La Rioja

«Empezamos a oír gritos, gente desesperada»

Familiares, personal sanitario y de emergencias, anoche en las puertas del hospital soriano.
Familiares, personal sanitario y de emergencias, anoche en las puertas del hospital soriano. / MIGUEL HERREROS
  • Heridos y familiares se reencontraron, en estado de 'shock', en el Hospital Santa Bárbara de Soria

Nadie recordaba exactamente cómo fue, pero todos eran conscientes de la tragedia. También de los momentos duros que vivieron y que tardarán en olvidar. El ruido de cristales rotos, de hierro retorciéndose, el olor a goma quemada perdurarán en la memoria de las víctimas del accidente del autobús que salió a las 15.00 horas de Logroño con dirección a Madrid. Nunca llegó. El impacto contra un camión frigorífico segó la vida de una de las pasajeras y activó el 'código rojo' en los servicios de emergencia del área de Soria.

El Complejo Asistencial de Soria se convirtió en el epicentro de la tragedia. El pequeño aparcamiento, con capacidad para poco más de media docena de equipos de emergencias, se quedó pequeño ante la magnitud del dispositivo: un total de 46 personas fueron trasladadas para valorar su estado. Los móviles no dejaban de sonar. La pregunta más repetida fue una: «¿Era tú autobús?» La respuesta desde Soria era «sí». «Estoy bien, tranquilízate», se le oía repetir reiteradamente a una joven logroñesa. Al otro lado, una madre desesperada que se acababa de enterar de la notica. La hija y una amiga, ambas ilesas, cogían un taxi con dirección a Madrid.

El estado de 'shock' era palpable en alguna de las víctimas. «Ella iba en el lado izquierdo del autobús. En los primeros asientos. Después del impacto miró a la derecha y vio...». El relato es duro incluso para quien no estaba en el autobús, para quien cogió el coche y lo más rápido que pudo se personó en Soria para auxiliar a su sobrina. Lo que vio fue lo que nadie quería ver.

Ayer tres jóvenes peregrinos de Madrid tendrían que haber dormido en Nájera. Estuvieron en San Mateo y llegaron a Navarrete, pero las piernas de uno de ellos dijeron basta. «Cogimos el autobús a las 15 horas», recordaban en el exterior del centro hospitalario, mientras esperaban a los padres de uno de ellos. «No volcó, sólo fue un bandazo. pronto empezamos a escuchar gritos, gente desesperada, hierros retorcidos. El lado derecho del autobús, desde adelante hasta la puerta de atrás, había desaparecido.». Bajaron al asfalto y el escenario no mejoró. «Había gente andando sin saber adónde ir. Había gente tirada en el suelo. Pensábamos que estaban. pero no. La chica que falleció todos lo intuimos.».

En los accesos al centro hospitalario, Guardia Civil, Policía Local, equipos médicos y Bomberos organizaron una especie de cadena de trabajo, en la que todo fluyó a la perfección. Según salían los atendidos eran conducidos a por su equipaje (que los Bomberos guardaban celosamente en sus dependencias) y, posteriormente, un grupo de empleados de Alsa les recibían y les ofrecían un medio de transporte para llegar a su destino o para regresar a sus casas.

La noche fue cayendo en Soria y lentamente, con cuentagotas, el dispositivo se fue diluyendo. Poco a poco, el flujo de heridos que habían recibido el alta se cortó. Pasadas las 23.00 horas nadie más salió del hospital. Dentro quedaron los más graves, esos que luchan para intentar que el ruido de cristales rotos, de hierros retorcidos y el olor a goma quemada no sea el último de sus recuerdos.