y choperas fluviales surgen como por sorpresa las ruinas del Puente Mantible, toda una aparición para el paseante que no conozca estos pagos tan cercanos al municipio de Logroño como desconocidos para una buena parte de sus habitantes y aun de sus gobernantes. En este vértice del término municipal de Logroño, donde el Ebro traza un pronunciado meandro y hace de divisoria con Álava, todavía se mantienen en pie dos de los siete arcos que conformaban este viaducto fluvial cuyo origen se atribuye a la época romana (siglo II), cuando era un paso clave en las comunicaciones del valle del Ebro. Hay otros estudios que, sin embargo, sitúan su construcción en la Edad Media, un importante eslabón en la ruta que unía Pamplona con Nájera cuando el territorio riojano formaba parte del pujante reino de Navarra. Sea como fuere, los dos arcos que han sobrevivido al devenir de los siglos se yerguen esbeltos y majestuosos sobre el cauce del río, provocando una mezcla de asombro y admiración al visitante, que a poco que sepa de la historia de la ciudad descubrirá que figuran entre los restos arqueológicos más antiguos que se pueden visitar en Logroño, con permiso de los situados en el Monte Cantabria, aunque en parecida situación de desamparo. Pero la importancia histórica y patrimonial del monumento, la incuestionable belleza del paraje y su potencial como recurso turístico son argumentos que no parecen pesar lo suficiente para nuestras administraciones (logroñesa, riojana y alavesa) que siguen sin gastar un euro en la conservación de esta prominente pieza del pasado logroñés que avanza inexorablemente, como llevado por la corriente del Ebro, hacia su desaparición.