Muere Chicho Ibáñez Serrador, el inventor de la televisión en España

Narciso Ibáñez Serrador, el pasado mes de enero en la fiesta de los nomonados a los Premios Goya./
Narciso Ibáñez Serrador, el pasado mes de enero en la fiesta de los nomonados a los Premios Goya.

El padre del 'Un, dos, tres...', fallecido a los 83 años, había sido ingresado de urgencia en un hospital de Madrid a causa de una infección de orina

OSKAR BELATEGUI

Cada final de temporada del 'Un, dos, tres...', Chicho Ibáñez Serrador aparecía, socarrón, junto a un ataúd. Y dejaba la tapa a medio clavar. «Quién sabe, quizá podría volver a despertarse...», musitaba intrigante. Entre otros millones de hazañas, Chicho institucionalizó entre nosotros la figura del 'host' o presentador de una serie, a la manera de Alfred Hitchcock o Rod Serling. Encendía el puro y derrochaba truculenta ironía. En la grisura de la televisión única nos descubrió que el terror podía ser gozoso y divertido. Mantuvo pegado a un país al destino de una calabaza durante 33 años, 22 de ellos ininterrumpidamente.

El realizador televisivo y director de cine ha fallecido este viernes a los 83 años, según ha informado Televisión Española. Una infección de orina había provocado que fuera ingresado de urgencia. La muerte le llega después de recibir en los últimos tiempos el homenaje de una generación de directores que se consideran hijos espirituales del hombre que introdujo el cine de horror en nuestro país: Álex de la Iglesia, Juan Antonio Bayona, Jaume Balagueró, Koldo Serra... El Goya de Honor concedido este año al autor de '¿Quién puede matar a un niño?' rendía pleitesía a un pionero que había abierto la llave de las pesadillas a estos cineastas, al tiempo que inventó el entretenimiento en una televisión donde todo estaba por hacer.

Hijo único de los actores Narciso Ibáñez Menta y Pepita Serrador, Chicho nació en Montevideo en 1935 y se crió entre giras y escenarios. Debido a una enfermedad que padeció de niño se convirtió en un ávido lector de literatura fantástica. Antes de llegar a España en 1963 ya había vivido varias vidas: fue actor, camarero, fotógrafo de prensa, corresponsal de guerra, estraperlista, presentador en un club de El Cairo… En Madrid aterrizó con el aval de sus trabajos en Argentina y revolucionó el medio con ficciones como 'Mañana puede ser verdad' y 'La historia de Saint Michel'. Sus 'Historias para no dormir' causaron insomnio a toda una generación. Y con espacios como 'El último reloj', 'El asfalto' e 'Historias de la frivolidad' puso a prueba de vez en cuando a la censura.

En cine solo dirigió dos películas que hoy son títulos de culto: '¿Quién puede matar a un niño?' y 'La residencia'. Dos cintas de terror rodadas en inglés, anticipándose a lo que hoy es moneda común en nuestros directores más ambiciosos, que tocan temáticas escabrosas: la perturbadora posibilidad de que el mal anide en unos pequeños y la represión sexual en un internado de señoritas. No hizo más cine porque toda su vida se la dedicó a la televisión, aunque después se arrepintiera. «El mayor error de mi vida ha sido dedicarle tantos años al 'Un, dos, tres...', confesaba a este periodista en 1999, cuando recibió el homenaje del Fant bilbaíno.

En 2004, Televisión Española retiró el concurso más famoso de nuestra tele, histórica cantera de humoristas, por considerarlo caro. «Me han dado una patada después de cuarenta años de lealtad», se dolió entonces. Tele 5 lo recuperó para coordinar el ciclo de 'Películas para no dormir'. Y suspendió la serie a los dos capítulos. Ni siquiera se dignó a emitir 'La culpa', la última realización del maestro. Chicho nunca se tomó a sí mismo demasiado en serio y supo que el principal objetivo de un programa es entretener. Después de todo, como solía aleccionar, «la tele es el medio más fácil de que te entren ganas de ir al baño».

La trayectoria del hombre «tímido» que asustó, divirtió e hizo pensar al público fue reconocida con numerosos galardones que en los últimos tiempos recogía en silla de ruedas: el Premio Nacional de Televisión en 2010, el Premio Maestro del Fantástico del Festival Nocturna, el Premio Ondas al Mejor Programa por 'Hablemos de sexo', premios Antena de Oro, Premio Iris, Premio Feroz de Honor y el Goya de Honor. «Yo voy donde oigo aplausos», contó con voz débil a Andreu Buenafuente, cuando apareció en su programa para darle una sorpresa a Juan Antonio Bayona, al que aconsejó «sentir algo de verdad» antes de intentar transmitírselo al gran público.

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